Especiales • A 40 AÑOS DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES

Dos historias, una búsqueda

Delia nunca perdió la esperanza de encontrar a su nieto y Martín siempre quiso averiguar acerca de sus raíces. El relato de un encuentro que demoró 39 años.

V. Cohen @VickyCohen, G. Catalán @GregoCatalan, C. Faija @camilafaija, T. Marchetta // Viernes 01 de julio de 2016 | 00:20

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El 17 de diciembre pasado, Martín viajó a la Argentina para festejar su cumpleaños junto a su abuela Delia. Así, ambos pusieron fin a su dolorosa y larga espera. 

“Simpática, buena y de espíritu joven”. Así describe Martín Ogando a su abuela Delia Giovanola, quien lo buscó incansablemente durante 39 años. “Es igual a sus padres, tiene unos ojazos”, cuenta Delia sobre Martín.

 

Delia es una de las 12 fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Su hijo, Jorge Ogando, y su nuera, Stella Maris Montesano,  embarazada de ocho meses, fueron secuestrados la madrugada del 16 de octubre de 1976. Los trasladaron al Centro Clandestino de Detención conocido como Pozo de Banfield. En ese lúgubre lugar, nació Martín.

 

“Mi papá siempre me dijo la verdad, que pagó por mí –aunque no de forma legal- y que sospechaba que fuera hijo de desaparecidos, dice Martín acerca de su familia adoptiva. Siempre recibió mucho cariño durante su infancia, por parte de sus padres y hermana de crianza, con quienes vivió durante 20 años bajo el nombre de Diego Berestycki. “Siempre quisieron que supiera acerca de mis raíces”, afirma.

 

El 30 de marzo de 2015 falleció su padre y su madre de crianza le dijo: “Ahora te presentás en Abuelas”. Ese mismo día se contactó con la institución y al poco tiempo se dirigió al consulado de Miami, Estados Unidos, donde vive desde el año 2000, para hacerse el análisis de ADN.

 

 Delia buscó a su nieto Martín durante casi 40 años.

 

“Había muchas posibilidades de que fuera mi nieto: la fecha; la partida de nacimiento trucha, hecha por un médico de los servicios de inteligencia de los centros clandestinos; y el domicilio donde nació que no existía”, cuenta Delia impetuosa. Cuando la sangre llegó a la Argentina, se cotejó con la de todos los familiares de todos los desaparecidos para ver con quién coincidía. El resultado dio positivo con su abuela materna y con su hermana biológica, Virginia, quien se suicidó en 2011.

 

“Fue justo cuando se mudó el banco de datos, por eso se demoró”, explica Delia. Su nieto llevaba seis meses sin respuesta y estaba al filo de la resignación. Sin embargo, el 5 noviembre de 2015, Martín recibió el llamado de Claudia Carlotto, presidenta de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, para contarle acerca de la historia de su familia y de su abuela. “Fue el día más feliz de mi vida”, asegura  Delia con una enorme sonrisa.

 

Un día como cualquier otro, se preparaba para asistir a un acto al Centro Cultural Kirchner cuando Estela le pidió que se dirigiera a Abuelas lo antes posible: “Me hicieron ir sin saber para qué y nadie me decía nada”. En la sala de reuniones, fue después de escuchar “encontramos a Martín”, que Delia saltó de su silla y corrió por los pasillos hasta llegar al teléfono donde la esperaba su nieto para hablar con ella. “Fue una reacción de alegría, llanto y gritos al mismo tiempo”, añade.

 

“Me preguntó cómo era yo, qué hacía, cómo era mi familia, y cuando le dije si estaba seguro de querer volver a hablar conmigo me respondió: ¿Por qué no? Si sos mi abuela”, recuerda casi con lágrimas en los ojos. “Es muy difícil contar sentimientos, así como también recordar el momento”, confiesa Delia. “Yo pedí que me pasen con mi abuela y es hasta el día de hoy que hablamos todos los días, agrega Martín emocionado.

 

Delia nunca perdió la esperanza de encontrar a su nieto. El 17 de diciembre pasado, Martín viajó a la Argentina para festejar su cumpleaños junto a su abuela. Así, ambos pusieron fin a su dolorosa y larga espera. “Una novela triste pero que tuvo un final feliz”, concluye Delia.

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