Especiales • A 50 años de la fuga de cerebros

La renuncia y el exilio de cientos de profesores

Una de las consecuencias más importantes de La Noche de los Bastones Largos, que afectó diferentes facultades de la Universidad de Buenos Aires.

R. Barrios, L. Blasco, T. Crenna, J. Quiñones Méndez y F. Vizcaíno // Viernes 06 de mayo de 2016 | 18:57

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Ilustración de Huadi (Foto: La Nación)

Mariana Weissmann: "Se suponía que estábamos todos trabajando, pero prácticamente estábamos llorando"

El 29 de julio de 1966, el presidente de facto Juan Carlos Onganía decretó la intervención de las universidades nacionales, y ordenó a la policía que desaloje a estudiantes y profesores de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA), episodio que se conoció como La Noche de los Bastones Largos. A raíz de la feroz represión, cientos de personas fueron heridas y hubo más de 300 detenidos. Fue uno de los hechos más violentos de la historia argentina, y como consecuencia, una gran cantidad de los profesores que se vieron afectados aquella noche, decidieron poner fin a sus carreras en el país, suceso que se denominó "fuga de cerebros".

 

Algunos profesores decidieron exiliarse en otros países porque eran perseguidos por el gobierno militar, mientras que muchos otros, después del brutal ataque que habían recibido, se pusieron de acuerdo y renunciaron como a sus cargos. En aquel momento creían que si renunciaban todos juntos no les iban a aceptar su renuncia, y lograrían cambiar las condiciones en las que trabajaban. Sin embargo, su decisión fue aceptada y la universidad se quedó casi sin docentes.

  

Cronista: Rodrigo Barrios - Cámara: Tomás Crenna - Edición: Emiliano Greco Cueto

 

En total fueron 301 los profesores universitarios que continuaron sus carreras en el exterior. Más de 160 se unieron a universidades latinoamericanas, principalmente en Chile y Venezuela, y más de una centena optaron por universidades estadounidenses y canadienses, mientras que sólo un pequeño grupo de docentes llegó a Europa.

 

El entonces ministro de Educación chileno, cuando se enteró de lo que había sucedido en Argentina, se contactó con cientos de profesores para contratarlos, lo que generó un gran revuelo porque a los chilenos no les gustó que sus universidades se llenen de profesores argentinos.

 

Entre los principales académicos que abandonaron el país se encontraban Rolando García, epistemólogo, físico, meteorólogo, quien fue el Decano que encabezó la toma de la Facultad de Ciencias Exactas, Manuel Sadosky, quien había introducido la computación en el país, Pablo Miguel Jacovkis, matemático, decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y presidente del CONICET en 1999 y 2000, y Mariana Weissmann , quien era profesora de la Facultad de Ciencias Exactas, y en 2003 recibió en Francia el premio L’Oréal-Unesco a las Mujeres de la Ciencia en la categoría Latinoamérica.

 

Finalmente, en 1973 con la conclusión de la Revolución Libertadora, que había sido encabezada por Juan Carlos Onganía (1966-1970), Roberto Marcelo Levingston (1970-1971) y Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973), y el retorno de la democracia de la mano de Héctor J. Campora, aquellos profesores que se habían visto forzados a dejar la Argentina pudieron regresar. Sin embargo muchos otros nunca volvieron a ejercer su profesión en el país.

 

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