Especiales • A 40 AÑOS DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES

La instalación secreta de Quilmes

También conocido como "Chupadero Malvinas", fue uno de los centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar. En cuatro años de funcionamiento, pasaron por allí al menos 278 secuestrados.

I. Casazza, C. Chávez Flores, J. Coconier, V. Cruz García, B. Gandini, J. Jimenez, J. Lassalle Andrés, A. Silva, H. Stein // Lunes 04 de julio de 2016 | 18:24

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Escrache a la Brigada de Quilmes, antiguo centro clandestino. (Fuente: Redeco)

El Pozo de Quilmes o “Chupadero Malvinas”, ubicado en Allison Bell y Garibaldi, funcionó como centro clandestino de detención durante la última dictadura militar en Argentina, entre 1975 y 1979. Según un informe oficial de la Jefatura de la Policía Bonaerense, fue desmantelado para el uso que le dio la dictadura mientras estuvo bajo jurisdicción de la autoridad militar (1), el 1º de enero de 1977.
El centro clandestino fue un “depósito de prisioneros” en donde se los torturaba para la obtención de información. El lugar era uno de los pasos previos a la decisión sobre el destino de cada detenido-desaparecido.
El ingreso de los prisioneros ilegales al “Pozo de Quilmes” se producía en la mayoría de los casos por el garaje, sobre la calle Garibaldi, del edificio de cuatro plantas. Los vehículos atravesaban un pesado portón que corría por un riel. Por allí se accedía a una escalera que llevaba a los pisos superiores en donde se encontraban los calabozos. A través de las pequeñas ventanas de las celdas se podía ver el Hospital de Quilmes, ubicado a dos cuadras de allí.
Cuando la sede de la Brigada de Investigaciones de Quilmes dejó de ser utilizada como centro clandestino de detención, y antes de que la Conadep realizara inspecciones oculares con sobrevivientes, los edificios fueron modificados para ocultar sus rasgos más reconocibles. En el acceso a los calabozos se sacó el portón de hierro, se ocultó la escalera estrecha por la que ascendían y descendían los prisioneros y se pintaron las paredes de las celdas.
A lo largo de sus cuatro años de funcionamiento se tiene registrado el paso de 278 detenidos, de los cuales 80 siguen desaparecidos, 108 fueron liberados y a otros 16 se los considera con “destino incierto”. Según el blog Maternidades Clandestinas, otros 74 detenidos que se presume que estuvieron allí, no pudieron  ser identificados con nombre y apellido. Aunque el centro no estaba preparado para atender en el parto a las embarazadas, se estima que hubo siete detenidas en esa situación.  
Por el Pozo de Quilmes, también pasaron prisioneros extranjeros provenientes de Uruguay, Paraguay y Chile. Por eso hubo una participación activa de represores extranjeros. Oficiales del Ejército uruguayo se ocupaba de interrogar y torturar a los detenidos ilegales de esa nacionalidad. 
El período de desmantelamiento del centro clandestino comenzó en julio de 1978, cuando fueron liberados o “trasladados” los últimos prisioneros: Rodolfo Tiscornia, Rodolfo Francisco Nanni, Roberto Antonio Laporta y Diego Barreda. De esta manera, se retiró la maquinaria de suplicios y se desmontó la estructura represiva. Sin embargo, un enfrentamiento interno entre los mandos del Primer Cuerpo de Ejército, a fines de 1978, hizo que el lugar volviera a alojar prisioneros ilegales, bajo el nombre de “Omega”. 
El pozo de Quilmes integró lo que se conoce como “Circuito Camps”: los centros clandestinos de detención de Arana, Pozo de Banfield, la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5a., 8a., y 9a. de La Plata y 3a. de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires. Fue en el Pozo de Quilmes donde algunos de estudiantes secuestrados en la noche de los lápices -el 19 de septiembre de 1976-, permanecieron detenidos, fueron torturados, y de ellos solo 4 sobrevivieron. 
 
“El Olimpo”, la conexión con el “Chupadero Malvinas”
“El Olimpo” fue un centro clandestino de detención que funcionó entre los años 1978 y 1979- en el barrio porteño de Floresta. Su relación con el Pozo de Quilmes se estableció a partir del enfrentamiento interno entre los mandos del Primer Cuerpo del Ejército a fines del 1978.
El aparato de represión funcionó gracias a la intervención del general Guillermo Antonio Minicucci junto a un grupo de unos 12 oficiales y suboficiales complotados que realizaron el traslado masivo de unos 100 detenidos de “El Olimpo”, hacia el Pozo de Quilmes.
Durante una noche, trasladaron a una decena de secuestrados (que integraban lo que los represores llamaban el “Consejo”), junto con las carpetas de casos, con equipamiento de enfermería, con las picanas, con todo lo que utilizaban para el funcionamiento del Campo al Pozo de Quilmes. Este episodio sucedió sin el conocimiento del nuevo mando del Primer Cuerpo que había asumido a principios de 1979, el general Leopoldo Fortunato Galtieri.

 

El Pozo de Quilmes o “Chupadero Malvinas”, ubicado en Allison Bell y Garibaldi, funcionó como centro clandestino de detención durante la última dictadura militar en Argentina, entre 1975 y 1979. Según un informe oficial de la Jefatura de la Policía Bonaerense, fue desmantelado para el uso que le dio la dictadura mientras estuvo bajo jurisdicción de la autoridad militar, el 1º de enero de 1977.

 

El centro clandestino fue un “depósito de prisioneros” en donde se los torturaba para la obtención de información. El lugar era uno de los pasos previos a la decisión sobre el destino de cada detenido-desaparecido.

 

El ingreso de los prisioneros ilegales al Pozo de Quilmes se producía en la mayoría de los casos por el garaje, sobre la calle Garibaldi, del edificio de cuatro plantas. Los vehículos atravesaban un pesado portón que corría por un riel. Por allí se accedía a una escalera que llevaba a los pisos superiores en donde se encontraban los calabozos. A través de las pequeñas ventanas de las celdas se podía ver el Hospital de Quilmes, ubicado a dos cuadras de allí.

 

Cuando la sede de la Brigada de Investigaciones de Quilmes dejó de ser utilizada como centro clandestino de detención, y antes de que la Conadep realizara inspecciones oculares con sobrevivientes, los edificios fueron modificados para ocultar sus rasgos más reconocibles. En el acceso a los calabozos se sacó el portón de hierro, se ocultó la escalera estrecha por la que ascendían y descendían los prisioneros y se pintaron las paredes de las celdas.

 

A lo largo de sus cuatro años de funcionamiento se tiene registrado el paso de 278 detenidos, de los cuales 80 siguen desaparecidos, 108 fueron liberados y a otros 16 se los considera con “destino incierto”. Según el blog Maternidades Clandestinas, otros 74 detenidos que se presume que estuvieron allí, no pudieron ser identificados con nombre y apellido. Aunque el centro no estaba preparado para atender en el parto a las embarazadas, se estima que hubo siete detenidas en esa situación.

 

Por el Pozo de Quilmes también pasaron prisioneros extranjeros provenientes de Uruguay, Paraguay y Chile. Por eso hubo una participación activa de represores extranjeros. Oficiales del Ejército uruguayo se ocupaba de interrogar y torturar a los detenidos ilegales de esa nacionalidad.

 

El período de desmantelamiento del centro clandestino comenzó en julio de 1978, cuando fueron liberados o “trasladados” los últimos prisioneros: Rodolfo Tiscornia, Rodolfo Francisco Nanni, Roberto Antonio Laporta y Diego Barreda. De esta manera, se retiró la maquinaria de suplicios y se desmontó la estructura represiva. Sin embargo, un enfrentamiento interno entre los mandos del Primer Cuerpo de Ejército, a fines de 1978, hizo que el lugar volviera a alojar prisioneros ilegales, bajo el nombre de “Omega”.

 

El pozo de Quilmes integró lo que se conoce como “Circuito Camps”. Fue allí donde algunos de estudiantes secuestrados durante la llamada Noche de los Lápices permanecieron detenidos, fueron torturados, y de ellos solo cuatro sobrevivieron.

 

El Olimpo, la conexión con el “Chupadero Malvinas”

El Olimpo fue un centro clandestino de detención que funcionó entre 1978 y 1979 en el barrio porteño de Floresta. Su relación con el Pozo de Quilmes se estableció a partir del enfrentamiento interno entre los mandos del Primer Cuerpo del Ejército a fines del 1978.

 

El aparato de represión funcionó gracias a la intervención del general Guillermo Antonio Minicucci junto a un grupo de unos 12 oficiales y suboficiales complotados que realizaron el traslado masivo de unos 100 detenidos de El Olimpo, hacia el Pozo de Quilmes.

 

Durante una noche, trasladaron a una decena de secuestrados (que integraban lo que los represores llamaban el “Consejo”), junto con las carpetas de casos, con equipamiento de enfermería, con las picanas, con todo lo que utilizaban para el funcionamiento del Campo al Pozo de Quilmes.

 

Este episodio sucedió sin el conocimiento del nuevo mando del Primer Cuerpo que había asumido a principios de 1979, el general Leopoldo Fortunato Galtieri.

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