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1987 - El adiós del capitán Beto

En un Monumental conmovido hasta las lágrimas, Norberto Alonso tiene su despedida del fútbol. "Los quiero mucho", alcanza a susurrar el diez.El 13 de junio, 80.000 almas se dan cita para rendirle tributo al ídolo y decirle hasta siempre a uno de los mejores intérpretes de la pelota.

Belén Khaves @belukhaves y Macarena A. Kelly @malvarezkelly // Martes 22 de octubre de 2013 | 17:03

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Alonso tuvo su partido homenaje en un Monumental colmado. El mundo recordará su nombre cuando vea una pelota naranja.

El Beto llegó a River Plate en 1962 de la mano de Carlos Palomino, un delegado de las inferiores que se encargaba de organizar torneos en diferentes barrios a la caza de nuevos talentos: “Me vieron jugar en un campeonato en Polvorines y le dijeron a mi viejo que me querían llevar a River. A mí siempre me gustó el potrero, pero nunca creí que iba a llegar a la Primera de algún club. En ese momento, Alonso no se imaginaba que la vida le tendería un futuro colmado de gloria.

 

Bastó que el brasileño Waldir Pereira –más conocido como Didí– llegara a Núñez, con su idea de jogo bonito y su devoción por el semillero millonario, para que los sueños del Beto comenzaran a tomar forma. “El maestro Didí me llevó de la Sexta a la Primera. Me bancó en un momento de transición, tuvo mucho coraje y eso es para aplaudir”, comentó Alonso, quien debutó en 1971 con una derrota por 2-1 frente a Atlanta en Villa Crespo.

 

Su consolidación entre los grandes fue creciendo gradualmente. Sin embargo, Alonso comenzaba a ser un nombre propio y su zurda ya se codeaba con la magia. Como aquella calurosa noche en el estadio de Racing en que, debido a una huelga de futbolistas, los pibes de River vencieron 3-1 a los titulares de Boca con baile incluido. El Beto ya se iba transformando en un lujo que los amantes de la redonda podían disfrutar cada fin de semana.

 

Todos los goles que le hice a Boca son mis favoritos. También los dos que le convertí a San Lorenzo para cortar la racha negativa y salir campeones en el ‘75. O el que le marqué a Independiente en el 7-2, cuenta Alonso sobre sus conquistas en las redes rivales. Y fue justamente el gol que le hizo a Pepe Santoro en 1972 el que lo terminaría catalogando como un maestro del fútbol. Gambeteó al arquero del Rojo y, sin tocar la pelota, la fue a buscar por el otro lado para enviarla suavemente al fondo de la red. Una obra de arte que ni Pelé pudo concretar en el Mundial del ‘70, ya que la del brasileño se fue apenas desviada.

 

El sueño de un nuevo título en las vitrinas millonarias se vio truncado durante 18 años consecutivos. Cansado de tantas frustraciones, River decidió apostar por un hombre de la casa con estirpe ganadora. Fue entonces que Ángel Labruna comandó uno de los equipos más brillantes de la época y Alonso se transformó en una pieza clave, que aportaba un toque de distinción y goles explosivos. Angelito es lo más grande que tuvo la institución. Nos conocíamos a la perfección y teníamos el mismo sentimiento por River, recuerda con nostalgia el Mago.

 

En 1975, Beto saldría en busca de nuevos horizontes. Su destino fue el Olympique de Marsella, aunque la adaptación no fue fácil y, luego de algún tiempo, la idea de regresar a Argentina sonaba cada vez con más fuerza. “Es un lindo recuerdo. Fue un desafío y la oportunidad de pasear mi fútbol por otras partes del mundo”, recuerda Alonso con respecto a su paso por Francia, donde jugó apenas 17 partidos.

 

Debido al pedido popular y al visto bueno de los medios, César Luis Menotti tuvo que hacer a un lado sus dudas y convocarlo con miras al Mundial del ’78. El Beto arrancó como suplente, fue titular ante Brasil en Rosario y se lesionó, poniendo punto final a su sueño celeste y blanco. Sin embargo, Alonso logró cumplir el objetivo de coronarse campeón del mundo con la Selección Argentina: “Ocupa los primeros puestos de importancia en mi carrera, más aún habiéndolo ganado en nuestro país y en el Monumental”.

 

Debido a su mala relación con Alfredo Di Stéfano, el entonces entrenador de River, el jugador debió alejarse nuevamente de Núñez. Su nuevo destino fue Vélez Sarsfield, y fue con la camiseta del Fortín que le hizo un gol a River que él mismo catalogó como el más triste de su vida: “No lo grité porque tenía una angustia atravesada en la garganta. Como profesional tenía que hacerlo, pero la verdad es que me dolió muchísimo”.

 

Pero la vida de Alonso quedaría envuelta, una vez más, por la banda roja. Fue en ese retorno al club de sus amores que el Beto daría uno de sus mejores conciertos: River enfrentaba a Boca en la Bombonera y Alonso desplegó toda su magia para convertir los dos goles en el famoso día de la pelota naranja. “Fue el partido que más disfruté porque fue el día más feliz para todos los riverplatenses. Viví una tarde soñada”, recuerda sobre la hazaña que le permitió al Millonario dar la vuelta olímpica en la cancha de su eterno rival.

 

La carrera de Alonso estaba llegando a su fin, pero el desenlace debía estar a la altura de su trayectoria. Luego de consagrarse campeón del Metropolitano 85/86, River se impuso como el mejor del continente tras vencer al América de Cali y quedarse con la primera Copa Libertadores de su historia. Pero la leyenda tenía un último capítulo: el conjunto dirigido por Héctor Veira viajó a Japón en busca del título que le faltaba. El pase de gol a Alzamendi significó el campeonato del mundo, el único que tiene River, y eso es lo más valioso que hice en mi carrera, expresó el Beto sobre el partido en el que el Millonario venció 1-0 a Steaua de Bucarest y se alzó con la Copa Intercontinental.

 

Me siento una persona privilegiada por haberme formado en la institución más grande del mundo y por recibir tanto cariño del público”, dice quien llegó a ser uno de los más grandes ídolos de River. Y fue precisamente el hincha millonario quien sintió la necesidad de brindarle una última ovación dentro de la cancha y darle las gracias a aquel jugador que le había dado tantas alegrías.

 

Fue el único partido en el que me temblaron las piernas. Ver el estadio colmado cuando salí del túnel fue algo impresionante”, señaló Alonso evocando aquella tarde. River enfrentó a un combinado de estrellas y el encuentro culminó en un anecdótico 1-1 con tantos de Enzo Francescoli y Ramón Díaz. Y aunque el esperado gol del homenajeado nunca llegó, los aplausos y las lágrimas tuvieron un solo destinatario. “Si naciera de nuevo, quisiera que me pasaran las mismas cosas. Gracias a Dios que me tiró en River”, culminó el 10.

 

Artífice de jugadas increíbles, revolucionario del fútbol, tributo a la pelota, Norberto Alonso supo ganarse y atesorar la admiración de todos desde el verde césped. El 13 de junio de 1987 el Beto dijo adiós: No me quedó ningún sueño por cumplir. Logré todo lo que quiere un jugador y me retiré feliz. Su talento, su fútbol y su zurda mágica quedarán eternamente archivados en la memoria del hincha que no lo olvida.

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Reviví la despedida de Alonso en el Monumental.

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