Cultura • Hito del periodismo argentino

(El) Humor (que) desafió a la dictadura

La revista Humor Registrado fue fundada un junio hace 39 años y contó con la participación de grandes plumas e ilustradores que encontraron en ella no sólo la posibilidad de traspasar y desafiar el régimen, sino también la de correr los límites éticos de la sátira.

T. Marchetta y T. Quadrini // Lunes 19 de junio de 2017 | 18:02

Resaltar resumen
      
Enviar a un compañero/a
   
Imprimir
nota
   
Agrandar
Texto
   
Reducir
Texto
La publicación de Cascioli aprovechó cada número para erosionar la imagen de la dictadura.

Los argentinos somos derechos y humanos” fue el slogan que la dictadura cívico-militar utilizó durante 1978 con el objetivo de legitimar su discurso e intentar combatir la "campaña antiargentina" proveniente del exterior. La estrategia se basaba en buscar “agresores internacionales” que desprestigiaban el país a través de "la subversión y el terrorismo”. 

 

Al calor de esta exaltación nacionalista, que se acentuó con la organización del Mundial de fútbol, surgió Humor Registrado,una publicación gráfica que marcó un quiebre en la monotonía cotidiana de los medios de comunicación masivos”, según el ensayo "La revista Humor frente a los límites éticos de la representación humorística", de la doctora en Ciencias Sociales Mara Burkat. Al operar desde los márgenes, la revista no sólo se encontró con la posibilidad de traspasar y desafiar el régimen sino que también “corrió” los límites éticos de la sátira.

 

La primera edición salió a la venta el 1 de junio de 1978 y vendió 22 mil de los 25 mil ejemplares impresos. Una caricatura que satirizaba los rasgos de César Menotti, DT de la Selección Argentina, y de José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía, ilustró la tapa. Su fundador, Andrés Tano Cascioli, había convocado un gran plantel de escritores, dibujantes, humoristas y periodistas. Roberto Fontanarrosa, Miguel Repiso, Jorge Meijide, Aquiles Fabregat y Carlos Ulanovsky, entre otros, participaron de este primer ejemplar. Mona Moncalvillo y Alejandro Dolina ingresaron unos números más adelante. Según el libro "Humor Registrado", del periodista Diego Igal, “para entrar a la revista el talento era la única carta de presentación”.

 

A lo largo de la dictadura, Humor aprovechó su condición periférica respecto del discurso militar para criticar al Gobierno de facto a través del doble sentido gráfico y narrativo, recurso de la satirización de la realidad y de la burla. Los chistes y las caricaturas reflejaron el repudio cultural, y eso le significó prohibiciones por parte del Comité de Censura Gráfica, un órgano no oficial encargado de “supervisar” el contenido de textos y películas en aquella época.

 

En la edición número 21, Humor publicó una doble página de caricaturas sobre el Holocausto y la bomba de Hiroshima que generó quejas masivas. Incluso la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) tildó a la revista de “antisemita” mediante un comunicado. La ola de críticas obligó a una explicación en el número siguiente: “El humor no debe tener barreras más que las morales y las estéticas. Tampoco debe ocultar las miserias, ni retroceder frente a temas ‘espinosos’. El humor es una crítica, constructiva como pocas”.

 

En ese sentido, el periodista Diego Igal sostiene que “la sátira periodística no debe tener un límite ético. "Sí hay determinadas situaciones con las que nadie busca meterse, como los desaparecidos, pero si se hace sátira sobre la dictadura, se entiende que es una forma de criticar a los militares. En el caso del Holocausto, se trató de interpelar al lector y decirle 'che, date cuenta de que esto está pasando acá también'", afirma.

 

No obstante, el verdadero punto de inflexión fue el número 97. En la tapa, el general Cristino Nicolaides perdía el equilibrio en una patineta con la Justicia -representada por una mujer con balanza y espada- que caía detrás de él. El título era "A la Justicia no le dan corte". La edición fue secuestrada por la dictadura con la siguiente excusa: “Es imposible que un general no domine una patineta. Se vulnera el respeto a la investidura de la Junta Militar”.

 

Lejos de intimidarse, en el número siguiente Humor puso en tapa la cuarta junta -formada por Nicolaides del Ejército, Rubén Franco de la Marina y Augusto Jorge Hughes de Aeronáutica- representada como los tres monos sabios sobre una rama que se parte. "Y nos decían que no había más secuestros" y "Prohibido hablar, mirar, escuchar" fueron los títulos que acompañaron la ilustración. Desde ese momento hasta la recuperación de la democracia, Humor aprovechó cada número para erosionar la imagen de la dictadura. Contaba con un gran consenso entre sus lectores: vendía cerca de 200 mil ejemplares por quincena.

 

El límite ético del humor político está trazado por la veracidad de los hechos que utiliza para construir un mensaje político”, consignó el diario ecuatoriano El Telégrafo en un editorial publicado el 5 de febrero de 2014. Entonces, “lo que la revista hizo, incluso si cruzó algún límite ético, fue válido -concluye Gabriel Cetkovich, magíster en Análisis del Discurso y profesor de Análisis de Medios en TEA- porque había que dar un discurso crítico al poder hegemónico de facto y, en verdad, Humor fue uno de los pocos medios que ‘denunció’ a los militares".

Enviando...
Comentarios
No se encontraron comentarios.

Facebook

Twitter