Especiales • A 50 años de la fuga de cerebros

Recorrido por la Facultad de Ciencias Exactas

El edificio fue ocupado por la Guardia de Infantería de la Policía Federal el 29 de julio de 1966, un mes y un día después de que la “Revolución Argentina” derrocara al gobierno constitucional de Arturo Illia.

A. Spampinato, S. Macri y J. González // Jueves 26 de mayo de 2016 | 19:20

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Cartel en la vieja Facultad de Ciencias Exactas.

El hecho no fue una sorpresa para los alumnos y profesores que estaban en la Facultad de Ciencias Exactas, porque se esperaba que el gobierno de facto de Carlos Onganía tomara medidas represivas contra la generación que integró la “época de oro” de la Universidad de Buenos Aires, opuesta radicalmente al golpe militar. Ante todo, la comunidad universitaria se unía en defensa de la democracia, dejando de lado las diferencias políticas. 

 

 

En La Noche de los Bastones Largos, nombre que le dio al hecho el periodista Sergio Morero, la represión policial tuvo lugar en Perú 222, dirección en la que se cursaba física, y en el Aula Magna, donde el Consejo Directivo resolvía actuar de manera pacífica ante la violencia que preveían que iba a tener el desalojo. 

 

"Tenía una salida angostita con un pequeño escenario adelante, como un cine". Así recuerda el Aula Magna el arquitecto recibido en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo Jorge Maceratesi, quien en ese momento era alumno.

 

"Se salía por un pasillo finito que tenía un metro de ancho y que llegaba al hall, que era amplio", afirma. Además, del lado derecho se encontraba el pabellón de arquitectura, que por tener una estructura de madera se incendió y pasó a estar en la Avenida Figueroa Alcorta 2263, donde actualmente está ubicada la Facultad de Derecho.

 

En Moreno al 300 estaba el ala de biología, que antiguamente era un garaje. Para que pudiera ser apta para cursar se le agregó un entrepiso en donde se instalaron los gabinetes. Abajo se encontraban las aulas. Antes de que la policía ingresara a Exactas, algunos estudiantes tuvieron la intención de ir a defender la otra sede y utilizaron los ventanales del Aula Magna, que daban a la calle, para escaparse, pero cuando llegaron ya no se podía entrar porque estaba cerrada con una tanqueta. 

 

Alrededor de las once de la noche, la policía ingresó a la sede con gritos e insultos, y mediante golpes, con especial ensañamiento a las mujeres, empezaron a agrupar a los estudiantes y profesores en el patio central. 

 

Allí había cuatro o cinco hileras de personas entre la pared y la policía. Como recuerda en el libro "La noche de los Bastones Largos" el por entonces Jefe de Trabajos Prácticos del Departamento de Geología Rubén Cucchi, los de la periferia recibieron muchos bastonazos”. En ese momento los estudiantes escucharon: “Listos, preparados, apunten”, lo que constituía las órdenes de un fusilamiento que quedó en simulacro.

 

En el patio principal, según recuerda Morero, había un monumento al físico italiano Alessandro Volta. El periodista presenció este hecho hasta el momento de atravesar el patio para llegar a una entrada de subte de la línea E. Desde los escalones más bajos de la escalera observó como salían ensangrentados los estudiantes y profesores de la facultad, y pasaban en medio de las dos filas que armaron los policías para guiarlos a los camiones que los llevarían detenidos.

 

 

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