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El secuestro del avión: una jugada de película

La operación encabezada por el militante Dardo Cabo en 1966 fue el puntapié inicial para reavivar la gran causa nacional del reclamo de soberanía argentina de las Islas Malvinas.

J. Casasnovas, B. Rojas, M. Natali, A. Rodríguez, M. Bulos y A. Rodríguez Marín // Jueves 22 de septiembre de 2016 | 14:44

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El plan original era tomar la casa del gobernador Sir Cosmo Dugal Patrick Thomas Haskard, pero las condiciones climáticas complicaron las cosas y precipitaron el fracaso del operativo.

Era una mañana nublada de septiembre. Un avión de Aerolíneas Argentinas de vuelo comercial, que trasladaba a 35 pasajeros, se dirigía a Río Gallegos. Lo que muchos desconocían era que entre los pasajeros había 18 jóvenes de incógnito que promediaban los 22 años y eran los miembros de lo que denominaron “Operativo Cóndor”.

 

Cerca de las 6 de la mañana, Dardo Cabo -25 años, periodista del diario Crónica, afiliado a la Unión Obrera Metalúrgica y jefe del comando- y Alejandro Giovenco -21 años, estudiante y subjefe- entraron a la cabina del piloto y lo obligaron a cambiar el rumbo hacia la ruta  “uno-cero-cinco”, que llevaba a las Islas Malvinas. El resto de los “cóndores” quedaron a cargo de la tripulación y los pasajeros.  

 

Juan Carlos Onganía, general y por entonces presidente del país en lo que autodenominó “Revolución Argentina”, golpe de Estado que derrocó al presidente Arturo Illia en 1966, ignoraba lo que estaba ocurriendo en el sur argentino. El dictador estaba abocado a la visita del marido de Isabel II de Inglaterra, el príncipe Felipe de Edimburgo, con quien jugaría un partido de polo, por lo cual la elección del día para la recuperación de las islas no había sido al azar.

 

Mientras tanto, en Puerto Stanley, el avión aterrizaba en una pista de carreras de caballos, debido a que el lugar carecía de pista de aterrizaje. Los “cóndores” rebautizaron el lugar como “Puerto Rivero” -en honor al gaucho entrerriano Antonio Rivero, que resistió la invasión británica de 1833-, izaron siete banderas argentinas y tomaron como prisioneros a algunos habitantes del lugar.

 

El plan original era tomar la casa del gobernador Sir Cosmo Dugal Patrick Thomas Haskard, que en ese momento no estaba en las islas, ocupar el centro cívico y confiscar el arsenal británico. Pero como consecuencia de las constantes lluvias, el avión se encajó y los integrantes del Comando Cóndor quedaron muy lejos de la casa de Haskard, por lo que debieron permanecer atrincherados en la aeronave. Además, la zona fue rodeada inmediatamente por las Fuerzas de Autodefensa de las islas y kelpers armados.

 

Rápidamente comenzaron las negociaciones con las autoridades inglesas de Malvinas. El sacerdote católico de la isla, Rodolfo Roel, actuó como mediador. Lo primero que se decidió fue alojar a los pasajeros, entre ellos al director del diario Crónica, Héctor Ricardo García, quien se había enterado del operativo y viajó para documentarlo, en casas particulares de kelpers. “Nosotros debíamos liberar a los rehenes y deponer las armas y ellos nos darían asilo en la iglesia local”, explicó Fernando Aguirre, participante del operativo, en una entrevista de la época al diario La Nación.

 

Ese mismo día, Roel accedió a celebrar una misa en castellano en el avión. Luego, los jóvenes cantaron el himno argentino. Al día siguiente, entregaron las armas al piloto Fernández García y entonaron nuevamente el himno frente a una de las banderas.  Al finalizar la ceremonia, fueron detenidos por las Fuerzas de Defensa británicas y llevados a la parroquia, donde permanecieron por 48 horas.

 

El sábado al mediodía, los 18 jóvenes, la tripulación y los pasajeros fueron trasladados por el buque Bahía Buen Suceso a territorio argentino, donde llegaron el lunes a la madrugada y fueron detenidos inmediatamente. La noticia fue reflejada en los medios argentinos y británicos con gran despliegue.

 

 

Los 18 jóvenes permanecieron presos nueve meses en Río Gallegos y el 22 de noviembre de 1966 fueron sometidos a juicio en Bahía Blanca, acusados por “tenencia de armas de guerra”, “privación de la libertad”, “intimidación pública” y “asociación ilícita”, todos delitos que comprometen la dignidad y la paz de la Nación, y “robo calificado en despoblado y piratería”.

 

Luego de nueve meses de prisión en distintas cárceles, 15 de los detenidos fueron liberados, mientras que Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez permanecieron presos durante tres años debido a sus antecedentes.

 

Tras ser liberados, cada uno de los “cóndores” retomó su camino. María Cristina Verrier y Dardo Cabo, que se habían casado en la cárcel, tuvieron una hija. Él, que luego se sumaría a Montoneros, desapareció el 17 de abril de 1975 y fue asesinado en enero de 1977. Su esposa, en cambio, abandonó toda actividad política.

 

Del resto del grupo, algunos siguieron militando en la Juventud Peronista durante los ‘70 y otros optaron por el bajo perfil. Lo cierto es que esta audaz acción constituyó la primera gesta patriótica del siglo XX que reivindicó los derechos soberanos argentinos sobre las Islas Malvinas. “Lo nuestro fue más lírico que lo de los pibes de 1982; fuimos por convicción nacional”, comparó Pedro Tito Bernardini, uno de los 17 participantes del Operativo, al diario Página 12, en 2006, en ocasión del 40 aniversario.

 

Dieciséis años después de aquella gesta, a las 6.30 del viernes 2 de abril, un operativo conjunto de las tres fuerzas armadas enviado por el presidente de facto Leopoldo Galtieri desembarcó en Puerto Stanley, al que rebautizaron Puerto Argentino. Ese día comenzó la Guerra de Malvinas.

  

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