Especiales • Juicio a las Juntas - Desde el presente

Los crímenes de la dictadura

El autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” fue la última de las dictaduras en instaurarse en América Latina. Y la más cruenta. En esta nota, cómo se gestó y se puso en marcha el plan macabro de exterminio que llevaron a cabo las juntas militares juzgadas en 1985.

Ezequiel López Aranguren // Martes 14 de abril de 2015 | 19:23

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El secuestro, la tortura y la desaparición forzada de personas formaron parte del plan sistemático de exterminio que fue pergeñado por la CIA y diseminado a través de los militares que se formaron en la célebre Escuela de las Américas.

Instaladas las dictaduras, el neoliberalismo desembarcó en la región, las deudas externas de los países víctimas crecieron exponencialmente y se transformaron en un lastre imposible de sostener.

El 24 de marzo de 1976 la Junta Militar integrada por Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti y Emilio Eduardo Massera ejecutó el último golpe de Estado que vivió el pueblo argentino y derrocó de la presidencia a María Estela Martínez de Perón, quien se había hecho cargo del Poder Ejecutivo cuando Juan Domingo Perón falleció en ejercicio de su tercer mandato.

 

Durante los siete años que los militares que gestaron el golpe se mantuvieron en el poder, decenas de miles de secuestros y desapariciones forzadas de personas, tortura sistematizada, asesinatos, vuelos de la muerte, apropiación ilegal de bebés y niños, miles de exiliados, 12 mil presos políticos, manipulación de la información y de los medios de comunicación fueron algunas de las vejaciones que debieron soportar los ciudadanos que el gobierno de facto consideraba contrarios a sus intereses.

 

En 1983, con la recuperación de la democracia, el pueblo argentino y el mundo supieron que la represión y el genocidio habían sido orquestados desde los centros de poder mundial a través un programa continental diseñado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA): el Plan Cóndor, implementado en complicidad con miembros de fuerzas armadas que habían recibido instrucción en la célebre Escuela de las Américas.

 

LAS POTENCIAS DIAGRAMAN EL FUTURO

Como tierra sembrada y regada, en los países del sur -especialmente en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, aunque también con repercusiones en Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela-  brotaron, casi al unísono, distintas dictaduras militares. Pero la crónica de una nación, o de una región, no puede ser explicada a partir de una única foto. La historia debe necesariamente ser narrada en formato de álbum.

 

Cuando la Alemania nazi de Hitler y sus aliados del Eje, Italia y Japón, fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial, un nuevo orden mundial fue instaurado por los vencedores. Dos nuevas superpotencias, Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) emergieron como dos polos opuestos de poder.

 

En lo que la historia reconoce como un mundo bipolar, ambos comenzaron una disputa a escala global para imponer sus ideologías antagónicas y, sobre todo, la hegemonía de un dominio económico y militar que les permitiera diagramar el contexto geopolítico mundial.

 

La batalla sin cuartel que protagonizaron ambos colosos y que el mundo conoció como la Guerra Fría ofició como caldo de cultivo para que América Latina se convirtiera en objeto del sometimiento neocolonial para los Estados Unidos, con la ineludible injerencia de la CIA,

 

EL GRAN ENEMIGO COMUNISTA

Apenas un año después de haber acabado la Segunda Guerra, en 1946, y con gran visión de futuro, Estados Unidos creó el Centro de Entrenamiento para Latinoamérica: la División Tierra, que fue conocida popularmente en estas latitudes como Escuela de las Américas.

 

Roberto Eduado Viola -promotor del golpe de Estado de 1976 y presidente de facto entre 1981 y 1982- y Leopoldo Fortunato Galtieri -quien sucedió a Viola en la Presidencia y ordenó la invasión de las Islas Mavinas, detonando la guerra contra Gran Bretaña, en 1982- habían recibido instrucción en ese centro de entrenamiento dirigido por los Estados Unidos.

 

Técnicas de contrainsurgencia, operaciones de comando, guerra psicológica, inteligencia militar, métodos de tortura y tácticas de interrogatorio son algunas de las enseñanzas que los militares sudamericanos recibieron de sus pares norteamericanos, para ser puestas en práctica cuando las condiciones estuvieran dadas.

 

EL PLAN CÓNDOR

La Revolución Cubana había servido como inspiración para muchos militantes y dirigentes sudamericanos que luego intentarían impulsar políticas de izquierda en la región. El Plan Cóndor fue la respuesta del gobierno de Richard Nixon. Su Secretario de Estado, Henry Kissinger, quien había sido galardonado con el premio Nobel de la Paz por acuerdos de alto el fuego en la Guerra de Vietnam que finalmente no cumplió, fue el arquitecto del programa pergeñado para el Cono Sur.

 

En un contexto de gobiernos progresistas, el enjundioso accionar de los Estados Unidos y la inefable anuencia de la histórica alianza de las oligarquías locales y las clases dominantes de los países centrales fueron el respaldo que las fuerzas militares de los países en cuestión precisaban para instalar sus dictaduras antisocialistas. De este modo, el Plan Cóndor se puso en marcha y el preventivo adiestramiento proporcionado en la Escuela de las Américas se desplegó con pavoroso rigor sobre los pueblos del sur de América.

 

La historia que sigue es por todos bien conocida. Según los archivos del terror, descubiertos en Paraguay por el abogado y activista por los derechos humanos Martín Almada, el saldo del Plan Cóndor arroja 30 mil desapariciones, 50 mil muertos y 400 mil presos políticos.

 

Pero no solo de una lucha ideológica se trata esta historia. En realidad, el trasfondo de este oscuro proceso histórico tiene un anclaje económico. Una vez suprimidas las democracias e instaladas las dictaduras, el neoliberalismo desembarcó en la región, las deudas externas de los países víctimas crecieron exponencialmente y se transformaron en un lastre imposible de sostener. El achicamiento del Estado como regla de oro se llevó a cabo con vigorosa decisión y la hecatombe política, económica y social de aquel episodio es la pesada herencia que los pueblos latinoamericanos aún no han terminado de pagar.

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