Especiales • Noche de los Lápices

El rol de la Iglesia en la dictadura

En la Argentina, gran parte de la Curia apoyó decididamente la represión y el terrorismo de Estado, sin embargo, un grupo importante estuvo cerca de las victimas a favor de los Derechos Humanos.

P. Zarnicki. M. Montenegro, G. Castillo, C. Feil y J.I. López // Viernes 06 de mayo de 2016 | 19:15

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El padre tercermundista Carlos Mugica en la Villa 31, el lugar donde vivió y predicó.

En 1976, las Fuerzas Armadas dieron el último golpe militar a un gobierno elegido democráticamente, al tiempo que se sucedían otros golpes de similares características en Chile y Uruguay en 1973.

 

Los jerarcas de la Iglesia, encabezados por el arzobispo Raúl Primatesta, apoyaron decididamente el terrorismo de Estado. En algunos casos colaborando directamente y en otros haciendo oídos sordos a las necesidades de la gente.

 

Alicia Pierini, exdiputada nacional y ex Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, cuenta: “La actitud de la Iglesia era de un cinismo extremo. Continuaban cumpliendo con sus ceremonias tradicionales, bautismos, comuniones, misas, casamientos, como si nada sucediera”.

 

Algunos grupos estudiantiles se revelaron contra todos estos cambios. “La noche del 16 de septiembre de 1976, luego conocida como La Noche de los Lápices, fue una protesta encuadrada en la reivindicación del boleto estudiantil que sirvió como excusa para salir a la calle a pelear contra la dictadura. Los chicos estaban entusiasmados y muchos de ellos ya estaban organizados pero eligieron el peor momento, sufriendo el más injusto e impiadoso de los castigos”, agregó Pierini.

 

 Religiosos y militares.

 

Héctor Sandler, exdiputado, profesor e investigador que sufrió en carne propia el secuestro de su hijo en 1977, relata: “Como tantos padres desesperados por la situación, acudimos a la Iglesia y las respuestas fueron puras evasivas”. Centrando su mirada en los movimientos estudiantiles de la época, afirma: "Lo que ocurrió en La Noche de los Lápices, como en otros momentos de la historia Argentina, es un hecho de violencia, una guerra de bandos. No lo comparto, pero añadiría que el país tuvo episodios mucho más violentos que aquella fatídica noche y las que vinieron después”.

 

En vistas a la tensa situación de intranquilidad y violencia que atravesaba el país, un grupo de sacerdotes pertenecientes a distintas iglesias evangélicas crearon, en febrero de 1976, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). Pierini, quien trabajó junto a ellos, destaca sobremanera su ayuda a víctimas y familiares de desaparecidos: “Mientras la Iglesia tradicional seguía su camino oficial, fueron muchos los sacerdotes que ayudaron. Con el paso del tiempo fue un grupo que tuvo un amplio reconocimiento social”.


 

Raúl Primatesta: El sacerdote que no aplicó los diez mandamientos

Como consejero del exdictador Jorge Videla,junto con otros obispos de la Conferencia Episcopal, se encargó de sugerir que los desaparecidos, durante la dictadura militar, estaban muertos para que las búsquedas, por parte de sus familiares, cesaran. Como expresidente de la Iglesia Católica de la Argentina, conoció al pie de la letra cuáles eran los crímenes de lesa humanidad, sin embargo, optó por la complicidad y la censura.
"Era un hombre de jugarse poco. Le rindo un homenaje al cardenal, al que le debo mucho, y que Dios tenga misericordia de él y lo haya recibido", confesó Justo Laguna, obispo emérito de la localidad de Morón, en su velatorio el primero de mayo del 2006. Sus restos fueron velados en la Iglesia Catedral de Córdoba, provincia de la cual fue arzobispo emérito. Función que cumplió durante 33 años, hasta 1998.
Su apego a la ortodoxia, y el repudio abierto hacia la Teología de la Liberación -que pregonaba el alineamiento de la Iglesia latinoamericana con los movimientos revolucionarios-, le otorgaron el reconocimiento del expontífice Juan Pablo II, quien le reconfirmó en su cargo tras cumplir los 75 años, edad en la cual los sacerdotes deben colgar sus hábitos.
 

Como consejero del exdictador Jorge Videla, junto con otros obispos de la Conferencia Episcopal, se encargó de sugerir que los desaparecidos, durante la dictadura militar, estaban muertos para que las búsquedas, por parte de sus familiares, cesaran.

 

Como expresidente de la Iglesia Católica de la Argentina, conoció al pie de la letra cuáles eran los crímenes de lesa humanidad, sin embargo, optó por la complicidad y la censura."Era un hombre de jugarse poco. Le rindo un homenaje al Cardenal, al que le debo mucho, y que Dios tenga misericordia de él y lo haya recibido", confesó Justo Laguna, Obispo emérito de la localidad de Morón, en su velatorio el 1º de mayo de 2006.

 

Sus restos fueron velados en la Iglesia Catedral de Córdoba, provincia de la cual fue arzobispo emérito. Función que cumplió durante 33 años, hasta 1998. Su apego a la ortodoxia, y el repudio abierto hacia la Teología de la Liberación -que pregonaba el alineamiento de la Iglesia latinoamericana con los movimientos revolucionarios-, le otorgaron el reconocimiento del ex Pontífice Juan Pablo II, quien lo reconfirmó en su cargo tras cumplir los 75 años, edad en la cual los sacerdotes deben colgar sus hábitos. 

 

Mural en memoria de Angelelli

 

Enrique Angelelli: El cura del pueblo

“Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio” es la frase que logra resumir toda la vida y obra de Enrique Angelelli, uno de los obispos tercermundistas más importantes del siglo XX en la Argentina, asesinado en los comienzos de la última dictadura cívico militar.

 

Fue obispo de la Diócesis de La Rioja y allí, entre otras cosas, colaboró en crear sindicatos de mineros, trabajadores rurales y empleadas domésticas, algo fuera de lo común en ese tiempo para la posición que ocupaba.

 

Los diarios de la época titularon que la muerte de Angelelli se trató de un accidente, pero 38 años después, el 4 de julio de 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja condenó a los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella a prisión perpetua y cárcel común por el asesinato.

 

El 4 de agosto de este año se cumplirán 40 años de su muerte y su legado es inmenso: debido a su constante lucha por los que menos tienen es considerado un mártir de los pobres, e incluso fue reconocido por Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, diciendo que Angelelli “recibía pedradas por predicar el Evangelio y derramó su sangre por ello”.

 

 

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