Especiales • LA NEGATIVA A UN CARGO PÚBLICO

Una experiencia peronista

El presidente honorario de la Fundación Puntana Eva Perón, Oraldo Britos, fue una de las millones de personas que acudieron al Cabildo Abierto del Justicialismo para pedirle a Evita que fuera la candidata a vicepresidenta de Perón. Con 18 años era delegado gremial y viajó por diez días en bicicleta de San Luis a Buenos Aires.

1º B TT // Miércoles 17 de agosto de 2016 | 19:27

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Eva Perón, la mujer que millones de argentinos querían como vicepresidenta. (Foto: Diario El Tribuno)

“El peronismo es un sentimiento, una pasión”, sentencia Oraldo Britos, actual presidente honorario de la Fundación Puntana Eva Perón que, a los 18 años, como delegado Madera en la ciudad de Villa Mercedes, San Luis, y con el aval de la delegación puntana de la Confederación General del Trabajo (CGT), fue uno de los que, el 22 de agosto de 1951, le pidió a la entonces primera dama, Eva Duarte, que aceptara ser la candidata a vicepresidenta de la fórmula presidencial que encabezaba su marido, Juan Domingo Perón.

 

En 1947, ya iniciada la primera presidencia de Perón, Britos, que tenía 14 años y trabajaba en una viña en el pueblo mendocino de Palmira, le mandó, previo consentimiento de su madre, una carta a la entonces primera dama para pedirle empleo en Villa Mercedes, donde él había nacido y aún vivía uno de sus abuelos. Eva, que le respondió “rápido” le dio trabajo como mensajero en el correo postal de la ciudad puntana. Ahí mismo, cuando la Fundación Eva Perón comenzó la construcción de un hogar-escuela y un hospital, Britos decidió trabajar en las obras.

 

En 1951, con 18 años y como delegado Madera, supo que había “una gran movilización” de la CGT en la ciudad de Buenos Aires para que Evita fuera la candidata a vicepresidenta de la Nación. Con la aprobación de la delegación de la CGT en Villa Mercedes, Britos y sus compañeros Enrique Basconcello, Orlando Aguilar y Amalio Gómez llegaron a la Capital Federal, luego de viajar, en bicicleta, durante diez días.

 

“Llenos de ilusión”, arribaron a la sede central de la CGT, conducida por José Espejo, donde los recibieron cuatro compañeros, que les gestionaron una audiencia con Eva Perón, previa al 22 de agosto, en Perú 130, donde hoy funciona la Legislatura porteña. Además les consiguieron un conventillo donde vivir y los pasajes de vuelta en tren.

 

“Cuando fuimos a la audiencia, había un mundo de gente en las calles y avenidas aledañas, personas de casi todo el país. Es decir, no éramos los únicos. En la 9 de Julio, había gente que llegaba del interior en carro, sulky, caballo, bicicleta, vehículos viejos. Todos venían a apoyar a Evita. La audiencia, que iba a ser a la mañana, la tuvimos a las 3 de la madrugada. Apenas le escuchábamos la voz de la disfonía que tenía. Estuvimos unos diez minutos. Nos preguntó principalmente por las obras de la Fundación”, relata.

 

El día del denominado Cabildo Abierto del Justicialismo, Britos y sus compañeros lograron, como pudieron, ubicarse a unos 700 metros del Ministerio de Obras Públicas. Ellos llegaron al mediodía. Evita, al atardecer. “Había un mundo raro para Buenos Aires porque toda la gente era del interior. Era casi una fiesta. Había griterío, marchas, parrillas y cacerolas con guiso sobre el asfalto, y sonaban las bocinas.”

 

No la escucharon cuando habló. “Escuchábamos a la gente. Después leímos el mensaje de Evita”, dice, y concluye: “Pedirle a Eva que aceptara ser la candidata a vicepresidenta fue el acto más grande que hicieron los trabajadores”.

 

 

 

 

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