Especiales • Noche de los Lápices

"La organización vence al tiempo"

Diario Publicable entrevistó a Eduardo Anguita, Antonia Canizo y Feliciano Fernández, exmilitantes de distintas agrupaciones políticas de los '70.

J. Pros, A. Larrea, L. Monaño Ortiz, L. Rampoldi y M. Santillán Pastor // Viernes 06 de mayo de 2016 | 19:14

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Eduardo Anguita, autor de "La voluntad", obra donde se cuenta sobra la militancia política de los años '70 en la Argentina, junto al otro coautor, el escritor Martín Caparrós.

"Nunca nos molestó el mote de 'delincuentes subversivos', nos parecía una linda designación subvertir un orden social injusto", subrayó Anguita.

“Había miedo, pero no se dejó de pelear en ningún lugar”, afirmó contundente Feliciano Fernández. El Gallego, quien integró la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) en la década del '70, habló acerca de lo que significó la militancia en su adolescencia, durante uno de los períodos más tristes de la historia argentina.

 

Fernández se integró a la UES cuando tenía 15 años: “No nos uníamos por una cuestión estudiantil, nos incorporábamos a la UES porque era la identidad peronista en un contexto en el que se vivía un proceso de lucha y transformación”. Además, el exmiembro de la UES dejó en claro: “Me enteré de La Noche de Los Lápices dos o tres años después”.

 

Objetivo militar: la masacre de la ideología

Con el comienzo de la dictadura cívico militar, el 24 de marzo de 1976, la persecución, la tortura, la muerte y la desaparición de personas fueron parte del terrorismo de Estado que llevó a cabo el gobierno de facto, con el fin de terminar con los movimientos organizados que se encontraban en las antípodas de los objetivos económicos, sociales y políticos que pretendían imponer por la fuerza.

 

Bajo esta coyuntura, entre los miles de asesinados y desaparecidos, los estudiantes secundarios no fueron la excepción. Las agrupaciones políticas que encabezaron la movilización estudiantil, que sirvió como excusa para el accionar militar durante La Noche de los Lápices, fueron la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y la Juventud Guevarista.

 

No obstante, en un contexto convulsionado por el alto grado de conflictividad social y con el peligro que significaba militar, gran parte de la población continuó la lucha a través de diferentes organizaciones con el objeto de defender sus ideas y la democracia. Muchas de ellas desarrollaron su actividad política de manera clandestina y, algunas armadas y otras no, se organizaron con el fin de impedir que el gobierno de facto destruyera el futuro del país.

 

Canizo y Fernández: el orgullo de lo colectivo

En este sentido, en una coyuntura en la que corría riesgo la vida de cualquiera que se expresara, Antonia Canizo, colaboradora de la organización Montoneros y exmiembro de la Asociación de Estudiantes Secundarios de la Acción Católica, remarcó: “No tengo ninguna duda en que volvería a hacer lo que hice y cómo lo hice”.

 

Canizo subrayó, además, el funcionamiento colectivo de las organizaciones que les permitió enfrentar a los militares y sostener la lucha: “Nuestra generación vivió marcadamente el sentido de lo colectivo, que hoy es tan difícil y que a los jóvenes les cuesta tanto”, y continuó: “Fue tan fuerte ese sentido de pertenencia y de lo colectivo que, a pesar de todo, seguimos siendo peronistas y cuando Perón murió fuimos a su entierro y lo lloramos”.

 

En esta línea, Fernández hizo alusión al mismo contexto social colectivo que Canizo: Un militante era una persona con formación y discutía con el resto, aunque estos no fuesen militantes. Había una organización política con una visión política que instalaba los debates en la sociedad”, y lo señaló con un claro ejemplo: “Salvo que fueras convocado por un responsable, casi ningún pibe de la UES fue participante de la organización armada Montoneros, nos protegían”.

 

Eduardo Anguita: el brazo armado de la lucha

Por su parte, Eduardo Anguita, reconocido periodista y exmiembro del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que estuvo detenido como preso político diez años, llegó a la militancia a través de la Iglesia. Al igual que Canizo, Anguita tuvo la fortuna de cruzarse con el padre Carlos Mugica. Su encuentro los determinó en sus ambiciones sociales y políticas, para ambos el origen militante fue la actividad barrial, la praxis social y territorial y el interés por el prójimo.

 

“Cuando yo tenía 14 años vi el titular del diario La Prensa y lo habían matado al Che. Sentí un ahogo que tengo tan fijo que dije ‘algún día voy a honrar a este tipo’. Teníamos esa idea de que aún siendo jóvenes podíamos asumir compromisos grandes”, contó Anguita y expresó: “Cuando empecé a militar tenía 17 años, no puedo decir que no le teníamos miedo a la policía, pero al poco tiempo de militar, nos tocó enfrentarla de la manera más brutal. La organización armada fue un proceso que se dio de forma natural”.

 

Al exintegrante del ERP no le faltan argumentos para sostener su accionar en los años '70: “Nunca nos molestó el mote de 'delincuentes subversivos', nos parecía una linda designación subvertir un orden social injusto, nos parecía una cosa muy buena”. Entre tanto, y al igual que Canizo y Fernández, Anguita recuerda aquella etapa oscura y, pese a las consecuencias de su accionar militante, no encuentra arrepentimientos: “Habíamos asumido la militancia como alguien que se mete en un seminario para ser cura, no tenía dudas de que era mi elección”.

 

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