Cultura • Ley y Arte

Cuando la censura es ley, el grafiti es orden

Tres amigos se reunieron a pintar el muro del exterior de una casa en el barrio de Núñez. Con el consentimiento de la propietaria, los grafiteros demostraron un gran dominio del aerosol. Diario Publicable estuvo presente durante todo el proceso.

A. SUÁREZ BORACCHIA, F. MUIÑA, R. COSTA GARCÍA, J. STRAGÁ Y V. GONZÁLEZ ODDI // Jueves 18 de octubre de 2018 | 15:58

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La cortada de Víctor Pisarro y Correa funcionó como lienzo urbano para estos artistas callejeros. (Foto: Manuel Álvarez)

La tarde se aproxima a su fin en el barrio de Núñez cuando un grupo de grafiteros se reúnen en la Plaza Félix Lima. La misión del día es pintar el muro exterior de una casa ubicada en Víctor Pissarro y Correa, justo al lado de las vías del tren, un lugar perfecto para ranchar con los pibes. Serio, Leo y Elliot, miembros de diferentes crews, son muy jóvenes: tienen 22, 20 y 15 años.

 

El más grande de ellos, Serio, dirige la grafiteada. Los otros prestan atención a sus indicaciones. Fue Serio quien logró que pudieran usar, de manera legal, esa pared como lienzo. Una hora antes de reunirse con sus amigos, se atrevió a tocar el timbre de la misma casa a la que pertenecía el mural que habían pintado un año atrás. Ese que el Gobierno de la Ciudad, sin consultar a los propietarios, decidió borrar. La respuesta de la dueña, como la primera vez, fue positiva.

 

Mientras Serio va a buscar unas cervezas, los más jóvenes comienzan a bocetear: primero en un cuaderno; con la llegada del brebaje deciden dar los primeros trazos en el muro. El primero en hacerlo es Elliot, que se encuentra forjando sus primeras armas en el ambiente del grafiti. MSK son las tres letras que dibuja con su aerosol negro, correspondientes al nombre de su crew. Un gran espacio en el medio es apartado para ser pintado luego. Será el lugar de una gran cabeza de mono.

 

Empiezan a acercarse varios amigos y amigas de los artistas para pasar con ellos la tarde. Dibujadas por Serio, otras cinco letras hacen referencia a Corta, la crew de la cual forma parte desde los 15 años, cuando comenzó a pintar. La audaz propuesta del grafiti es dibujar la cabeza de un mono en forma de letra C, área en la que confluirán los tres artistas y sus estilos. “El mono lo hago porque hay un profesor en el colegio que nos calificaba de monos, de indios”, dice Leo.

 

 

Entre canciones de muchos estilos de rap, como Kase.O, mezclan pintura con látex para comenzar a rellenar las líneas ya marcadas. "Hacemos esto porque así resulta más barato. Tradicionalmente se utilizan las fat caps, las válvulas que más pintura liberan. Son prácticas para pintar de forma veloz para evitar ser visto”, explica Serio. Su vasta experiencia grafiteando subtes y trenes es el motivo por el cual tiene dos causas penales catalogadas como “Terrorismo grado tres.

  

 

Con el comienzo del crepúsculo, las sombres se hacen más oscuras. Los artistas comienzan a alejarse del diseño cada vez con más frecuencia, para poder apreciar mejor el laburo y pensar en el último tramo. La luz comienza a ser un problema. Solucionan el inconveniente gracias a la ayuda de su ranchada, que los alumbra con linternas mientras ellos agregan los detalles finales: brillo, burbujas, rayos y power line, el refuerzo de las líneas externas.

 

Al finalizar, Serio se acerca a la puerta de la casa intervenida en busca de la dueña, para mostrarle la obra terminada. La mujer y su marido no pueden ocultar su fascinación y agradecen a los grafiteros. “Espero que el Gobierno de la Ciudad no me lo borre de nuevo”, dice ella. Si el Estado hace algo ilegal, el grafiti pone las cosas en orden: vuelve a pintar.

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