Especiales • Noche de los Lápices - 40 años

Un rasgo generacional

La represión juvenil en los años '70 tuvo como víctima a todos los estudiantes por ser considerados “peligrosos” por los militares.

C. Feil, J. Modarelli, M. Migliora, J.I. López y J.M. Fernández Quintero // Viernes 06 de mayo de 2016 | 19:16

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La historia demostró que los jóvenes que sufrieron las consecuencias de secuestros y torturas no eran sólo quienes estaban involucrados políticamente.

“Siempre le han tenido miedo a la juventud, son los que tienen la fuerza para cambiar las cosas”, reflexionó Cristian Willemoes, estudiante secundario durante la última dictadura militar en La Plata. “Cuando había asambleas, me iba a mi casa”, y admitió que la mayoría actuaba como él. También tuvo a un compañero que no militaba y que fue secuestrado una semana por militares que lo interceptaron en una esquina.

 

Cristian, hoy de 58 años, afirmó que su ciudad natal fue una de las más castigadas por la gran cantidad de universidades que albergaban chicos “peligrosos” para los militares. Los hechos le dan la razón: se descubrieron 27 centros clandestinos de detención. La Noche de los Lápices fue el caso más emblemático de la represión juvenil platense.

 

Willemoes, al igual que muchos otros alumnos, no participaba en ninguna agrupación política. “Nuestra generación no era muy militante. En el Colegio Nacional había dos muchachos que comentaban que militaban, a uno lo mataron y al otro lo torturaron pero sobrevivió, por eso no se me pasaba por la cabeza involucrarme”.

 

Si bien Cristian admitió que la represión podía impedir que participen más alumnos en la militancia, también aceptó que “nadie pensaba que los iban a matar”. Quienes militaban ponían bombas y estaban armados, y según él: “Sabían que se podían comer un tiro”.

 

La historia demostró que los jóvenes que sufrieron las consecuencias de secuestros y torturas no eran solo quienes estaban involucrados políticamente. En el siguiente video, una entrevista exclusiva a Félix Villarreal, un no militante que estuvo detenido en el Pozo de Arana.

 

Cronista y cámara: Mercedes Migliora - Edición: Amílcar Otero

 

La información negada

Andrea Reyes, era una alumna que en el '76 cursaba el tercer año de secundaria en el Normal 1 de La Plata. Nunca tuvo una propuesta formal para militar políticamente, “solo supe que quienes estaban más involucrados en las luchas estudiantiles eran quienes asistían al Liceo Nacional de Bellas Artes”. Al igual que Cristian Willemoes, ninguno supo lo que ocurrió en la trágica Noche de los Lápices hasta mucho tiempo después: “Yo participaba en un grupo de la Iglesia en actividades sociales y ninguno supo lo que ocurrió en La Noche de los Lápices”. Esto demuestra la nula cobertura de los medios y su complicidad.

 

“Una vez por semana, en determinadas calles había tiroteos. Yo me volvía a mi casa y no veía muertos, veía balas. Eso era lo más cercano que estábamos a lo que pasaba”, completó Willemoes. La situación era tan habitual que ya se había vuelto parte de la trágica cotidianeidad: “Los alumnos llegaban a la clase y se preguntaban unos a otros cuántas explosiones había escuchado la noche anterior por su casa”.

 

La represión a la juventud

El problema en los años de plomo era generacional porque la amenaza no sólo la sentían quienes militaban, sino toda la juventud. En ese momento, ver a tres jóvenes juntos en una esquina ya era delito. Si pasaba un patrullero ellos ya sabían que podían indagarlos y detenerlos. “A nosotros nos llevaron muchas veces por eso. Nos cagaron a palos, te ponían un fierro en la cabeza, te preguntaban qué hacías; pero no nos dábamos cuenta que desenlace podía llegar a tener”, explicó Cristian. Nadie pensó en ese momento que incumplir una regla militar podía terminar tan fácilmente en una muerte. Cristian y Andrea coincidieron en que cuando alguien desaparecía no creían que terminaría muerto. Hasta lo que ellos vivieron, sólo sabían que cuando se detenía a un joven, se le preguntaba si pertenecía a algún centro estudiantil y después llamaban a los padres para que lo vayan a buscar.

 

Muchos alumnos sufrieron desapariciones de personas cercanas sin tener noción del capítulo fatal que se estaba escribiendo en la historia Argentina. La juventud era “peligrosa” y ellos no lo sabían. Es importante destacar que no sólo los militantes eran secuestrados, fue toda una generación de alumnos que fue vista con los mismos ojos para los militares a la hora de cometer los peores crímenes.

 

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