Espectáculos • El sábado se presentó en el Hipódromo

El Indio puso al Palo Gualeguaychú

Más de 170 mil personas se movilizaron de diversos puntos del país hacia Entre Ríos para compartir un nuevo show del ex líder de los Redonditos de Ricota. "Todo un Palo", "Nene nena" y "Ji Ji Ji", algunos de los hits de la noche.

Noelia Balderrama @noebalderrama // Miércoles 16 de abril de 2014 | 20:09

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El mar de público en un hipódromo que hizo un barrial por la tormenta del viernes. (Fotos: Télam)

Pasadas las 22.15 del sábado, las luces se apagaron y los primeros acordes de "Nike es la cultura" sonaron para dar inicio al show del Indio Solari. Más de 170 mil almas llegaron ávidas de rock and roll ricotero desde diversos puntos de la Argentina y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado empezaron con el primer tema de la lista.

 

Banderas en tu corazón
El Indio Solari reafirmó que es el artista más convocante del país. Más de 170 mil personas se movilizaron de todas partes de Argentina hasta Gualeguaychú, Entre Ríos, para vivir una nueva misa ricotera.
Antes de que el sol terminara de caer empezó la peregrinación al Hipódromo de Gualeguaychú, aún no se definió si fueron 170, 200 mil o más las personas las que asistieron al show y tuvieron que hacer el mismo recorrido, de lejos se veía como una masa moviéndose, a paso lento, todos muy juntos, casi apretados, así fue el recorrido por casi 20 cuadras hasta llegar al lugar del show. El control siempre presente pero cada vez menos exigente pedía solamente mostrar la entrada pero muchos pasaban corriendo.
Las luces se apagaron pasadas las 22.15 y los primeros acordes de “Nike es la cultura” sonaron para dar inicio al show que se dividió en tres partes, donde el Indio mezcló temas de sus discos solista y los clásicos de Patricio Rey y sus redonditos de ricota, “Chau mohicano” secundó la lista y fue el primero de los temas de su último disco “Pajaritos bravo muchachitos” que presentó en vivo.
El público todavía se estaba acomodando en ese campo que no era tierra sino barro y tenía varias lagunas repartidas por esos 600 metros de largo que tiene el Hipódromo, cuando el Indio dijo “Somos cada vez más” y sonó la introducción de “Fusilados por la cruz roja”, para continuar con “Me matan limón” y “Unos pocos peligros sensatos”. El público estaba extasiado, el barro ya no era el protagonista de las quejas porque todos disfrutaban y se habían olvidado hasta del frío y el viento que cubrieron la noche entrerriana.
Varios temas de sus primeros discos fueron los elegidos para continuar el show hasta que “Caña seca y un membrillo” y “El infierno está encantador” volvieron a subir la temperatura del lugar al máximo. El Indio recorrió algunos temas de su discografía solista  hasta que le dio la bienvenida a la primer invitada de la noche, la costarricense Deborah Dixon para cantar “Blues de la Libertad”, ex integrante de Las Blacanblus, pero esa no sería la única sorpresa de la noche.
Solari volvió al escenario y sin mucho preámbulo presentó a sus viejos amigos, Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti y los invitó al escenario. Sin dudas, el clímax del show, la última formación de los Redondos estuvo casi completa para tocar “La Pajarita Pechiblanca” del último disco del Indio, el clásico ricotero “Ya nadie va a escuchar tu remera” y el inédito que hizo delirar al público, “Nene nena”.
Solari, a pesar de sus 65 años, se movió por todo el escenario, saltó, bailó y se mostró contento por el reencuentro en el escenario con sus ex compañeros. También entre algunos temas aconsejó a sus seguidores a hacerse el análisis del HIV, opinó sobre el paro del pasado 10 de abril, recordó a las abuelas de Gualeguaychú y la importancia de la memoria, “el único paraíso de donde no nos pueden expulsar”.
El viento frío complicaba el sonido y al público que después de casi dos horas de show ya estaba embarrado hasta las rodillas, las carpas sanitarias trabajaron sin parar entregando frazadas para quienes tenían la temperatura baja del cuerpo y dejando en observación a quienes, bajo algunos excesos, caían en las lagunas de barro y eran llevados por sus amigos hasta allí.
“Todo un palo” fue el tema más agitado del show, desde la gente que estaba en la baya hasta los que estaban cerca de la salida corearon y demostraron que el sentimiento vale la pena el sacrificio del viaje, el frío, la entrada y el barro. “Ji Ji Ji” cerró la misa, como cada vez que el Indio se presenta y esta vez fue en compañía de sus tres ex compañeros que volvieron al escenario para darle el broche de oro a la fiesta que Solari llevó a cabo en Gualeguaychú.

La peregrinación al Hipódromo de Gualeguaychú había comenzado antes de que que el sol terminara de caer: una masa moviéndose, a paso lento, todos apretados, en un recorrido de casi 20 cuadras hasta llegar al lugar del recital. El control, siempre presente pero cada vez menos estricto, exigía mostrar la entrada pero muchos pasaban corriendo.

 

El show se dividió en tres partes, en las que el Indio combinó temas de sus discos solista y los clásicos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. “Chau mohicano” secundó la lista y fue el primero de los temas de su último disco, Pajaritos, Bravos Muchachitos”, que presentó en vivo oficialmente.

 

El público todavía se estaba acomodando en ese campo que no era de tierra sino de barro y tenía varias lagunas repartidas en los 600 metros de largo, cuando el Indio dijo “Somos cada vez más” y sonó la introducción de “Fusilados por la cruz roja”, para continuar con “Me matan limón” y “Unos pocos peligros sensatos”. El público estaba extasiado, el barro ya no era el protagonista de las quejas porque todos disfrutaban y se habían olvidado hasta del frío y el viento que azotaban la noche entrerriana.

 

Varios temas de sus primeros discos fueron los elegidos para continuar el show hasta que “Caña seca y un membrillo” y “El infierno está encantador” volvieron a subir el termómetro al máximo. El Indio recorrió algunos temas de su discografía solista hasta que le dio la bienvenida a la primera invitada de la noche, la costarricense Deborah Dixon, ex integrante de Las Blacanblús, para cantar “Blues de la Libertad”. Pero esa no sería la única sorpresa de la noche...

 

Solari volvió al escenario y sin mucho preámbulo presentó a sus viejos amigos: Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti subieron al escenario y no pudieron ocultar la felicidad que les causaba volver a sentir esa adrenalina. Sin dudas, fue el clímax del show. La última formación de los Redondos estuvo casi completa para tocar “La Pajarita Pechiblanca” del último disco del Indio, el clásico ricotero “Ya nadie va a escuchar tu remera” y el inédito que hizo delirar al público: “Nene nena”. Claro, el único gran ausente era Skay Beilinson, exguitarrista de la banda, enemistado con el cantante.

 

Solari, de 65 años, se movió por todo el escenario, saltó, bailó y se mostró contento por el reencuentro con sus excompañeros. También entre algunos temas aconsejó a sus seguidores a hacerse la prueba del HIV, recordó a las Abuelas de Gualeguaychú y la importancia de la memoria, “el único paraíso de donde no nos pueden expulsar”.

 

El viento frío complicaba el sonido y al público, que después de casi dos horas ya estaba embarrado hasta las rodillas. Las carpas sanitarias trabajaron sin parar entregando frazadas a quienes las necesitaban y dejando en observación a los que sufrieron las secuelas de caerse en las lagunas de barro.

 

“Todo un palo” fue tal vez la frutilla del show. Desde la gente que estaba en la valla hasta los que estaban cerca de la salida corearon y demostraron que por el sentimiento vale la pena el sacrificio del viaje, el frío, el precio de la entrada ($350) y volverse tapados de barro. “Ji Ji Ji” cerró la misa, como cada vez que el Indio se presenta, y esta vez fue en compañía de Semilla, Dawi y Sidotti, que volvieron al escenario para ponerle el broche de oro a la fiesta.

 

"ANDATE A TOCAR A LA LUNA, LA LUNA LA VAMO' A COPAR"

Con reservas en hoteles agotadas al poco tiempo que se anunció el primer show del Indio, hostels improvisados, aulas de una escuela alquiladas para los ricoteros que llegaron de lejos, micros que viajaron desde todas partes del país y filas de autos que quedaron fuera de la ciudad, el público ricotero volvió a desplegar su fanatismo, esta vez en Entre Ríos.

 

 

El paisaje fue el mismo de siempre, el mismo que se vive cada vez que el exlíder de los Redonditos de Ricota se presenta: lugareños abriendo los garajes de sus casas ofreciendo choripanes, cerveza, fernet y hamburguesas, el sonido de diferentes acentos del país -incluso uruguayos y chilenos-, algún que otro bar abierto en alguna esquina con clásicos de la banda sonando y gente saltando, cantando con banderas y viviendo la previa.

 

En las cercanías del hipódromo, el panorama era similar: aroma a carne asada y choripán, una manta al lado de la otra vendiendo remeras con la fecha, fanáticos distribuidos en cada rincón verde del lugar con banderas, tomando mate, fernet o vino, familias y grupos de amigos de todas las edades, una banda tributo en vivo que tocó durante cuatro horas, tatuajes, pogo, gritos y el calor, ese calor intenso que se sintió cerca cada vez que sonaba un clásico como "Mariposa Pontiac". Una vez más, el rock and roll del país hizo tronar las almas de cientos de miles que esperan la fecha de la próxima misa.

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