Cultura • Ley & Arte

"El street art llegó para quedarse"

Buenos Aires es reconocida tanto por el Obelisco y Caminito como por su cultura, parte de la cual se acerca a las personas de la mano de músicos, graffiteros y malabaristas que se ganan la vida en subtes, avenidas y plazas a fuerza de pasión y talento. Diario Publicable habló con varios de ellos para saber qué lleva a un artista a mostrar su trabajo en la vía pública.

E. ARIS Y B. ARANEDA VARAS // Lunes 23 de julio de 2018 | 15:34

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"Infinito", de Christian Riffel, en las calles de Villa Devoto.

"Cada vez más y mejores artistas se suman a esta disciplina de culto para embellecer la ciudad con su sello personal", dijo Jorge Martorell, director de Art+People.

Más allá de su característica más obvia -la exposición en la vía pública- es necesario entender qué define el arte callejero. Christian Riffel, neomuralista desde hace 20 años, explica: "Lo que diferencia el arte callejero es que el entorno termina siendo parte de la obra, que a su vez va a terminar siendo parte del entorno. Eso, y la libertad que tiene el artista. La imprevisibilidad, el hecho de que todo puede pasar -se puede largar a llover, te puede correr un perro o la policía o te puede putear una vecina-, para el artista resulta más rico, más interesante".

 

Riffel no es el único que habla de libertad. "Sos tu propio jefe y no tenés horarios. Expresás tu arte de manera genuina ante cualquier tipo de público, ya sean jóvenes, gente de la tercera edad o niños", explica Juan Ciovini, percusionista oriundo de Tierra del Fuego.

 

 

Lucas Zambrano, curador de Arte Contemporáneo en el Salón Nacional del Palais de Glace, lo enfoca por otro lado: "Tal vez más interesante que definir qué es, es hablar sobre cómo se lo denomina. Es un movimiento que ha tenido un sinfín de nombres, justamente por no tener un fin claro. Arte callejero parece no ser más que arte que sucede en la calle, pero los artistas hacen uso de un espacio público con el fin de democratizar una expresión, acercándola a un lugar común, accesible para el público. Entonces tendría más sentido empezar a hablar de arte público".

 

¿Y por qué lo hacen? ¿Por qué la calle?, ¿sólo por la dificultad que muchas veces implica acceder a ámbitos más ortodoxos? Sebastián Pestana, venezolano que toca su guitarra en los subtes de Buenos Aires desde hace más de un año, dice que no, y coincide con Riffel en que "muchos artistas de estudio están saliendo a la calle porque así es más fácil llegar a la gente".

 

Por su parte, Ángel Camps, quien también canta en el subte, explica: "Antes trabajaba de empleado de comercio, pero no era feliz porque no hacía lo que amo. Renuncié, con la liquidación me compré los equipos y empecé a tocar en la calle. Tal vez ahora no tenga mucha plata, pero me siento bien conmigo mismo".

 

El Cordobés (como le gusta darse a conocer) canta en el subte desde hace dos años. De adolescente escuchaba a otros artistas cuando volvía de su trabajo y pensaba que él bien sería capaz de hacer lo mismo. Un día se animó, se subió a una formación de la línea D y no bajó más. Pasaron dos años y ahí sigue."Tenía un trabajo que no me gustaba y encontré en el subte una forma de poder vivir de lo que me apasiona: la música", cuenta.

 

Con mayor o menor seguridad, todos los artistas entrevistados aseguran poder vivir de su arte. Algunos han tenido problemas con vendedores ambulanntes, con el personal de Metrovías o con la policía, pero son casos excepcionales. En general, arte y calle conviven bien, en armonía.

 

Pero no todo es siempre color de rosa, eso es sabido. "Hay códigos que yo no conocía, toqué dos o tres veces en distintas plazas y tuve problemas con vendedores ambulantes", cuenta a modo de ejemplo Horacio Álvarez, un violinista español que llegó al país con otros objetivos pero que, al no obtener los resultados esperados, finalmente decidió probar suerte en el universo callejero. Y los "colegas" no son el único obstáculo; otro foco de conflicto pueden ser las autoridades: "Desde que cambió el Gobierno, varias veces me echaron. La última tuve la suerte de que la gente que me estaba escuchando saltó a defenderme, por lo que me pude ir tranquilo", afirma el español.

 

"Las autoridades responsables del espacio público se dedican a molestarnos: la calle es de todos y sin embargo a veces no nos dejan tocar", explica Ciovini, y añade que el Gobierno de la Ciudad quiere empezar a regular el arte callejero."No nos conviene porque quieren reducir el número de artistas en el subte a 100 personas cuando hoy somos más de 300". También argumenta que legalizar estas prácticas les va a "sacar" libertad laboral a cambio de beneficiarlos en nada, porque no por eso van a poder acceder a obra social, jubilación, etcétera.

 

A partir de que la Policía Metropolitana asumió la seguridad en los subtes, en el transcurso de dos meses ocurrieron 48 casos de violencia institucional. Es por esto que en junio de 2014 se creó el Frente de Artistas Ambulantes Organizados (FAAO). El colectivo reúne a muchos referentes de distintas disciplinas y creó el "Manual del artista ambulante", donde se explican los pasos a seguir ante la fuerza pública a fin de evitar un conflicto mayor. Dicho manual contiene, también, leyes y decretos actuales sobre lo que se puede hacer -y lo que no- en espacios y medios de transporte públicos.

 

Creciendo en número, unidos y al mismo tiempo divididos en cada vez más disciplinas, los artistas callejeros siguen firmes en su propósito de engrosar el históricamente rico bagaje cultural de Buenos Aires.

 


 

* Nota realizada con la colaboración de M. Abattista, J. Beros, D. Giovanetti, J. Grabia, A. Maza, J. Medina, M. Radicci, M. Sabattini y A. Valva. 

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