Especiales • A 50 años de la fuga de cerebros

Los hechos, paso a paso

La fatídica noche del 29 de julio de 1966, la dictadura de Juan Carlos Onganía irrumpió en algunas facultades de la UBA, un hecho que pasó a la posteridad como "La Noche de los Bastones Largos". 

A. Amed, C. Berbel, L. Bruno, L. Graffigna, A. Mirande y A. Pisetta // Viernes 06 de mayo de 2016 | 18:50

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La Noche de los Bastones Largos dejó secuelas imborrables en la historia argentina.

El 28 de junio de 1966 el presidente radical Arturo Illia fue derrocado por un golpe militar autodenominado Revolución Argentina. El general Juan Carlos Onganía asumió la presidencia.

 

Un mes después, el 29 de julio, se dio a conocer el decreto Nº 16.912 que disponía la intervención de las universidades y establecía que las ocho casas de estudio nacionales quedarían bajo la órbita del Ministerio de Educación. Aunque no lo decían de manera literal, era el fin de la autonomía universitaria. El rector de la UBA, Hilario Fernández Long, rechazó esta medida. Sus asesores renunciaron. Decanos y docentes tenían 48 horas para acatar la orden.

 

En ese mismo momento, alumnos y docentes debatían en las facultades los pasos a seguir ante el decreto. En algunas siguieron las clases, y en otras -Exactas y Filosofía y Letras- se determinó tomar el edificio. Una hora después de que las sedes fueran tomadas, la Guardia de Infantería ingresó a los edificios y comenzó la represión.

 

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LOS DÍAS DESPUÉS

Al margen de las consecuencias inmediatas y cuantificables, aquella noche se inició el éxodo de una parte fundamental del conocimiento nacional, que dejó ir a gran parte de sus profesionales más calificados, en lo que fue la mayor “fuga de cerebros” que se registra hasta el presente. Además, se disolvieron los consejos superiores y directivos de las universidades y se suprimieron los centros de estudiantes.

 

La Noche de los Bastones Largos dejó secuelas imborrables en la historia argentina. Comenzó a desarrollarse un camino que conduciría a la intolerancia y que fomentó la idea fatal de que la violencia política e institucional era el método para restaurar la libertad.

La noche de los bastones largos dejó secuelas imborrables en la
historia argentina.

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