Cultura • Teatro

No me arrepiento de este amor

"Carne de Oriente" es un unipersonal sobre una fan que sigue a su ídolo por todo el país y encuentra consuelo en los oídos sordos de la vecina de la carpa de al lado.  

Gonzalo Riera // Martes 01 de agosto de 2017 | 15:20

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"Carne de Oriente" es un buen ejemplo del esfuerzo que hacen actores y directores en el circuito de teatro independiente para poner las obras en cartel. (Foto: Facebook)

“Gaseosa, agua, cerveza fría". Estas son las primeras palabras que se escuchan al entrar en la sala del teatro Nun. Una frase familiar para aquellos que han tenido la experiencia de ver el show en vivo de alguna banda. La interlocutora de este mensaje universal es Sara Estefanía Córdoba, quien encarna al denominador común de todo recital: la vendedora de gaseosas. A pesar de las pequeñas dimensiones del teatro, la escenografía amplía el contexto y da la impresión de estar situada en un descampado en los alrededores del estadio de alguna provincia. Simple, la escenografía consiste en nada más que una carpa, una reposera, una heladerita portátil y una pava para el mate.

 

La primera luz se enciende y a un costado de la escena aparece Omar Possemato, la máquina de sonidos, que con su guitarra y una voz dulce introduce los primeros rayos del sol matutino. La carpa se abre y Mirna (Graciana Urbani) sale para hacer el recorrido de quien se acaba de levantar. Se acerca al público y dice: “Hola amiga, ¿estás despierta?". Mirna es el único personaje en la escena. Ella conversa con alguien, una mujer en la carpa vecina que nunca le contesta, por lo que la charla se vuelve unilateral. Madre soltera y fanática de El Beto, recorre el país para seguir las giras de su ídolo. Su aspecto desprolijo se acopla a su soledad. El Beto la ayuda a alejarse de la realidad y sueña con que algún día su héroe se fije en ella. “Es una mujer que está sola, no espera que nadie le conteste. No tiene relación con su mamá ni con su hija, tampoco con la vida. Lo único que tiene es al Beto”, dice Urbani sobre su personaje y cuenta que para construirlo no solo se inspiró en videos de fanáticos de famosos reales sino que principalmente pensó a Mirna desde su soledad.

 

Este unipersonal de una hora, escrito por el dramaturgo Fernando Rodil, está dirigido por Jimena del Pozo Peñalva. “La obra habla sobre el fanatismo pero más que nada sobre la soledad de Mirna, que habla a alguien que nunca le va a contestar”, explica la directora. Sin embargo, a lo largo de la función no se sabe si la protagonista espera que su “amiga” le conteste o no. Da la impresión de que ni siquiera le importa tener respuesta sino que solo tiene la necesidad de descargarse sobre su triste vida. Es un personaje que, además de ser (tragi)cómico, por momentos produce angustia. “Si no me generara pena y fuera solo una parodia del fanatismo, sería un personaje más para la tele”, dice Del Pozo.

 

Mirna permite reflexionar sobre el fanatismo. “Muestra cómo se va perdiendo el eje. Le importa más de qué color va a ser la bandera que ir a ver al Beto”, resalta la directora.

 

“La verdad es que me hubiera gustado ensayar más esta obra”, reflexiona Del Pozo sobre el resultado del trabajo colectivo. Ninguno de los integrantes del elenco vive del teatro. Graciana Urbani, por ejemplo, es artista plástica y madre. Después de coordinar entre todos los involucrados, reservaron los lunes desde las 22 hasta la una de la madrugada para los ensayos. “La ensayamos poco pero por los tiempos que teníamos la estrenábamos o no la hacíamos nunca”, dice la directora, quien asegura que el teatro es un ensayo permanente. 

 

Carne de Oriente puede verse los domingos a las 17 en el teatro bar Nun (Juan Ramírez de Velasco 419). Las entradas cuestan 200 pesos, 170 para estudiantes y jubilados, y pueden reservarse a través de Alternativa Teatral

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