Cultura • Artistas & Estilos

"Para mí la palabra 'artista' es pecado"

Milu Correch es una joven muralista que, a pesar de su trabajo, no se considera una artista callejera. A unas cuadras de uno de sus muros, abrió las puertas de su casa a Diario Publicable.

C. Córica @Camicorica A. Ramírez @Adrissrca // Viernes 12 de octubre de 2018 | 16:33

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Como muralista, Correch busca no encasillarse en un estilo o tipo de obra definidos. 

-En una entrevista dijiste que la única persona que te gritó “andá a laburar” fue tu viejo. Con esto, ¿podemos comprender que recibís buenos comentarios de la gente en la calle, cuando te ve haciendo tu arte? ¿Cómo se toman tu trabajo tus afectos más cercanos? ¿Les gusta?

-El mural es una actividad bastante legítima en la calle y los vecinos, en general, siempre tienen una linda aceptación. Lo de mi viejo fue más bien en chiste, mis afectos me apoyan mucho en lo que hago.

 

-¿Dedicás un momento específico a los murales, o dejás que la inspiración te tome el tiempo que te tenga que llevar?

-Vivimos en un capitalismo, por lo que no puedo tomarme el tiempo que realmente quiero. Lamentablemente. Si fuese por mí, pintaría algo renacentista, o un muro gigante, en una estructura construida por mí, así me tomara como 10 años. Pero lamentablemente el tiempo de cada mural lo determina el tiempo capitalista.

 

-También comentaste que antes pintabas mujeres cantantes y que cuando te empezaron a reconocer puntualmente por eso, lo dejaste un poco de lado. ¿Cómo fuiste cambiando el estilo de tus murales y por qué?

-Empecé haciendo retratos, probando un poco eso. Después fui intentando cosas nuevas. En realidad, el problema de pintar murales es que la gente ve tus primeros pasos. Hubiese preferido hacer eso en mi casa y después pasarlo a un mural con la obra terminada. Esos trabajos viejos ya no los considero mi obra. 

 

-¿Quiénes son tus mayores inspiraciones o ejemplos a seguir en este rubro? 

-Lo de los muros es una cosa medio nueva, por lo que es difícil tener personas puntuales a seguir. En la pintura considero que hay mucha gente que da pura dedicación a su trabajo y tiene una relación honesta con su obra, más directa. Además me parece más importante apreciar los valores, ideas o pautas de otros, pero para mí no tienen nombre y apellido específicos.

 

-¿Notás que, con el paso del tiempo, tus diseños, motivos o técnicas fueron mutando? 

-Si, por suerte fueron mutando, fui cambiando algunas cosas y mejorando otras. No tengo mucha idea de cuántos murales llevo hechos; la verdad es que no llevo la cuenta, pero el número debe estar alrededor de los 40.

 

-¿En qué te basás para elegir un mural y la técnica que vas a implementar en él?

-Cómo elijo el mural varía según el muro, lo que quiera hacer, el lugar. Influyen un montón de factores. Siempre trato de variar las temáticas, trabajar nuevas series, intentar algo diferente, hacer cosas nuevas, otro producto. Mi técnica es siempre diseño, rodillo, pincel y cuadrícula. 

 

-¿Cómo fueron tus comienzos? 

-Empecé a pintar en la calle porque, en aquel tiempo, tenía un amigo que pintaba en el barrio y hacía una taller en el que te enseñaba a pasar un diseño de hoja A4 a metros cuadrados. Desde entonces, empecé a pintar sin parar. Mi obra maestra todavía no la pinté.

 

-¿Te considerás vos misma una artista callejera?

-No. Para mí considerarme artista sería pecado, no me considero artista ni con el adjetivo "callejera" detrás.

 

-¿Cómo es, para vos, ser mujer y muralista? ¿Notás alguna diferencia con los hombres que hacen el mismo trabajo que vos, ya sea en la calle, por contrataciones, o de otro modo?

-Ser mujer implica una diferencia en todos los ámbitos, hasta cuando vas al kiosco. Por eso pintar no es una excepción. No sé si son diferencias, son síntomas del sistema opresor

 

Milu Correch no pinta sólo en Buenos Aires: sus murales también visten paredes en Europa

 

-¿Cómo fue tu experiencia como muralista en España y Suecia? ¿Qué diferencias encontrás con la Argentina al momento de pintar los murales de la ciudad?

-Europa es completamente diferente. Para pintar en Suecia me mandaron un mail. Estuvo bueno porque los suecos hacen las cosas bien: te pagan a tiempo los honorarios, te ponen una grúa para pintar mejor, te dan un seguro, un hotel. Todo sin chistar. Acá no es así, allá son muy eficientes.

 

-Junto a los muralistas Mariano Antedoménico, Mariela Arjas y Marcos Bourdetta plasmaste creaciones en distintas provincias del país. ¿Cómo surgió la idea de acercar este estilo a otros puntos de la Argentina? 

-Con los chicos somos un grupo de amigos que queríamos pintar, pasarla bien y comer tortas fritas. La verdad es que salió bien, fue muy lindo. Con ellos aprendí esta disciplina y espero nos volvamos a encontrar haciendo algo así. 

 

-¿Qué proyectos tenés por delante?

-Tengo varios muros para hacer y quiero seguir viajando. Viajo entre dos y tres veces por año a Europa para hacer esto que amo. 

 

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