Cultura • Ley y Arte

El arte está PROhibido

Muchas de las políticas implementadas en la Ciudad de Buenos Aires durante la última década afectaron negativamente la realidad cotidiana de sus artistas callejeros.

3ºB TN // Miércoles 24 de octubre de 2018 | 18:45

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Matías Romano es pintor y asegura que "nunca tuvo apoyo del Estado". (Foto: Agustina Gorziglia)

"El discurso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires es raro. Por un lado, buscan promover la música en el subte con la colocación de pianos en estaciones y, por otro, siempre hay problemas a la hora de salir a laburar. Tengo compañeros a los que han querido sacar a toda costa”, cuenta Milena Bagdadi, saxofonista que trabaja en los subtes desde hace más de cinco años.

 

La Constitución de Buenos Aires establece claramente que la Ciudad debe distinguir y promover todas las actividades creadoras y garantizar la democracia cultural, además de asegurar la libre expresión artística y prohibir toda censura. Sin embargo, los artistas entrevistados por Publicable coincidieron en que no recibieron apoyo por parte del Estado, e incluso muchos han sido expulsados del subte por encontrarse realizando una actividad supuestamente "ilegal".

 

El fundamento de las fuerzas de seguridad para expulsar artistas que se encuentran en espacios públicos está comprendido en el artículo 82 del Código Contravencional de la Ciudad, que regula los ruidos molestos. Sin embargo, dado que el artículo no establece criterios fijos respecto de cuándo una actividad debe ser considerada ruido “molesto” o “perturbador”, esto queda a total criterio y discreción del oficial a cargo.

 

"El argumento principal es que estoy vagabundeando o pidiendo limosnas. Yo ofrezco un show, la gente si quiere colabora y si no, no. No estoy vendiendo una mentira”, explica Gastón León, músico de la línea A. Y agrega que la ley, en todo caso, debería hacerse cumplir para otras cuestiones, como por ejemplo contra los robos, que son frecuentes en este medio de transporte.

 

Maxi Gutiérrez, guitarrista y cantante en la línea H del Subte, comenta: "La única vez que me sacó la policía de un lugar, me lo pidieron bien. Me comentaron que los vecinos habían hecho denuncias telefónicas”.

 

Durante 2017 hubo diversos casos de censura y persecución de artistas callejeros. El 1° de abril, las cantantes Soledad Morel y Virginia Bordone fueron desalojadas de la línea H por la policía. La explicación dada por los agentes a las chicas fue que no tenían los permisos oficiales correspondientes. Otro caso similar ocurrió el 18 de julio del mismo año, cuando el malabarista Sayi Pifarré, que se encontraba en los semáforos de Lisandro de la Torre y Avenida Luro, sufrió una contravención de la policía. El joven fue arrestado bajo el argumento de que impedía el paso vehicular y por una ordenanza que el artista consideró inexistente.

 

Con respecto a la promoción del arte, la Constitución de la Ciudad expresa claramente que se debe impulsar la formación artística y artesanal e incentivar la actividad de los artistas nacionales. A pesar de que la normativa obliga al Gobierno de la Ciudad a utilizar recursos para fomentar estas disciplinas, muchos artistas callejeros afirman que nunca recibieron ayuda ni subsidios por parte del Estado.

 

La excepción es el muralista Cristian Kiki Herrera, quien ha tenido algunos proyectos con el Estado. Por ejemplo, a través del Gobierno de la Ciudad, le propusieron hacer un mural en homenaje a Soda Stereo y le brindaron apoyo logístico, recursos y “lo más importante, libertad de expresión. Otro artista que también recibió esta clase de apoyo es el músico Pal Mito, que forma parte de un frente de artistas callejeros en la zona oeste del conurbano y en la ciudad chilena de Valparaíso, donde organiza festivales.

 

A raíz de situaciones de inequidad es que surgió en 2014 el Frente de Artistas Ambulatorios Organizados, cuyo objetivo era organizarse en defensa del arte callejero. Sin embargo, actualmente no es posible encontrar información sobre el presente de la agrupación. También existieron proyectos de ley presentados en la Legislatura porteña que promovían la defensa de este espacio, pero perdieron estado parlamentario en los últimos años.

 

Todo ello denota la falta de interés por parte del Gobierno de la Ciudad en esta temática. Incluso, numerosas personas pertenecientes al rubro aseguraron que en los últimos dos años el subte se llenó de artistas. Esto coincide con la llegada de Cambiemos al gobierno nacional. Existe un colapso”, expresan los artistas sobre la "sobrepoblación" en el ámbito callejero. Una situación que, según apuntan, les dificulta conseguir un espacio en la calle, no solo por la competencia que sigue creciendo día tras día sino también -o fundamentalmente- por la ausencia del Estado, en todo sentido.

 

El español que encontró su vocación fuera de casa

Ricardo llegó a la Argentina en 2013 con su mujer y su hija de cuatro meses. Es un violinista español de 36 años que actualmente toca en los pasillos del subte.

 

En la línea H, mientras interpretaba un tema de la banda inglesa Keane. (Foto: Gustavo Coscarello)

 

La pareja decidió dejar su país debido a la gran crisis económica que estaban atravesando y a que su negocio ya no era rentable. Ricardo proviene de una familia de músicos y, si bien estudió desde niño, estaba alejado del mundo artístico. El músico encuentra este país "culturalmente parecido a España". Pero en ciertos aspectos sí nota la diferencia: “El tema de la inseguridad, el orden y la educación cívica son puntos que hay que mejorar en Argentina”.

 

Instalado en los pasillos de la estación Plaza Miserere de la línea A, que comunica con Once, de la H, el violinista comenta que recibe el apoyo de la gente y que hasta el momento nunca tuvo inconvenientes con la policía pero sí con algunos comerciantes antes de su desembarco en el transporte público: “No se si será por envidia o qué, pero me cambié de lugar y ya está, no hubo más problema”.

 

“Para mí la música significa un reconocimiento conmigo mismo, es un orgullo poder volver a la música, no me lo esperaba”, finaliza Ricardo, feliz de haber encontrado su vocación y una plena libertad para expresarse.

 

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