Especiales • A 40 AÑOS DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES

El Pozo de Banfield: informe final

Desde 1974, el centro clandestino de detención funcionó como lugar de tortura de las víctimas de la última dictadura militar. Con la llegada de la democracia, pasó a convertirse en una dependencia de la Policía Bonaerense hasta 2006, año en que fue nombrado un Espacio para la Memoria.

V. Cohen @VickyCohen, G. Catalán @GregoCatalan, C.Faija @camilafaija, T. Marcheta @Tomas_Marchetta // Jueves 30 de junio de 2016 | 22:40

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El Pozo de Banfield –en Luis Vernet y Siciliano, Lomas de Zamora– es un Espacio para la Memoria desde 2006. (Foto: Gregorio Catalán)

Muchos colegios secundarios de la Argentina tienen hoy placas en homenaje a sus alumnos desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar que gobernó entre 1976 y 1983. El plan de exterminio que se aplicó le apuntó a lo que el poder dictatorial llamaba “Subversión de escuelas” y fue ideado por el general Ibérico Saint Jean, quien usurpó como gobernador el poder político en la provincia de Buenos Aires. Los ejecutores fueron el general Ramón Camps, por entonces jefe de la Policía Bonaerense, y su mano derecha, el comisario Miguel Etchecolatz.

 

Saint Jean dejó una frase que define su política de muerte: “Primero mataremos a todos los subversivos; luego mataremos a sus colaboradores; luego (…) a sus simpatizantes; luego (…) a quienes permanezcan indiferentes; y por último mataremos a los indecisos”.(International Herald Tribune, París, 26 de mayo de 1977).

 

Los estudiantes secundarios a los que se relacionaba desde el poder con “hechos de subversión” eran secuestrados y posteriormente “eliminados después de padecer tormentos”, según el informe de la CONADEP.

 

El 16 septiembre de 1976, con los militares en el poder y en pleno auge del plan “Subversión de escuelas”, el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y la Policía de la provincia secuestraron a nueve integrantes de la UES y una estudiante del Colegio de Bellas Artes. Todos vivían y estudiaban en La Plata.

 

Entraron a sus casas con violencia y se los llevaron a la fuerza al Pozo de Arana, centro clandestino de detención (CCD) de La Plata. Allí, permanecieron poco tiempo y los trasladaron al Pozo de Banfield, uno de cuyos responsables era el médico policial Jorge Antonio Bergés. Este CCD empezó a funcionar durante el gobierno de Isabel Perón. En la dictadura, uno de sus principales propósitos era albergar a las secuestradas que transitaban los últimos meses de su embarazo.

 


 

 

Los chicos de La Noche de los Lápices compartieron celda con las embarazadas y las ayudaban en el trabajo de parto. Pablo Díaz, sobreviviente, contó que ellos golpeaban las rejas de las celdas para avisarle a los subordinados de Bergés cuando las jóvenes estaban por tener a sus bebés. Entre quienes dieron a luz en aquel lugar tortuoso, se encontraba Stella Maris de Ogando, nuera de la Abuela de Plaza de Mayo Delia Giovanola.

 

Algunos corrieron con la “suerte” de quedar a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y posteriormente recuperaron su libertad. Otros, como la estudiante María Claudia Falcone, continúan desaparecidos.

 

Tras el retorno a la democracia, en 1983, el Pozo de Banfield pasó a ser una dependencia de la Policía Bonaerense. La presión de las organizaciones de DDHH logró que el espacio fuera cedido por el Gobierno de la provincia para convertirlo en un Museo de la Memoria.

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