Especiales • Rodolfo Walsh - 40 años

El caso Walsh en el laberinto de la megacausa ESMA

En 2011 fueron condenados los responsables por el asesinato y desaparición del escritor, pero nunca se pudo esclarecer el destino de sus restos. 

J. Arce; N Barrionuevo; C.Maldonado; G. Riera // Miércoles 22 de febrero de 2017 | 09:20

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La entrada de la ex-Esma recuerda a algunos de los miles asesinados en el centro clandestino de detención. (Foto: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos)

La megacausa ESMA agrupa cientos de crímenes de lesa humanidad cometidos por los grupos de tareas que funcionaron en la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura. El denominado “Testimonio C” comprende la tercera etapa de la causa que, debido a su enorme expediente, se decidió abordar de manera fragmentada. Este investiga la desaparición forzada y el asesinato de Rodolfo Walsh.

 

El 25 de marzo de 1977 el Grupo de Tareas 3.3.2 secuestró a Walsh, quien, con 50 años, era una importante presa para los militares por el trabajo de denuncia que realizaba como periodista y por su participación en la organización Montoneros.

 

Del operativo que lo secuestró ese día en el cruce de las avenidas porteñas San Juan y Entre Ríos participaron más de 25 uniformados. Según dijeron los testigos, Walsh fue trasladado al centro clandestino que funcionaba en la ESMA y desde entonces se desconoce su paradero. El paso del escritor por la ESMA se reconstruyó a partir de las declaraciones que aportaron a la causa los sobrevivientes de ese centro clandestino de detención, amigos y familiares del escritor y los propios represores. 

 

A partir de estos testimonios quedaron imputados diecinueve represores que en su mayoría formaron parte del Grupo de Tareas 3.3.2. Entre ellos figuran Jorge El Tigre Acosta, Alfredo Astiz, Juan Carlos Rolón, Jorge Carlos Radice , Pablo García Velazco, Julio César Coronel, Ricardo Miguel Cavallo, Juan Carlos Fotea, Ernesto Weber, el prefecto Gonzalo Sánchez y Antonio Pernía.

 

Uno de los testimonios que más relevancia tuvo durante el juicio fue el de Miguel Ángel Lauletta, exmilitante de Montoneros que fue utilizado por los militares para identificar a sus compañeros. Lauletta fue obligado a participar del operativo del secuestro de Walsh junto con otros dos detenidos, Oscar Paz y José María Salgado. Estos tres hombres circularon en los autos de los militares durante todo el recorrido hasta el encuentro con el periodista y fueron testigos del momento en que Walsh fue acribillado. Gracias a estas declaraciones, fue posible identificar a quienes formaron parte del operativo y la Justicia pudo constatar que Walsh no tuvo oportunidad de devolver el fuego.

 

En 1977, luego de la desaparición del periodista, su hija Patricia Walsh y su esposa, Lilia Ferreyra, presentaron dos hábeas corpus pero fueron rechazados.

 

En 1984, Patricia y su marido, Jorge Pinedo, prestaron declaración ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y sus testimonios fueron integrados a la causa. Los hechos de los que Rodolfo Walsh fue víctima fueron parte de la nómina de los casos juzgados en la Causa 13/84, pero la Cámara Federal decidió no darlos por probados ya que, a su entender, faltaban pruebas.

 

 

 

Durante la presidencia de Néstor Kirchner, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final fueron derogadas y se reabrió la causa. Finalmente el 26 de octubre de 2005 se detuvo a doce represores que estaban relacionados con el secuestro y desaparición del autor de Operación Masacre. Los arrestados ese año fueron Enrique Yon, Juan Carlos Rolón, Julio César Coronel, miembro del Ejército Argentino; Roberto Oscar González, Ernesto Frimon Weber, Pedro Osvaldo Salvia, Juan Carlos Fotea, Juan Carlos Linarez, los ex agentes del Servicio Penitenciario Federal Gonzalo Sánchez, Roberto Naya y Carlos Orlando Generoso y el exprefecto Héctor Antonio Febres, que ya estaba detenido por otras causas. En este caso, el juez ordenó que se inscriba esta nueva orden a su disposición. Además se reiteraron las órdenes de captura internacional del marino Jorge Vildoza, prófugo de la Justicia.

 

En 2007, el juez federal a cargo de la causa, Sergio Torres, ratificó la elevación a juicio oral y público de la causa por el secuestro y desaparición de Walsh, ya que el homicidio no se podía comprobar, pero, además, decidió ingresar a la causa los hechos de “apropiación en forma ilegítima” de sus bienes, como el cuento “Juan se iba por el río” y otras piezas inéditas -Patricia Walsh en una audiencia del juicio les reclamó en la cara a los represores que le devolvieran la obra de su padre-, además de un auto de su suegro y las demás pertenencias que tenía en su casa de San Vicente.

 

El 26 de octubre de 2011 se condenó ante familiares y víctimas a los acusados de cometer secuestros, asesinatos, robos en esta época oscura de la historia argentina. En el veredicto dictado por El Tribunal Oral 5° quedó probado que Rodolfo Walsh fue asesinado por el Grupo de Tareas 3.3.2. En el juicio declararon Lilia Ferreyra, Patricia Walsh, Jorge Pinedo; sus vecinos, conocidos y sobrevivientes de la ESMA, que escucharon hablar de él o lo vieron (malherido o muerto) en el centro clandestino y hasta los propios represores.

 

Jorge Eduardo Acosta, Antonio Pernía, Alfredo Astiz, Jorge Carlos Radice, Ricardo Miguel Cavallo, Ernesto Frimon Weber y Juan Carlos Fotea fueron condenados por el delito de homicidio doblemente calificado, cometido con alevosía y por el robo doblemente agravado con armas en lugar poblado y en banda de los bienes del escritor.

 

Si bien se pudo conocer gran parte de la verdad sobre el periodista, escritor y militante Rodolfo Walsh, en el juicio quedó abierta la duda sobre el paradero de sus restos. Según varios testigos, el cuerpo fue incinerado en el campo de deportes de la ESMA. Patricia Walsh pidió que se hiciera un peritaje en el lugar para encontrar los restos, pero no se pudo determinar la versión. 

 

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