Espectáculos • Entrevista

"Quería contar una historia de amor y pasión"

El director y guionista Hernán Belón habla de "Sangre en la boca", que narra la historia de un boxeador al borde del retiro envuelto en un tórrido romance con una compañera de gimnasio. Estrenado en la Argentina el año pasado, el film ya está disponible en Netflix.

M. Duek y K. Fiszman // Martes 28 de marzo de 2017 | 17:06

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Leonardo Sbaraglia y Eva de Dominici en acción.

Ramón Alvia (Leonardo Sbaraglia) es un boxeador profesional que está cerca del final de su carrera. Su esposa y sus hijos pretenden que se retire y se dedique a otra actividad. Él se resiste, piensa que es joven y que puede seguir. En el gimnasio, Ramón descubre a Déborah (Eva de Dominici), una bella y joven boxeadora. Seducido por la fuerza salvaje de la mujer, siente que junto a ella recupera todo su vigor y decide abandonar a su familia y enfrentarse con su mánager, entregándose a una relación pasional en la que el placer y el dolor estarán íntimamente unidos y la violencia aumentará en cada round.

 

-La película se filmó en muy pocas semanas. ¿La postproducción fue muy compleja?

-La película se filmó en cinco semanas ya que los presupuestos son cada vez más acotados. El elenco fue muy profesional pero tenía otros proyectos, así que tuvimos que acortar los plazos. Varias escenas las resolví de manera más sencilla de lo que pensaba. Las que más postproducción tuvieron son las de las peleas: las del inicio y el final, que se rodaron en la Federación de Boxeo en tres días. La del medio la filmamos en Roma, ya que el film es una co-producción con Italia. Al ser montajista estuve tranquilo porque sabía cómo se podía armar el rodaje, aunque no fue fácil.

 

"Sangre en la boca" es el segundo largo de ficción de Belón (Foto: Facebook) 

 

-Además ganaron un premio que les facilitó el tema del sonido, ¿no?

-Ganamos un premio en Ventana Sur para hacer la postproducción de sonido, sí. Pude trabajar con José Luis Díaz, que es un director de sonido al que admiro mucho. La expresividad del sonido en la película es de gran calidad.

 

-La película rompe con varios tópicos habituales en las historias de boxeo. ¿Cuál fue el motivo de esa decisión?

-Se juntaron dos factores: por un lado me gustan mucho las películas de boxeo porque me parece que son muy cinematográficas y expresivas, y además quería contar una historia de amor y pasión. En un relato como éste, el cuerpo ocupa un rol fundamental, y me parecía bueno usar eso a favor de la trama. No es una película estrictamente de boxeo, es una especie de melodrama. Me gusta tomar un género y, de alguna manera, traicionarlo en medio del film. 

 

-¿Cuál era el objetivo al plantear la contraposición amor-odio entre los personajes?
-La verdad es que no pensaba en una relación amor-odio sino en una más pasional y conectada un poco con la muerte, como toda relación extrema. Quería hacer algo expresivo sobre el sexo, darle una poética. Creo que el cine argentino es un poco pacato en ese sentido; estaba bueno salir de eso y mostrar al espectador algo diferente, incluyendo varias escenas de sexo.

 

 

-Algunas críticas pusieron el ojo precisamente en la cantidad de escenas de sexo. ¿Te molesta eso?

-Es cierto, pero en general las críticas fueron muy buenas y destacaron mucho el trabajo de Leo y Eva, que es una joven con una carrera brillante y un gran futuro. Hay gente a la que la película le gusta y otra que dice que es un asco, pero la esencia del film no cambia. Creo que siempre que se vea sexo, nunca es demasiado.

 

-"Sangre en la boca" es tu segunda colaboración con Leonardo Sbaraglia después de "El campo". ¿Por qué lo elegiste?

-A Leonardo lo conocí en la escuela de teatro de Augusto Fernández y desde entonces nos llevamos muy bien. Me gusta mucho como trabaja, sus búsquedas de personajes. A él le gusta hacer cosas diferentes, y el personaje de boxeador le encantó. Estuvo entrenando cinco meses antes de empezar el rodaje: primero fue cambiando su cuerpo para parecerse a un boxeador, después practicó las técnicas y por último ensayó las coreografías para las peleas arriba del ring.

 

-¿Le hubieses agregado escenas para que el final no se desarrollara tan rápido?

-La verdad es que sí. No suelo decir esto porque la película ya está hecha, pero tuve que simplificar mucho el rodaje por una cuestión de producción, por lo que hay muchas escenas del último acto que no se pudieron hacer. Podría haber durado diez minutos más, aunque igual estoy muy contento con el resultado. Una película de estas características, hecha sin apoyo de ningún canal de televisión ni de una productora grande, tiene ciertas limitaciones, pero a pesar de eso nos fue bastante bien.

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