Cultura • HISTORIA DE VIDA

"Era un libro predestinado, con una historia mágica"

La poeta venelozana Paola Soto habla sobre Mal abrigada, que escribió durante sus primeros meses en Buenos Aires, en pleno proceso de "conocimiento interno". Este domingo leerá sus textos junto a las españolas Elvira Sastre y Andrea Valbuena.

Valeria Casal // Sábado 28 de abril de 2018 | 18:06

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"Sigo sin entender cómo llegué a traducir el dolor", reflexiona Soto.

Paola Soto se crió en el pueblo de Puerto de la Cruz, rodeada de boleros, rancheras y tangos que combinó con clases de literatura en la escuela. Allí la profesora le "abrió las puertas a un mundo fascinante donde todo era posible”. La literatura comenzó a meterse en sus venas sin que ella lo notara.

 

Luego de estudiar periodismo, trabajó en prensa y revistas, que es lo que más le gusta en el área de escritura. Al tiempo combinó sus dos pasiones en el periodismo narrativo. Pero sintió que necesitaba salir de ese lugar. ¿Por qué Buenos Aires? Su pasión por la literatura latinoamericana y curiosidad la trajeron a esta ciudad en busca de conocimiento y de algo nuevo. “Siempre fallo la puntería, pero nunca con el instinto”, cuenta entre risas. 

 

Buenos Aires la recibió con un otoño invernal al que no estaba acostumbrada. Sin el abrigo suficiente, una amiga que ya vivía hacía varios años en la ciudad le dijo: “Qué mal abrigada estás”. A partir de ese momento la frase se convirtió en la respuesta a la pregunta de cómo se sentía, y con los meses en el título de su primer libro. 

 

 

"Mal abrigada es un libro predestinado, con una historia mágica”, cuenta la poeta de 26 años, quien a lo largo del texto mezcla una historia de amor fallida con la sensación de estar lejos de su casa y empezar de cero en un país distinto. “Me encontraba en un proceso de conocimiento interno. Uno nunca se conoce tan bien como cuando se tiene que ir lejos y sola de su casa”.

 

LA DISTANCIA COMO INSPIRACIÓN

La ciudad la “golpeó bastante en la cara”, pero no logró quitarle el encanto. Paola cree que todas las historias están contadas, todos sufrimos por amor o tuvimos que dejar un lugar, y por eso busca contar lo de siempre de una manera distinta. También se considera una persona “catastrófica”, lo que se refleja en textos donde el sufrimiento está muy presente.

 

Aquel primer invierno la encontró en una situación horrible: el desamor. Pero entendió que tenía todo para ser feliz y también lo importante que es darse el tiempo para estar mal.No hay que tapar el dolor con una mano, sino atravesar ese proceso y llegar a la transformación”. Entonces se propuso armar un calendario: el invierno sería su tiempo para estar mal. “Como atravesar un duelo es muy difícil, es importante saber cuándo se va a terminar para estar preparado”, cuenta.

 

"Uno nunca se conoce tan bien como cuando se tiene que ir lejos y sola de su casa”.

 

Fue allí que comenzó a escribir sobre cosas de la ciudad y lo que le sucedía. Recién en el poema número 40 pensó que podía ser un libro. Empezó a tomar “conciencia de lo de afuera y no sólo lo que le pasaba; viendo las cosas como son y no como quería verlas”. “Sigo sin entender cómo llegué a traducir ese dolor”, expresa antes de asegurar que no es la misma persona que escribió el poema 1 que la que escribió el número 56, el último. “Es un antes y un después. Ya no soy yo pero es parte de mí, un reflejo”.

 

Durante el proceso hubo largas horas de llanto, hasta que se cansó y se dijo a sí misma que era hora de "levantar las piedras del camino”. Es por eso que se ve un cambio en el libro: todo comienza siendo difícil, pero en el poema 33 - escrito para ella misma, diciéndose que la vida es mucho más que eso- se lee: “No te vayas a morir ahora, que sabemos que todo se arregla”. Ese fue el comienzo de su primavera: Cuando el frío se fue y comenzó a ver la vida de otra forma.

 

Cómo dice uno de sus poemas, sólo se estaba rompiendo para saber qué le pasaba por dentro: Una “autodestrucción necesaria”. Ahí entendió que no se iba a morir de amor, que iba a “rebotar e ir para arriba”. El Día de la Primavera fue su fecha límite de “autodolor” y terminó el libro.

 

Para ese entonces conoció a un grupo que organizaba un círculo de poesía. Una de sus compañeras le dijo que le mandara lo que tenía escrito. Resultó que era la organizadora del ciclo y parte de la editorial “Peces de Ciudad”. Fue así que en noviembre de 2016 publicó Mal abrigada, que en mayo de este año tendrá su tercera edición. Este domingo dará otro paso en su carrera: en el espacio Siranush recitará sus trabajos junto a sus colegas y amigas españolas Elvira Sastre y Andrea Valbuena.

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