Cultura • PRODUCCIÓN ESPECIAL

La mujer en la historieta argentina

Las dibujantes y las guionistas contemporáneas no sólo marcan tendencia en las redes sociales, sino que cuentan con un sello independiente fundado por representantes del género: publican fanzines autofinanciados e, incluso, formaron colectivos y organizaron festivales de cómics propios.

E. Álvarez, L. Andrada, M. Herrera y M. Lima Capitão // Miércoles 12 de diciembre de 2018 | 11:27

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Antologías de las dos primeras ediciones de la feria Vamos las pibas.   

Hace casi 200 años que las mujeres están vinculadas a la producción de historietas argentinas. Al principio, como personajes de viñetas guionadas y dibujadas por hombres, y como autoras, más abocadas al dibujo o a lo infantil. Algunas pioneras fueron Matilde Velaz Palacios y Laura Quinterno (Ada Lind); la dibujante Cecilia Palacio, quien publicaba en los ’50; la cocinera Blanca Cotta, que enseñaba sus recetas en viñetas en los ’40; y los dibujos de Idelba Dapueto y Martha Barnes durante la década del ’50. “Mujeres en las historietas hubo siempre y hubo muchas”, afirma Mariela Acevedo, licenciada en Comunicación Social, en "Pasado y presente de las creadoras de historietas", una investigación sobre el recorrido femenino en el cómic local.

 

Una de las recetas dibujadas de Blanca Cotta (Foto: www.blancacotta.blogspot.com)

 

A su presencia inicial como protagonistas se le puede atribuir cierta funcionalidad. “Vender un estilo de vida, atestiguar las aventuras de los muchachos y cumplir el rol de acompañantes y damiselas en apuros que toda aventura requiere”, explica Acevedo. A mediados del siglo XX, “evolucionaron” a heroínas fantaeróticas, un concepto acuñado por el historiador Román Gubern. Eran chicas fuertes que cargaban con el peso del relato, pero no importaba qué hacían o qué decían, siempre y cuando tuvieran curvas o llevaran poca ropa. Sin embargo, y al mismo tiempo, muchas autoras pioneras ganaban lugar en el medio. En los ’80, cuando apareció Maitena, ya la acompañaban “Patricia Breccia, Diana Raznovich, Ana von Rebeur, Alicia Guzmán (Petisuí) y Silvia Ubertalli”, según enumera la escritora Paulina Juszko en su libro El humor de las argentinas (2000).

 

www.maitena.com.ar
EPÍGRAFE: Las Mujeres alteradas y Superadas de Maitena.

Las "Mujeres alteradas" de Maitena.

 

No existen razones, al menos no válidas, para la invisibilización de las pocas historietistas del pasado, pero sí podemos profundizar en las contemporáneas. “Hoy ser tildada de feminista ya no parece ser un problema del que deban desmarcarse”, opina Acevedo. “Lo que se gana con la visibilidad creciente desde los espacios de difusión y la participación activa en el ambiente -no sólo para reivindicar a las autoras mujeres, que seguiríamos existiendo independientemente de la negación discursiva- es que finalmente se vea que la historieta es un ambiente diverso a nivel autoral”, explicó la historietista Paula Andrade en una entrevista brindada a la revista Kirk! en 2016.

 

Las autoras contemporáneas toman la palabra

Las chicas del sello independiente In bocca al lupo (Valeria Reinoso, Romina Fretes y Daniela Arias) cuentan cómo ingresaron al mundo del noveno arte. Todas coinciden en calificar como “una crisis terrible” el 2001, cuando comenzaron y tuvieron su primer acercamiento en una exposición de cómics. Habían llegado tarde a la convocatoria pero, al enterarse de que eran las únicas mujeres, enseguida aceptaron que participaran. "Nos dijeron: ‘Sí, por favor’", recuerdan. Las tres aseguran que el medio en sí mismo no es hostil. Ellas fueron “encontrándose” con personas que les daban lugar porque sentían que funcionaban en el cómic. “Nunca tomamos el rol como mujer establecido, impuesto. Entonces, tenemos otro trato”, aclara Arias.

 

 Fretes, Reinoso y Arias, de In bocca al lupo. (Foto: M. Lima Capitão).

 

Las editoras afirman que vivieron pocas situaciones violentas. Una de ellas fue la representación misógina de las mujeres en la revista Fierro, que generó el rechazo de muchas lectoras. Incluso comentan que había “muchos y muy buenos” personajes femeninos en historietas hechas por hombres, pero no había contenido producido por mujeres, lo cual era “desalentador”. Resaltan que ahora hay más editoriales, como Salamanca Comics, que “apuestan a editar pibas”. En referencia a la influencia del entorno, Reinoso dice: “Que jamás nos digan que no podemos. No nos importa. En efecto, logramos ocupar espacios donde nos descartaron cuando fuimos por primera vez y éramos las únicas minas. Fue fuerte ya que éramos las únicas”.

 

 

Nancy Knell, historietista y directora de Arte de la revista Intrépidas, relata que llegó a los cómics cuando Ángeles Estrada Vigil, quien fundó y dirige esta publicación, le dijo: “Vas a trabajar en una historieta”. A pesar de su propio boicot, aceptó. “Me lo planteé y dije que sí, con la condición de escribir sobre lo que quiero y en un tono adecuado”, detalla. Cuando comenzó a producir historietas, sintió “una gran responsabilidad” porque comprendió que sus trabajos iban a ser leídos por muchas personas. La representación es un tema fundamental para Knell: “Descubrí que las mujeres vivimos medio en soledad los procesos de los que no se habla tanto. Entonces, cuando una no se ve reflejada en el contenido cultural que consume, se siente sola, aislada, que es la única. Por lo tanto, para mí es súper importante dibujar, por ejemplo, nenas gordas”. Además, cree que ahora es más fácil la visibilización gracias a la autogestión, que permite dibujar, guionar y editar sin tener grandes gastos.

 

Ilustración de Knell para la revista Intrépidas

 

Colectivos, ferias y agrupaciones

La autogestión puede ser demasiado difícil, por eso las historietistas crearon varios colectivos y comunidades y dieron vida a ferias con múltiples objetivos: conocerse; contenerse; producir, difundir y compartir contenidos.

 

En 2017 surgió Vamos las pibas, un festival de historietas hechas por mujeres, no binaries y mujeres trans. Agustina Casot, una de las fundadoras, explica: “Al principio, la idea fue buscar algún espacio para mostrar autoras mujeres, lesbianas, trans y travestis que quisieran participar, con un contenido siempre LGBTQ+. Aspiramos al compañerismo y al respeto por la identidad de género de cada participante. En este ambiente, no suele haber discriminación. Hay buena onda”. La historietista Paula Viñas agrega: “Es una comunidad generosa en este sentido. En el Vamos las pibas, además, está la sororidad de las mujeres, muy bien manifestada”.

 

Edición Nº3 de Vamos las pibas. (Foto: Prensa de Vamos las pibas)

 

Entre esos colectivos también está Chicks on comics, integrado por nueve historietistas de Argentina, Colombia, Holanda, Singapur y Letonia. Una de sus integrantes, María Delia Lozupone, mejor conocida como Delius, cuenta que la convocó Powerpaola (Paola Andrea Gaviria Silguero) en 2008, cuando se creó. “Ya sabía de su trabajo y me gustaba mucho. Nos conocimos un poco antes de la formación del grupo”, dice, y considera como “muy bueno” el futuro de este conjunto. “Se llega lejos caminando un poquito todos los días. El asunto es no detenerse”, aconseja.

 

 Viñeta de Caro Chinaski para Chicks on comics. (Foto: Chicks on comics)

 

Durante la ola verde, cuando el Congreso aún debatía el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo finalmente rechazado por el Senado, nació el colectivo Línea peluda, de adhesión a nivel nacional, que difundió ilustraciones sobre el aborto, acordes a su definición: “Un grupo de mujeres y trans que dibujan en lucha por el aborto legal, seguro y gratuito”. Reinoso, editora de In bocca al lupo, apunta: “La historieta es una herramienta para mostrar el momento que estamos viviendo, y este colectivo dio mucha visibilidad a lo que estaba pasando”.

 

Daniela Arias, ilustradora que integra Ediciones In bocca al lupo, destaca: “Tenemos lugares donde nos sentimos acompañadas. Eso, para mí, es fundamental. También nos da recursos porque no todas somos iguales ni hacemos lo mismo. Hay chicas que saben cosas que otras no y, en grupos como Línea peluda se da mucho el ayudarse, el aconsejarse o el asesorarse en cosas que, quizá, una no tiene idea”.

 

Ilustración de @annicholson_ para Línea peluda.

 

En la misma línea, surgió Superheroínas por el aborto legal, “un grupo de historietistxs y dibujantxs que reclaman por el aborto legal, seguro y gratuito” que cruzó el pañuelo verde con personajes queridos de la cultura pop, como superheroínas de los cómics, el manga y el animé; dibujos animados de Cartoon Network, películas y videojuegos.

 

Campanita, una superheroína por el aborto legal, seguro y gratuito. (Foto: Emi Gauna)

 

Revistas, fanzines y otros medios de difusión

No solo irrumpieron colectivos y ferias por y para mujeres, sino también revistas, fanzines y libros que recolectan diversas autoras, como Pibas, del sello independiente In bocca al lupo. La revista Clítoris, fundada en 2010, tuvo siempre como objetivo “una intervención política para visibilizar y cuestionar el lugar de las mujeres como objeto y sujeto en las historietas”, según explica Acevedo en una ficha del blog Tebeosfera. Esta publicación postula una polifonía de voces para desestabilizar los estereotipos rígidos que encarcelan a las mujeres en representaciones obsoletas. Así, en la revista se reúnen mujeres que difieren en sus realidades desde lo geográfico, lo cultural y lo étnico hasta su identidad de género y su preferencia sexual.

 

Distintas tapas de la revista Clítoris

 

A siete años de la aparición de Clítoris, apareció Intrépidas, una revista que funciona como colectivo, actualmente integrado por 14 mujeres. Es un proyecto colaborativo, sostenido de forma autofinanciada. Intrépidas nació por iniciativa de su directora, Estrada Vigil, que no encontraba publicaciones para sus dos hijas que no tuvieran un marcado estereotipo de género y que abordaran temáticas interesantes. “Todo apuntaba a la princesa, el color rosa y ser una nena perfecta. No quería transmitirles eso, sino que les importe la ciencia, por ejemplo, y que sepan que pueden ser lo que quieran ser”, explica Knell, la directora de Arte de esta revista dirigida a chicas de 6 a 12 años. En definitiva, el propósito de Intrépidas es contribuir al crecimiento del interés de ese público lector en áreas que no suelen ser las tradicionalmente elegidas por las mujeres por prejuicios culturales, intereses impuestos y otras barreras.

 

Tapas de la revista Intrépidas

 

Los fanzines, que son revistas autogestionadas para fanáticos, abordan temas puntuales, como la música, los cómics, la ciencia ficción, la literatura, la política, la pornografía e, incluso, combinaciones de estos. Sin embargo, en el nicho de la historieta argentina, los fanzines fueron el medio primordial por el cual casi todos los autores empezaron su carrera en los ’90. Hoy son decenas las mujeres que sólo publican fanzines, debido a que no muchas editoriales se dedican a editar a jóvenes (tanto hombres como mujeres) y a difundir su trabajo de manera artesanal y autofinanciada.

 

Aunque parezca un proceso lento que, tal vez, no todos ven o no todos quieren ver, las mujeres ganan espacios e, incluso, crean sus propios lugares en la historieta argentina. Hay tantas que apelan al noveno arte para expresarse que resulta imposible que alguna se sienta sola. “Ser femininja es una forma de resistencia y mutación que sólo puede expresarse la deriva de relatos que no se estancan ni se consumen, por lo tanto no petrifican al feminismo, sino que le dan una dinámica como fuga de definiciones cristalizadoras, totalizantes”, escribió el periodista Diego Trerotola en una nota para el diario Página/12 en 2017. “Aprendí a no esperar que me den permiso o que me busque una revista o un editor. Lo hago. Si una está realmente convencida, le pone el cuerpo al proyecto y se la banca. Si no, no debía ser”, cierra Knell.

 

 

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