Cultura • Entrevista

“La lucha feminista es de una actualidad que pone los pelos de punta”

Publicable conversó con la investigadora María Laura Rosa sobre los cruces entre arte y feminismo y cómo las artistas argentinas han trabajado algunos de los conceptos que hoy son clave en la agenda del movimiento de mujeres.

Tatiana Beer // Miércoles 06 de junio de 2018 | 17:46

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Rosa es doctora en Arte Contemporáneo y docente e investigadora adjunta del CONICET por el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras.

María Laura Rosa, investigadora del CONICET e historiadora del arte feminista, vive entre libros, café y reuniones. Tiene una tesis de maestría titulada “Fuera de discurso: el arte feminista de la segunda ola en Buenos Aires”, de 622 páginas, que trata sobre el arte feminista en la historia argentina, omitido bruscamente a pesar de haber tenido repercusión. Sin embargo, Rosa no busca que su estudio sea incorporado al relato canónico del arte: “No quiero que mi trabajo sea un capítulo más, la excepción a la regla de los artistas hombres. Quiero que se inserte en una historia que incluya artistas mujeres, varones, de diferentes géneros, transexuales y travestis de distintas clases”.

 

-Es impresionante lo que contás en tu tesis sobre las denuncias de las artistas feministas, cómo se asemejan con las actuales. María Luisa Bemberg y la problemática de género, o la desmitificación del lesbianismo y la sangre menstrual de Ilse Fuskova. El relato de estas artistas no parece alejado de los temas que se plantean hoy.

-El feminismo fue la revolución más importante y sin solución hasta la actualidad, porque de las revoluciones que se dieron a partir de los años 60, muchas cuestiones quedaron apaciguadas o adaptadas por el propio sistema, pero la lucha feminista es constante y sus conceptos son de una actualidad que pone los pelos de punta. Hay cuestiones históricas del feminismo, como el aborto, un tema de lucha constante y silenciosa desde los años 70. La sangre menstrual también infería en esa época, porque se consideraba que la menstruación era algo sucio, inmundo, que había que disimular, aflorando mitos patriarcales históricos.

 

-¿Por qué las feministas en los años 60 y 70 no se sentían incluidas en los partidos políticos de izquierda?

-La izquierda se organizó históricamente en forma patriarcal, las mujeres que querían llevar el cuestionamiento del orden social de género eran rápidamente calladas. Para las feministas no había posible revolución social sin antes una revolución sexual; planteaban que las obreras tenían un trabajo fuera y otro dentro de la casa, es decir, el doble que los varones. Entonces formaron grupos políticos propios, como la Unión Feminista Argentina. Las artistas feministas soportaban una triple jornada: trabajaban en casa y afuera para poder pagar, entre otras cosas, su trabajo artístico, es decir su tercera responsabilidad.

 

-Durante la dictadura, las feministas se exiliaban o iniciaban un periodo de cautela. ¿Cómo logró el movimiento volver a reincorporarse luego de esa época?

-El movimiento no perdió fuerza, estuvo en silencio. Varias feministas se habían exiliado y otras se callaron. Se reincorpora cuando hacia el final del año 83 vuelven las exiliadas que habían estado en México, Suecia, España o Francia que, al haber estado con otros grupos de feministas, incorporaron una riqueza cultural y conceptos nuevos traídos del exterior, como el reclamo de derechos. La dictadura, en vez de hacer un daño brutal al feminismo, lo revitalizó: terminó siendo más numeroso.

 

-¿Por qué "Mitominas", obra que intentaba desmitificar a las mujeres, pasó de ser un éxito a ser olvidada, incluso haciendo que las autoras (Angélica Gorodischer, Liliana Maresca, Daniela Gutiérrez y Ebe Molinuevo, entre otras) lo quitaran de su currículos?

-"Mitominas" tuvo tres exposiciones, en el 86 y en el 88 en el Centro Cultural Recoleta, con más de 60 mil espectadores, y en el 90 en el parque Lezama, ya con menos espacio. Se omitió por cómo opera el discurso de la historia del arte: las artistas no ingresaron en la narrativa del arte argentino, que era y es muy tradicional. Estas exposiciones, muy subversivas y en el corazón de la institución, en una década y media desaparecieron, en el 2000 nadie se acordaba de ellas, y justamente por esta razón no servía que las autoras tuvieran la obra en sus currículos. Hubo una elección de los historiadores del arte argentino. Hay que dejar de usar el arte como herramienta de venta y al artista genio como leyenda que atrae público y, en cambio, ser más inclusivos en lo que hace a la historia del arte. 

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