Especiales • Elecciones 2015 - Adolfo Rodríguez Saá

Presidente por una semana

En 2001, el entonces presidente Fernando de la Rúa renunció en medio de una crisis política, económica y social. Hubo cinco presidentes en diez días. El puntano, que gobernaba San Luis, fue uno de ellos. En la semana que ocupó el Ejecutivo Nacional, anunció la suspensión del pago de la deuda externa argentina.

M. Pérez y C. Solano // Martes 29 de septiembre de 2015 | 20:55

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Cuando asumió como presidente interino. Una imagen indeleble de una época para el olvido.

Adolfo Rodríguez Saá fue designado Presidente de la Nación por la Asamblea Legislativa convocada por su antecesor en el cargo, Ramón Puerta, el 23 de diciembre de 2001, por tres meses. Tras la renuncia del entonces Presidente, Fernando de la Rúa -posterior a la de su Vicepresidente, Carlos "Chacho" Álvarez-, el entonces gobernador de San Luis fue el segundo de los cinco presidentes que tuvo Argentina en diez días, en medio de la peor crisis política, económica y social desde la vuelta de la democracia.

 

“El Adolfo” asumió el nuevo cargo y lo celebró junto con sus familiares y amigos, además de militantes del Partido Justicialista (PJ), en la Casa Rosada. Una semana después, renunció por desacuerdos con algunos gobernadores provinciales con pretensiones presidenciales, como el cordobés José Manuel de la Sota y el santacruceño Néstor Kirchner, que no habían apoyado su designación. El puntano había sido respaldo internacionalmente. En la semana de Navidad de 2001, James Walsh -embajador de los Estados Unidos en la Argentina- le entregó una carta del entonces presidente norteamericano, George Bush, donde, además de desearle "todo el éxito del mundo" en la gestión, le expresaba su intención de continuar la excelente relación bilateral de las últimas dos décadas. También fue apoyado por mandatarios del Mercosur.

 

 

La decisión de suspender el pago de la deuda externa aún tiene efectos negativos en la economía argentina, aunque Rodríguez Saá los adjudique “pura y exclusivamente” al canje de deuda de 2005. Anunció la creación de una tercera moneda, el “Argentino” -nunca puesta en circulación-, “a fin de inyectar liquidez al consumo popular”, una ley para “indemnizar” a las “víctimas de la protesta popular” y “un plan social” para crear “un millón de empleos”. Afirmó que todos los trabajadores iban a recuperar su derecho constitucional de percibir el salario mínimo, vital y móvil, y que nadie iba a ganar más que él, cuyo sueldo fijó en tres mil pesos. También anticipó el fin de las restricciones al retiro de sueldos y jubilaciones impuestas por el llamado “corralito”.

 

No concretó sus objetivos, aunque tuvo reuniones con políticos y dirigentes sindicales, entre otros, y se había comprometido a informar diariamente “de manera transparente y sin dobles discursos” sobre los actos de gobierno.

 

El hombre que, según sus detractores, aspiraba a completar el mandato interrumpido de De la Rúa, hoy reconoce que el PJ tuvo un rol más que importante en la salida abrupta del último gobierno radical y que se pudo haber tratado de “un golpe blando” contra el entonces Presidente. También afirma que el país vivía "en anarquía", que las personas estaban en la calle y no tenían qué comer. “Hice una gestión patriótica. Estuve siete días sin dormir, pero el país se puso en marcha. Cuando asumí, las calles estaban con cacerolas. Al día siguiente, la gente salió a los shoppings, a mirar, no había plata. Pero, se recuperaron las instituciones del país. Algunos méritos tengo.

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