Especiales • EL VOTO FEMENINO CUMPLE 65 AÑOS

América Latina: las mujeres a las urnas

El derecho al sufragio femenino fue consagrado en los países de la región entre 1927 y 1965. Algunas lograron sufragar antes de que la legislación fuera aprobada. Actualmente, ninguna nación de la región admite restricciones de género al ejercicio electoral.

D. González, M. García Cuerva, L. Picotto y R. Pirillo // Miércoles 02 de noviembre de 2016 | 17:59

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En 1927, Uruguay se convirtió en el primer país latinoamericano en el que votaron las mujeres. Paraguay, el último, en 1961.

Los países de América Latina, desde México hasta la Argentina, están unidos por algo más que el territorio y el idioma. La resistencia al colonialismo, la opresión imperialista y los garrotes económicos son solo algunos de los lazos que terminan por hermanar a las naciones de la región. La lucha por el derecho al voto femenino es otra coincidencia que amalgama a la Patria Grande. Pero, ¿cuál fue el primer país que logró el avance? ¿Y el último? ¿Quiénes fueron las valientes que sostuvieron el reclamo frente a una discriminación que databa desde tiempos inmemoriales?

 

El 3 de julio de 1927 se ejerció por primera vez el sufragio femenino en América Latina. Sucedió en Uruguay cuando, mediante un plebiscito, se decidía de qué departamento iba a pasar a formar parte la localidad oriental de Cerro Chato, ubicada en el centro del país. La participación ascendió al 94 por ciento de las personas inscriptas y la primera mujer en hacer uso efectivo del derecho fue Rita Ribera, una inmigrante brasileña de 90 años. La abanderada uruguaya de esta lucha fue la médica y activista Paulina Luisi.

 

Dos años más tarde, otros dos países garantizaron el derecho al voto a las mujeres, aunque sólo parcialmente. En 1929, en Puerto Rico se aprobó el derecho para las mujeres que estuvieran alfabetizadas, y no se extendió al resto de las ciudadanas sino hasta 1935. En el mismo año, en Ecuador, las mujeres podrían votar sólo si demostraban tener las “facultades” necesarias para hacerlo. Esta restricción perduró hasta 1967. Matilde Hidalgo de Porcel, la primera mujer ecuatoriana en obtener un doctorado en Medicina, supo sortear las prohibiciones impuestas por la sociedad patriarcal-machista y, sirviéndose de los vacíos legales de la Constitución, depositó su voto el 10 de mayo de 1924.

 

Durante la presidencia de Getúlio Vargas, en 1932, se aprobó en Brasil el voto femenino, pero solamente para las mujeres casadas, quienes necesitaban, además, la autorización de sus maridos para emitir el sufragio. Esta limitación duró hasta 1934. En el país más extenso de América Latina hubo un precedente regional, ya que en 1928 el estado de Rio Grande del Norte estableció que no habría distinción de sexo para el ejercicio del sufragio. Celina Guimarães Viana fue la primera en ejercer este derecho el 5 de abril de aquel año. Este precedente fue de gran importancia para la posterior conquista nacional.

 

En El Salvador, las mujeres fueron beneficiadas con el derecho al voto en 1939. Prudencia Ayala, de origen indígena, intentó postularse a la presidencia del país en tiempos en que el voto femenino aún no había sido reconocido. Los salvadoreños la recuerdan como una de las más aguerridas defensoras de las mujeres.

 

Los demás países de América Latina hicieron justicia al conceder el voto femenino en los siguientes años: Cuba en 1934, República Dominicana (1942), Guatemala y Panamá (1945), Argentina y Venezuela (1947), Chile y Costa Rica (1949), Haití (1950), Bolivia (1952), México (1953), Honduras, Nicaragua y Perú (1955), Colombia (1957) y Paraguay (1961).

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