Cultura • En mayo se celebró su quinto aniversario

Una sala con historia que supo reinventarse

Ubicado en el número 1857 del pasaje Santos Discépolo, El Picadero, la emblemática sede de Teatro Abierto, lleva más de cinco años de nueva vida, luego de su reinauguración en 2012. 

Martín Raschinsky @martinraschin // Jueves 31 de agosto de 2017 | 18:15

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Este teatro guarda entre sus paredes parte de la historia de la resistencia cultural a la dictadura. (Fotos: El Picadero)

Fue inaugurado en 1980. Antes había sido una fábrica de bujías y se hizo famoso cuando resultó elegido para albergar Teatro Abierto, un ciclo de obras dramáticas que involucraba a diferentes dramaturgos, directores y actores que proponían una resistencia a la dictadura que por aquel entonces gobernaba el país.

 

“Es loco. Uno se va acostumbrando, pero yo no tenía idea de lo que había sido este lugar hasta hace unos meses”, dice ahora Hernán Palacios, jefe de mantenimiento del Picadero. Y es que es impactante enterarse de cómo, luego de una semana de haberse instalado allí Teatro Abierto -espectáculo que comenzaba a las seis de la tarde-, un comando de las Fuerzas Armadas decidió arrojar bombas incendiarias como contestación al atrevimiento de tratar de mantener vivo el teatro independiente.

 

Beatriz Cypnik, una abogada que en su juventud transitaba diariamente por los alrededores del teatro para llegar a Tribunales, comenta el impacto que le generó el bombardeo: “Yendo al trabajo me encontré con un montón de personas mirando el edificio; estaba completamente negro y salía un olor espantoso de adentro”.

 

Luego, en el año 2000 el reconocido director de teatro Hugo Midón y el productor Lázaro Droznes realizaron una inversión para dar una nueva oportunidad a El Picadero. Pero la crisis económica de 2001 volvió imposible el sustento del espacio y se vieron obligados a cerrarlo ese mismo año.

 

Como sucede con muchos edificios históricos de la Ciudad de Buenos Aires, D’Buenos Aires Live and Work, una empresa constructora ubicada a tan solo una cuadra del teatro, echó el ojo sobre el desventurado Picadero. La firma compró el lugar e intentó destruirlo para poder levantar un edificio. Pero gracias a las protestas de la agrupación Basta de Demoler y la intervención de la Subsecretaría de Patrimonio del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la demolición fue detenida. Sólo una parte del interior del teatro había sido alcanzada por las máquinas.

 

Ernesto Lerner, apoderado de D’Buenos Aires, decidió luego de las reacciones financiar la reconstrucción del maltratado teatro. En 2011, una vez terminada la reforma, Lerner lo vendió a Sebastián Blutrach, productor teatral y actual director general del Picadero.

 

Blutrach está contento de poder anunciar que hay obras y actores de primer nivel: “El Picadero es un orgullo y creemos que hoy está en su auge, en parte gracias a las políticas de cultura de la Ciudad”. Afirma que con los tarifazos el panorama “se puso un poco complicado", pero enseguida destaca: "En el ambiente nos pudimos acompañar y hoy estamos de vuelta en marcha”.

 

Hoy en El Picadero se pueden ver actrices y actores de primer nivel, como María José Gabin y Luis Machín en "Idiota", o Soledad Bautista y Ricardo Larrama en "El loco y la camisa". También se encuentra la reversión de "Vivitos y coleando": "Vivitos y coleando 2", el musical infantil original de Hugo Midón, que murió en 2011. 

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