Especiales • A 50 años de la fuga de cerebros

Illia, el golpe de Onganía y la repercusión en los medios

El 29 de julio de 1966, las universidades fueron intervenidas por la dictadura de Onganía. Los diarios reflejaron ese suceso con notas en primera página y caricaturas que exponían la ocupación militar.

S. Zanikian, V. Monticelli y G. Delmonte // Viernes 06 de mayo de 2016 | 18:51

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El radical Arturo Umberto Illia llegó a la presidencia con un 25,8 por ciento de votos. Había construido alianzas con socialistas, conservadores, demócratas y partidos neoperonistas del interior. Era señalado como un presidente frágil desde que había llegado a la Casa Rosada. Decían que no tenía la fuerza suficiente, propia de un esquema de poder legítimo. Al tiempo de haber asumido, comenzó a gestarse una conspiración para derrocarlo.

 

De la idea de debilitar a Illia, para luego promover su salida de la presidencia, participaron el Ejército, los banqueros, empresarios argentinos y extranjeros, la cúpula mayor del peronismo sindical y gran parte de la prensa.

 

Además, otra razón presionaba en contra de Illia: el conflicto entre Azules y Colorados, que pujaban por el mando de las Fuerzas Armadas. Los azules, por un lado, pregonaban el derecho a mantener o interrumpir el proceso de democratización bajo el argumento de hacerlo por el bienestar colectivo. Incluso estaban de acuerdo en permitir el acceso limitado para ciertos dirigentes peronistas. Mientras que los colorados veían el peronismo como un reflejo del comunismo, y pretendían erradicarlo por completo.

 

En lo que refiere a la política y la economía, Illia dio de baja contratos con empresas petroleras extranjeras que había firmado Frondizi durante su presidencia y dejó de lado los organismos de créditos internacionales, todas medidas contrarias a la idea del desarrollismo y la modernización que había impulsado su antecesor. Lo acusaban de llevar adelante políticas de izquierda. El historiador francés Alain Roquié escribió en favor de Illia: "Los ejecutivos obsesionados por la eficiencia consideraban a esos políticos de comité y su retórica electoralista como algo lamentrablemente arcaico".

 

A la seguidillas de conspiraciones, se sumó el peronismo sindical, que tenía como cabecera a Augusto "Lobo" Vandor, jefe de la Unión Obrera Metalúrgica(OUM). Vandor, acompañado de su sector, apoyó de manera fiel a los azules.

 

El último conspirador de Illia: la prensa

La "campaña de acción psicológica" daba sus primeros pasos en la conformación de un clima social que favoreciera a sus ideales, y de esa manera fabricar un consenso social. En septiembre de 1962, los azules se unieron con sociólogos expertos en comunicación para crear una nueva imagen del Ejército. Así, la prensa gráfica, la radio y la televisión impusieron la idea de que lo mejor que podía pasarle a la Argentina era la intervención militar.

 

Para 1965 la democracia estaba muy cuestionada. Ya comenzaba hablarse de forma abierta de un posible golpe de Estado. En distintos medios gráficos, como las revistas Primera Plana, Confirmado (ambas creaciones de Jacobo Timerman), Tía Vicenta, entre otras, a Illia se lo caractirazaba como un viejo de perfil cansino. En una célebre caricaturización de Tía Vicenta, el dibujante Landrú dibujó a Illia como una tortuga. En Confirmado, Lino Palacio lo retrató como un abuelo sentado en plaza de mayo y en su cabeza, de tanta inmovilidad, se apostaban palomas.

 

La revista Confirmado, al mando de Timerman, cumplió un rol fundamental: darle lugar a Juan Carlos Onganía, poco conocido por entonces, como un personaje habitual en sus páginas. Lo importante para la revista era que Onganía estaba al frente del Ejército y era el mejor candidato para reemplazar a Illia. Lo presentaban como un fiel constitucionalista. La campaña de acción psicológica había rendido sus frutos y el golpe era inminente, tanto para los azules como para el oficialismo.

 

El gobierno vislumbraba el final. Illia jamás tomó consciencia de la importancia de los medios de comunicación, casi ni hablaba con la prensa, mucho menos con periodistas de Primera Plana y Confirmado. Para marzo del '66, desde la Casa Rosada apostaron por otra estrategia: denunciar a Primera Plana por crear un clima propicio para un golpe de Estado.

 

Tres meses después, el 28 de junio de 1966, el Ejército azul derrocó a Arturo Illia. Fue un final despojado de toda epopeya. El médico de Cruz del Eje salió caminando de la Casa Rosada, paró un taxi y se fue a su casa.

 

Una vez que el dictador Juan Carlos Onganía tomó el mando presidencial ocurrió algo impensado: se desprendió de todos sus aliados. Además de cerrar el Congreso, Onganía disolvió los partidos políticos y persiguió a todo aquel que promulgara las costumbres nacionalistas tomadas años anteriores.

 

El 29 de julio hizo desalojar varias facultades de la Universidad de Buenos Aires, entre ellas la Facultad de Ciencias Exactas, en donde la represión fue especialmente dura, lo que pasó a la posteridad como "La Noche de los Bastones Largos". La brutalidad de esa noche provocó un exilio masivo de docentes, y el repudio de la clase media.

 

Los manejos de Onganía llegaron a la prensa de los Estados Unidos, cuando un profesor norteamericano estuvo involucrado en La Noche de los bastones largos. El Washington Post y el New York Times, con artículos editoriales, repudiaron los hechos de violencia que ocurrían en Argentina y los calificaron como métodos "hitlerianos".

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