Especiales • A 50 años de la fuga de cerebros

El exitoso científico expulsado de su tierra

El físico Rolando García fue organizador de la Universidad Nacional del Sur, Director del Servicio Meteorológico Nacional y Decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA entre 1956 y 1966. Exiliado en Suiza después de la represión y con una amplia galería de reconocimientos internacionales, también entró en la historia por haber recibido el primer bastonazo de aquella fatídica noche.

N. González, J.Luna, J. López Calvo, E.Lavigne // Viernes 06 de mayo de 2016 | 19:12

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García recibió varios reconocimientos internacionales por su trayectoria profesional.

Rolando García se había destacado en diversas ramas de la ciencia (la física, la meteorología, la epistemología, la historia de las ciencias) y en la gestión de políticas universitarias. Un intelectual completo. Su destino académico se definió muchas veces por la ideología política de los distintos gobiernos de la Argentina. Aun siendo estudiante de Física, entró al Servicio Meteorológico Nacional (SMN) luego de ser expulsado de su cargo docente en una escuela secundaria por estar en contra de la enseñanza religiosa que se impuso en 1946.

  

Durante

En agosto de 1966, una ley del gobierno militar de Juan Carlos Onganía puso fin a la autonomía universitaria. La resistencia se concentró en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y fue desalojada por las fuerzas de la dictadura. García fue el primero en recibir a la policía y los enfrentó personalmente: “¿Cómo se atreve a cometer este atropello? Todavía soy el decano de esta casa de estudios”, preguntó en la puerta de la facultad, que en ese momento estaba en Perú 222.

 

Un oficial descargó un palazo sobre su cabeza mientras profería “una especie de alarido combinado con insultos”, según la declaración judicial del físico. Luego se reincorporó y siguió argumentando hasta que otro golpe lo volvió a derribar. Con ese bastonazo comenzaba el fin de “la época dorada” de la ciencia argentina.

 

 

 

Después

García había colaborado con la ONU en diversos proyectos científicos, por eso se exilió en Ginebra, donde fue nombrado Director del primer Observatorio de la Atmósfera (GARP). Era la época de los primeros satélites meteorológicos y las primeras computadoras que permitían poner a prueba los modelos matemáticos para el pronóstico del clima. Fue entonces cuando sucedió la gran hambruna de Asia y África: la Academia de Ciencia de Estados Unidos decía que las condiciones desfavorables del clima habían favorecido grandes sequías que provocaron los millones de muertos.

 

El ejército de ocupación francesa había tomado información meteorológica de una zona semiárida del norte de África. García estudió esos informes y concluyó que el clima no había cambiado; por el contrario se había mantenido estabilizado. La explicación de las muertes obedecía entonces a otra cuestión, los aborígenes de esa región, que estaban acostumbrados al clima y a sequías periódicas, habían desarrollado defensas como el almacenamiento en silos de las cosechas. Estas prácticas, llevadas a cabo durante siglos, habían sido abortadas por la colonización francesa que ocupaban la zona.

 

En el exterior, García combinó sus estudios de filosofía con Jean Piaget, acaso el epistemólogo más importante del siglo XX. Piaget, que también era psicólogo, estudiaba el desarrollo del conocimiento en el niño, mientras que García era especialista en historia de la ciencia. El resultado fue la asociación de ambos conocimientos, el estudio de la continuidad del pensamiento infantil hasta la adultez y el desarrollo de la ciencia. Tal vez “Psicogénesis e historia de la ciencia”, traducido a ocho idiomas, sea el trabajo más completo en la historia de colaboración entre estos dos grandes pensadores.

 

García murió en 2011, a los 92 años. Lo hizo de forma “suave y rápida, sin sufrir más de lo que haya que sufrir en esos trances”, según contó su mujer Emilia Ferreiro. Sus cenizas fueron arrojadas al Río de la Plata, junto al Parque de la Memoria, a metros de la Facultad de Exactas.

 

En épocas de presupuestos universitarios flacos, de avance de la educación privada, un grafitti en uno de los escalones del Pabellón II de la Facultad de Exactas (parafraseando una antigua proclama: “Argentina querida: dame un presidente como Alan García”) es certero: “Facultad querida: dame un decano como Rolando García”.

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