Especiales • A 40 AÑOS DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES

"Los jóvenes siempre van a luchar por una vida más justa"

María Seoane, periodista, ex directora de Radio Nacional y autora del libro "La Noche de los Lápices", recordó cómo fue el proceso de escritura e investigación en una entrevista con Diario Publicable

R. Pasqualino @RomiPasqualino, M. Duek @MicaelaDuek, F. Victorero @FlorVictorero y K. Fiszman // Viernes 27 de mayo de 2016 | 16:38

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María Seoane también escribió las biografías de Jorge Rafael Videla, Roberto Mario Santucho y José Ber Gelbard. (Foto: Télam)

“Cuando el libro salió publicado por primera vez, sentí que cumplí con lo que estaba propuesto, que era contar la historia de los argentinos, contar lo que había ocurrido en nuestro país durante esos siete años trágicos de dictadura, que causó tanto dolor y tanto sufrimiento a nuestro pueblo”, dijo María Seoane en referencia a su libro La Noche de los Lápices. Escritora y periodista argentina, Seoane obtuvo numerosos premios y publicó ocho libros sobre política. Además de trabajar para grandes medios gráficos de comunicación, fue directora de Radio Nacional hasta 2015.

 

- ¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?

- Yo no milité en La Plata, no conocí a ninguno de los chicos, pero en febrero del 84 regresé del exilio, y unos meses después, con una amiga que había conocido en México, María Alaye, hija de Adelina Alaye, fundadora de Madres en La Plata y con quien fuimos a ver un documental. Escucho a una mujer decir que iba a estar ocupada con el tema de La Noche de los Lápices. Caminé unos pasos y me detuve, porque el nombre "la noche de los lápices" me parecía trágico y poético al mismo tiempo. Recordé las noches de la historia en las que se hacían matanzas organizadas. María y Adelina me contaron sobre lo que había ocurrido allí del 16 al 21 de septiembre del 77 con el secuestro de estudiantes de secundarios y universitarios. Me quedé muy impresionada y pregunté quién era la persona que había mencionado el tema. Me contestaron que se llamaba Nelva Méndez de Falcone, la madre de María Claudia Falcone, una de las chicas desaparecidas esa noche. Me comuniqué con Nelva y me dio una cita para la semana posterior.

 

- ¿Qué pasó después?

- Fui a ver a Vicente Zito Lema, el director en el suplemento cultural del Diario La Voz, para contarle que quería escribir esa historia. La vorágine de esos meses, de ese exilio, fue enorme. Además, el Diario La Voz entró en crisis, y tampoco se podía publicar, con lo cual seguí con mi vida. El 9 de mayo del 85 me enviaron a cubrir el Juicio a las Juntas y escuché a Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de aquella noche dar su testimonio, que fue tremendo. Cuando salimos me acerqué a Pablo, pero antes había ocurrido otra cosa: estaban en el hall de Tribunales Horacio Verbitsky y Eduardo Luis Duhalde, y les conté lo mucho que me había impactado el relato. Eduardo me dijo: "Yo tengo decidido sacar el libro de Ezeiza, de Horacio Verbitsky, como primer libro de mi Editorial Contrapunto, y el segundo va a ser La noche de los lápices". Le pregunté: "Pero, ¿quién lo va a hacer?" Y Eduardo me dijo: "Vos".Meses después, sumé a Héctor Luis Núñez, un colega que también trabajaba en El Periodista, para poder llegar a tiempo a hacer el libro para el 86, cuando se iban a cumplir 10 años de aquella noche trágica.

 

- ¿Cómo transmitiría el suceso hoy a los jóvenes?

- Les diría que los desafíos de la rebeldía juvenil, de la crítica juvenil, son siempre altos. Que afortunadamente fue la lucha de esos jóvenes que peleaban por el boleto estudiantil y por un país mejor la que hizo posible que la juventud de hoy esté peleando por otras cosas, por mayor libertad, por mayor salario, por una mayor posibilidad de estudiar. Y que la política, sobre todo, lo que apasionaba a los jóvenes de La noche de los lápices, es algo que hoy lidera. Les contaría que, aunque trataron de callarlos, de reprimirlos, de matarlos, un día la justicia finalmente llegó. Les recordaría que la lucha de esos militantes era una lucha permanente por la condición humana.

 

- ¿Cómo ve la militancia de hoy en relación con la de aquella época?

- La militancia en los años 70 estaba prohibida, la existencia permanente de dictaduras militares y una alta violencia política hacían que fuera riesgosa. Hoy, tenemos una militancia dentro de las reglas de la democracia, que esperemos se pueda conservar. La posibilidad de tener una sociedad más inclusiva y en donde los estudiantes tengan un rol más destacado ayudará a que comprendan que la realización en una sociedad nunca es individual, siempre es colectiva.

 

 

- ¿Considera que la gente siente la magnitud de este hecho histórico?

- Sí, la gente sintió y siente la magnitud de lo que pasó. La dictadura no podía mantener la excusa de que los estudiantes eran guerrilleros peligrosos. La historia oficial que intentaron establecer nunca cuajó; la sociedad conoce lo que pasó en realidad esa noche del 16 de septiembre de 1976, no sólo por el libro, sino por la película que dirigió Olivera. Ayudó a que se tomara conciencia de lo que fue la dictadura en su carácter más brutal, más terrorista, más trágico

 

-Para hacer el libro tuviste que bucear en papeles personales y cuadernos de las víctimas. ¿Qué sensaciones le generaron?

- Gracias a la ayuda de un hermano de Panchito López Montaner, quien fue secuestrado a los 14 años, encontré un diario escondido en un altillo en su casa de La Plata. Allí también había dibujos de María Claudia Falcone -luego reflejados en la primera y segunda edición de mi libro-, que expresaban el compromiso político de esos jóvenes con su sociedad, que emanaban un sentimiento de solidaridad y humanismo inalcanzable para muchos de los que hoy creen tener "la vaca atada" en cuanto a su patrimonio, y quienes seguramente no tendrían una biblioteca completa como la que tenían esos jóvenes.

 

- Si hoy volviera a ocurrir una noche de los lápices, ¿ves a los jóvenes preparados para luchar por la democracia?

- No solamente sería terrible que volviera a ocurrir, sino que me atraviesa el dolor de pensar en la posibilidad de que las clases dominantes argentinas, tan angurrientas, tan desesperadas por el saqueo de las riquezas, puedan cometer otra vez esas tropelías. Creo que los jóvenes siempre van a estar preparados para luchar por una vida más justa, porque es la condición casi inseparable de la juventud. La lucha por la libertad, por la palabra y por las ideas, es la lucha por la democracia.

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