Especiales • A 60 AÑOS DEL 4º TÍTULO MUNDIAL DE FANGIO

El Chueco y Ferrari, una relación complicada

La unión de estas dos figuras de la F1 duró sólo un año por una serie de fallas mecánicas que afectaron al argentino y por sus diferencias con el Commendatore sobre la organización del equipo.

L. Pedernera, C. Aguilar y C. Dianez // Martes 23 de agosto de 2016 | 15:03

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Pese a las sonrisas, la relación entre Fangio y Ferradi durnate 1956 no fue la mejor (foto: f1-photo.com).

En 1956 Juan Manuel Fangio, ganador ya de tres campeonatos mundiales de Fórmula 1 y que ese año se consagraría una vez más, tuvo como jefe a una de las leyendas más grandes de la Máxima: Enzo Ferrari. Y la relación entre ambos no fue fácil.

 

Una circunstancia que complicó la relación de Fangio con Ferrari fue la modalidad de la escudería que exigía que los mecánicos trabajasen en todas los autos del equipo”, cuenta Mauricio Parra, responsable del archivo del Museo Fangio, y agrega que el argentino “no tenía asignado ningún mecánico para su máquina, como venía acostumbrado desde Mercedes Benz, y entendía que así era imposible encontrar responsables ante los problemas”.

 

El Commendatore siempre pensó que los pilotos no ganaban carreras, sino que lo hacían sus coches. Tenía una forma muy personal de dirigir su equipo y el Chueco le cambió el esquema. De ahí la brecha que surgió entre ambos. Lo que sumado al deseo de Fangio de dejar la escudería a mitad de temporada constituyó una fisura muy profunda, aumentada años más tarde por supuestas declaraciones del balcarceño en un libro de Manuel Giambertone, su mánager esa temporada. “Tampoco hay que olvidar que Enzo Ferrari atravesó ese año un mal momento por la muerte de su joven hijo Dino”, recuerda Parra.

 

Fangio comenzó el torneo de 1956 con una victoria en Argentina, aunque conduciendo la Ferrari de Luigi Musso, tras abandonar con la propia por inconvenientes en la bomba de nafta. En Mónaco tuvo que ingresar a boxes dos veces y terminó manejando el auto de su compañero Peter Collins. En Bélgica se le engranó el diferencial cuando iba en punta y eso hizo que abandonara. En Francia tuvo una pérdida de combustible y quedó cuarto. Y en la última fecha en Italia sufrió fallas en la dirección que lo obligaron a detenerse en boxes, llegando finalmente a la meta con el auto de Collins.

 

Como ya se señaló, el libro de Giambertone tampoco ayudó a mejorar la relación entre el astro argentino y su célebre jefe italiano, ya que en allí había supuestas declaraciones de Fangio que señalaban las fallas mecánicas y problemas de organización que lo perjudicaron. Hasta se hablaba de un boicot en la primera parte del torneo. “No intervine en el libro, pero al leerlo me di cuenta de la intencionalidad de lo allí escrito y la mención de dichos míos no ciertos”, afirmó el balcarceño con respecto al libro.

 

Pese a la obtención del título en Monza, todo terminó con Fangio yéndose de Ferrari a Maserati en 1957, cuando logró su quinto y último campeonato mundial. Una década después, en una reunión de pilotos veteranos de F1, Fangio se reencontró con Ferrari, quien lo invitó a almorzar en Maranello, la sede del equipo. Allí hablaron de todo, menos de aquellas situaciones enojosas.

 

Años más tarde, consultado sobre Fangio, el Commendatore señaló: “Como hombre, Fangio ha permanecido indescifrable para mí, pero poseía una visión de las carreras decididamente superior, y un equilibrio, una inteligencia combativa culminante y una seguridad en la conducta de carreras verdaderamente singulares. Creo que difícilmente podremos volver a tener un as capaz de tan astuta continuidad en el éxito”. A modo de conclusión, Parra, del Museo Fangio, dice: “Fangio y Ferrari fueron dos grandes del automovilismo mundial. Cada uno en lo suyo. De allí, a lo mejor, las diferencias en el marco de una mutua admiración”.

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