Cultura • 43° Feria del Libro

S.O.S al libro

La industria editorial denuncia una fuerte caída de la actividad producto de la situación económica y reclama medidas por parte del Estado.

R. Cano, M. Sabattini y M. Rosujovksy // Lunes 15 de mayo de 2017 | 15:34

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"A menor posibilidad de lectura, menores posibilidades de cultivarte internamente", coinciden los editores.

Luego del cruce que protagonizaron el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, y el presidente de la Fundación El libro, Martín Gremmelspacher, durante la inauguración de la 43° edición de la Feria del Libro, representantes de la industria editorial denunciaron la delicada situación que atraviesa el sector. En su discurso, Gremmelspacher había afirmado que la actividad está en “uno de sus momentos más delicados, lo que derivó en que Avelluto respondiera que “hemos pasado por dictaduras e hiperinflaciones”.

 

Las ventas disminuyeron de forma considerable. Las editoriales y librerías se vieron muy afectadas por los nuevos impuestos, cargas y el aumento de los costos”, señaló Graciela Rosenberg, presidenta de la Cámara Argentina del Libro (CAL), entidad que junto con la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAPLA) impulsó una campaña con el slogan “S.O.S, sin libros no hay futuro”.

 

Días antes de la inauguración de la Feria, a fines de abril, la CAL había difundido un informe que alertaba que la producción de libros se había reducido en 20 millones de ejemplares en comparación con 2016. “Hoy las personas están más preocupadas por el alquiler de la vivienda, por la comida o por los zapatos de los chicos. El libro pasa a ser un bien suntuario”, observó el gerente comercial de Ediciones Corregidor, Juan Manuel Pampín.

 

Los principales reclamos son políticas de promoción del libro y fortalecimiento de las bibliotecas escolares y públicas. “Necesitamos que se retomen las sendas de las compras, que eran algo importante para el sector porque pedían papel argentino, imprenta argentina y encuadernadora argentina”, dijo Pampín, y recordó que de esa forma “se creaba una cadena productiva que hacía que todos tengan trabajo”. Por su parte, Marcelo Cafiso, dueño de Editorial Nuestra América, alertó sobre el aumento de la cantidad de libros importados. “Los grandes grupos editoriales se dedican a importar y a vender a la mitad del precio que nosotros podemos poner”, dijo. 

 

Respecto al rol del Estado, Pampín afirmó: “Veníamos con un ayuda muy fuerte que terminaba generando una suerte de derrame, necesitamos volver a una senda de trabajo”. Las consecuencias de esta crisis, sin embargo, no son sólo económicas. En ese sentido, Rosenberg consideró que “a nivel sociedad, efectivamente termina habiendo un achique: a menor posibilidad de lectura, menores posibilidades de cultivarte internamente”.

 

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