Especiales • LA NEGATIVA A UN CARGO PÚBLICO

Las razones de la renuncia

Una historiadora y un licenciado en Ciencias Políticas contraponen sus visiones sobre los motivos que pudieron haber generado que Eva Duarte rechazara acompañar a Juan Domingo Perón en la fórmula de las elecciones presidenciales de 1951.

S. De Vita, A. Maldonado, R. Naveira y F. Quilencheo // Miércoles 17 de agosto de 2016 | 19:18

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El 22 de agosto de 1951 quedó marcado en la historia argentina como el “Día del Renunciamiento”.

El renunciamiento tuvo que ver con varias cuestiones de poder: el que consiguió como líder hacia afuera y adentro del partido. El Cabildo Abierto del Justicialismo fue una medida de fuerza para mostrar la influencia que tenía Evita en relación a otros funcionarios del peronismo y de la CGT. Internamente ella sabía que no iba a ser vicepresidenta”, sostuvo Laura Macek, historiadora del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón, en relación al rechazo de Eva Duarte a ser la compañera de la fórmula encabezada por su marido y entonces presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón.

 

El 22 de agosto de 1951 quedó marcado en la historia argentina como el “Día del Renunciamiento”, aunque éste se dio varios días después a través de un comunicado leído por Evita en la Red Argentina de Radiodifusión. Para Macek, Eva sabía que no iba a aceptar la candidatura. Según ella, la llegada al pueblo trabajador se hubiera limitado con la responsabilidad de presidir el Senado en caso de ser electa. “Con la vicepresidencia le sacaban todas las otras funciones, como la negociación con la CGT y la presidencia del Partido Peronista Femenino. Eva tenía mucha más utilidad política para Perón sin ocupar ese cargo”, puntualizó, y aseveró que “Evita tenía más poder situada fuera del Gobierno que dentro de él”. Macek concluyó que Eva, sin un cargo político, tenía la libertad de despotricar contra los sectores conservadores, que no representaba, pero Perón, al ser presidente, debía tomar recaudos porque llevaba las riendas del país.

 

“No veo la posibilidad de que un rol institucional haya frenado algún tipo de declaración o acción política, menos en un Gobierno como ése. Para Perón hubiera sido una dificultad disponer a Evita en un rol institucional, ya que no hubiera sumado más peso del que ya tenía, y hubiera generado más reacciones, algunas de ellas simbólicas. En un escenario con dificultades, sumar a su esposa como candidata hubiera causado más problemas a la mantención del poder, y no es poco agregar que al poco tiempo hubo bombardeos, asomadas e intentos de golpes militares, primero fallidos y después exitosos”, contrapuso el licenciado en Ciencias Políticas Javier Naveira Rodríguez.

 

Naveira agregó que Evita, aun sin un cargo político, tenía más poder que el 99 por ciento de los funcionarios del Estado, y que, por lo tanto, un rol formal no sólo hubiera carecido de sentido, sino que habría encendido alarmas en los sectores militares en el caso de tener que reemplazar a Perón en el Ejecutivo. “El poder formal de un vicepresidente de la Nación era muy inferior al que ella ejercía en sus diferentes roles de acción social”, remató.

 

En referencia a la hipótesis de que Evita renunció a la candidatura por su enfermedad terminal, Macek afirmó: “Es la opción menos válida, porque quien finalmente acompañó en la fórmula presidencial a Perón fue Juan Hortensio Quijano, que también tenía cáncer, y falleció antes de asumir”.

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