Especiales • A 50 años de la fuga de cerebros

Memorias de un episodio trágico

Los testimonios de quienes vivieron La Noche de los Bastones Largos permiten volver a repasar los hechos y dar cuenta de cómo la dictadura de Juan Carlos Onganía incidió en el desarrollo de la ciencia en el país.

D. Blanco Gómez, S. Fernández, L. Martínez y M. Rengel // Viernes 06 de mayo de 2016 | 18:49

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Guillermo Bomchil, de bufanda, en la tapa del diario Clarín durante una de las intervenciones. (Foto: Clarin.com)

Eran las 21.30 de un día de lluvia y mucho frío, cuando empezábamos a sentir el olor y cómo picaban los ojos con las bombas lacrimógenas”, cuenta Guillermo Bomchil, químico graduado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales en 1964, en diálogo con Diario Publicable. La noche del 29 de julio de 1966, Bomchil, que ya era jefe de Trabajos Prácticos en Físico Química, estaba en la universidad y recuerda la intervención de los policías: “Parecían grandes roperos con bastones largos que usaban con mucha destreza”.

 

Horacio González, sociólogo, docente, investigador y ensayista, rememora que en la Universidad de Filosofía y Letras hubo cierta violencia “que no era nada comparada con lo que ocurrió después. Según el director de la Biblioteca Nacional hasta diciembre de 2015, la política estudiantil de los años '60 transcurría por los senderos de una izquierda avanzada, y el Partido Comunista era el animador de todos los frentes reformistas. “Estaba viva la memoria de una reforma universitaria”, remarca.

 

González formó parte de los docentes “improvisados” que tuvieron que cubrir los cargos vacantes en las universidades. El sociólogo explica que tuvieron que aprender a ser docentes sobre la marcha. “Criticamos el abandono de los profesores de extracción liberal, pero hoy, visto a la distancia, me parece un hecho muy digno”, dice, y explica que en la Facultad de Filosofía y Letras entraron “personajes que tenían una formación vinculada al Gobierno”, a quienes “no les fue fácil dar clases".

 

La Noche de los Bastones Largos provocó la renuncia masiva y el éxodo de miles de docentes de la universidad nacional. “Si lo miramos del punto de vista político, fue importante porque se fueron dos mil profesores. Pero Onganía duró solo tres años más y a la Universidad tardamos 20 años en reconstruirla”, considera Alejandro Mentaberry, Jefe de Gabinete del Ministerio de Ciencia, Técnica e Innovación Productiva, quien en 1966 cursaba su último año del secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

 

Testimonios sobre La Noche de Los Bastones Largos. (Fuente: Horacio González, Jorge Maceratessi y su esposa Mentaberri)

 

En tanto, Jorge Maceratesi, arquitecto recibido en la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo (FADU) y docente de Diseño, declara: “Lo recuerdo triste, no tanto por los golpes que recibí sino porque precisamente se perdió ese clima de familiaridad, de solidaridad entre distintos alumnos, y entre alumnos y profesores. Era un clima muy especial que es muy importante para cualquier enseñanza de cualquier especialidad porque genera un vínculo con la gente que está cursando que permite llegar a mejores logros”.

 

Los testigos de aquella noche coinciden en que “si uno compara la dictadura de Onganía con lo que vino después, en el ’76, con Videla, eso era una ‘dictablanda’”, y que ese episodio fue como “un juego de niños” si se lo contrasta con el Proceso de Reorganización Nacional. En declaraciones a Diario Publicable, Bomchil confiesa que "muchos creyeron, a partir de ese día, que no había más opción para pelar por la vía democrática" y que “eso dio origen a las cosas que pasaron luego en la Argentina”, en referencia a la lucha armada.

 

Esta es la mirada reflexiva de algunos de los protagonistas del atentado a uno de los pilares de la sociedad argentina: la educación pública. El hecho funcionó como la antesala de lo que iba a suceder a partir del 24 de marzo de 1976, cuando la última dictadura militar, comandada por el general Jorge Videla, sometió al país en la etapa más oscura de su historia.

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