Cultura • ENTREVISTA

"Charly fue mi musa inspiradora"

Andy Cherniavsky es una de tres fotógrafas que prestan sus imágenes para la muestra "Los Ángeles de Charly", que se realiza hasta el 12 de agosto en el Palais de Glace. Sus inicios, el vínculo con el músico, las principales vivencias durante las giras en los '80, el paso al mundo de la moda y la publicidad y los cambios de la tecnología digital, en esta charla con Publicable.

Sil Guzmán Coraita @sildoublebass // Lunes 17 de julio de 2017 | 22:19

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Lizarazu, Charly, Lezano y Cherniavsky.

"Cubrí 365 shows. Era una vida muy cansadora. Ya no la hago más, pero la viví a pleno".

La cámara de Andy Cherniavsky capturó a todos los grandes del rock nacional de los '80, desde Los Abuelos de la Nada y Luis Alberto Spinetta hasta Soda Stereo y, claro, Charly García. Sus imágenes son ahora uno de los ejes de la muestra "Los Ángeles de Charly", que abrió la semana pasada y se podrá visitar hasta el 12 de agosto en el Palais de Glace. Se trata de un recorrido artístico por la vida del astro de la música nacional a través de imágenes tomadas por ella, Nora Lezano e Hilda Lizarazu. La idea de la muestra es, según Cherniavsky, "mostrar al Charly que vieron, o más bien, al que quisieron ver", y también una buena excusa para hablar con ella sobre su vida y obra.

 

-¿Cómo comenzaste con la fotografía?

-Estaba media perdida a los 18 años, haciendo ropa, y una amiga me invitó a un curso básico de tres meses de fotografía en el Congreso. Era una época analógica, y me enganché. Al poco tiempo ya estaba laburando en plazas sacando fotos a los nenes y yendo a las casas para vendérselas a las mamás. Nunca más hice un curso, fui autodidacta, estudiaba de revistas de fotografía que conseguía. El marido de mi mamá me regaló mi primera cámara, una Fuji K, y empecé a laburar, a meterme en el cuarto oscuro. Me convertí en un negativo o en un fotómetro. Después me pasé a otra cámara y fui introduciéndome en el mundo del rock. Me acuerdo que la primera tapa de disco que hice fue para León Gieco.

 

-¿Cómo llegaste al mundo del rock, a los recitales?

-Mi viejo, Daniel Cherniavsky, tenía un teatro. Trajo a Santana, laburó con todos. También dos café concerts, uno en Pinamar y otro en Villa Gesell. Ahí conocí a muchos personajes y me copé con Les Luthiers, Miguel Cantilo, Manal y Miguel Abuelo. Era la gloria. Pero todavía no lo relacionaba con la fotografía. Lo único que sabía era que me volvía loca todo eso. Luego, por esas cosas de la vida conocí a Charly García y empecé a seguirlo a todos lados, desde el principio de Sui Géneris hasta el final, en el Luna Park. Toda la vida.

 

-¿Hace cuánto tiempo que no lo ves?

-Un par de años. Fuimos como una dupla. La última vez fue para su cumpleaños en la quinta de Palito Ortega. Dejamos de frecuentarnos porque pasaron mil cosas. Yo fui mamá y era difícil seguirlo. Estaba un poco loco, me llamaba a las cinco de la mañana y yo tenía un bebé. Ya no podía hacerme cargo.

 

-¿Para qué te llamaba a la madrugada?

-Y... estaba un poco loco, un loco inteligente. Me contaba el tema que estaba componiendo. Yo lo quiero, fue mi musa inspiradora. El me regaló, a los 19, mi primer libro de Andy Lebowski. Me volví loca.

 

-¿Te acordás alguna anécdota de los '70 o los '80?

-Íbamos a todos los festivales de La Falda (Córdoba) en los micros de prensa. Una vez el periodista Enrique Syms armó una barra en la última fila. Esa vez había venido un periodista del Buenos Aires Herald que estaba siempre de traje, y también estaban Mario Pergolini, Ari Paluch y Marcelo Figueras. Empezamos a tomar y tomar, hicimos una parada y de repente vi al tipo del Herald debajo de una mesa, con las patas saliendo, casi muerto, y empiezo a pedir que lo ayuden, que lo suban al micro. Fue muy cómico. Después, cuando llegábamos a La Falda, el descontrol no paraba: de repente venía uno que gritaba “no pagaron el hotel, salgan corriendo”, y todos disparábamos por las ventanas, metiéndonos en los micros y rajando. Una vez fui en tren con Sumo y no me acuerdo nada, sólo que me reí mucho. Luca Prodán era un payaso.

 

-Qué épocas…
-Sí, los '80 fueron los años más divertidos de mi vida. Era muy libre, vivía sola. Todo era muy fuerte. Se vivía con adrenalina. Mi familia se había exiliado en Brasil por la dictadura. A mi viejo lo perseguían, había traído a Santana y a Mercedes Sosa. Estaban amenazados. A él le pusieron una bomba en la oficina. Ahí fue cuando todos decidieron irse, menos yo.

 

 Charly ante los ojos de Andy Cherniavsky

 

-¿Te quedaste a pesar de la dictadura?

-Sí, no sé si fue bueno o malo. Me quedé sin familia. Y así fue que me hice sola. No sé qué hubiera pasado si me iba. Ellos se fueron hace 45 años y no volvieron. Mi viejo tardó ocho años en venir de visita, siempre sintió que le cagaron la carrera. Trajo a mil artistas grosos e hizo cosas muy innovadoras, prohibidas en esa época.

 

-¿Cómo fue el salto del rock a la moda?

-Me encanta la moda, la publicidad. Era editora de G7, ahí hacía las tapas de famosos y creo que empecé a darle una identidad diferente a la revista. Después hice equipo con mis jefes de 20 años y presentamos la revista en Cannes. Viajábamos como podíamos, nos metíamos en fiestas para comer. Fue un período de diez años en el que editamos 8900 fotos, genial. La moda me encanta, soy mujer, me gusta determinar qué maquillaje o qué peinado hacerme. Hace poco empecé a darme cuenta que lo mejor que hice fue en los '80 y '90. Todo lo del rock va a permanecer siempre, es un pedazo de historia. Le saqué fotos a todo el mundo. Son documentos históricos de una época de una proliferación musical maravillosa, inteligente, reprimida, con gente y poetas únicos.

 

-¿Qué fotógrafos te inspiran?

-No tengo uno, me gustan todos. Hay uno que se llama Martin Par, con el que me identifico mucho, sobre todo en las fotos que hago para mí.

 

-¿Qué fotos hacés para vos?

-Son fotos muy bizarras (se ríe), no tienen nada que ver con lo que hago. No se las muestro a nadie salvo a mi hija. No las preparo, sólo las hago. En el rock había que estar, era difícil, era como cazar: tenía que estar con la cámara esperando la luz y la acción. Cubrí 365 shows. Era una vida muy cansadora. Ya no la hago más, pero la viví a pleno.

 

-¿Te costó el cambio de lo analógico a lo digital?

-Me costó mucho salir del rollo a lo digital. Pasé diez años en el cuarto oscuro. Me costó, pero creo que la fotografía digital está bien. No uso filtro, me gusta retocar, pensar el color que quiero, la luz que quiero. Con mi iluminador peleamos mucho, soy obsesiva, detallista, pienso el peinado, el color de labios de la modelo, en todo.

 

-¿Qué te parece Instagram?

-Lo uso poco, pero me gusta. Yo creo que no hay "una" fotografía, sino que es como la música: te puede gustar Bach y Sumo. 

 

-¿Qué foto te falta hacer?

-Después del rock, no tengo a nadie que me muera por fotografiar. Me gustaría sacarle a Cristina Fernández de Kirchner en un estudio y en blanco y negro, así como le hice a Ricardo Alfonsín, Carlos Menem, Madonna y Keith Richards, pero no es algo que me quite el sueño.

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