Cultura • Diseño urbano

Cuando las paredes hablan

El arte callejero se ve en túneles, paredones, lugares públicos e incluso en casas particulares. Los muralistas coinciden en que la disciplina está en crecimiento y los jóvenes "más abiertos" a este nuevo lenguaje.

Evelyn De la Serna @evedelaserna // Martes 21 de febrero de 2017 | 18:03

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El trabajo de Martin Ron viste uno de los túneles ferroviarios de la Ciudad.

En Buenos Aires el arte callejero no es un detalle menor. Desde sus paredes hasta los vagones que la recorren son intervenidos por diferentes artistas. Este mundo no se limita a los conocidos “graffitis”, ya que quienes lo construyen se diferencian según las técnicas que utilizan. Los métodos van desde pinturas, aerosoles y stencils hasta collages de afiches en papel.

 

En Capital Federal está prohibido intervenir edificios públicos. Así lo afirma el artículo 80 del Anexo de la Ley N°1.472, en el que se lee que quien manche o ensucie bienes de propiedad pública o privada puede ser sancionado con una multa. Es por esto que la actividad roza lo ilegal y a quienes la practican se los suele acusar de vandalismo. Sin embargo, sí se permite pintar fachadas o muros con permiso de sus dueños. “El ritual consiste en identificar paredes deseosas de arte en diversos sitios dentro y fuera de la Ciudad, gestionar con los propietarios la acción y llevarla a cabo libremente”, cuenta el artista Guille Pachelo.

 

Pachelo forma parte de un grupo llamado BA PasteUp, que interviene las paredes de la vía pública, principalmente del barrio de Palermo, a través de una técnica de pegatinas y afiches llamada paste up. “Hay espacio para todos. La calle sigue siendo un territorio que se utiliza tanto para propaganda política y pautas publicitarias como para las manifestaciones artísticas”, explica uno de sus miembros, Rusty Deimos.

 

El Gobierno de la Ciudad impulsó a muralistas a plasmar sus obras en las paredes laterales de muchos edificios con el fin de fomentar el trabajo de artistas sobre grandes espacios. El Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA) busca abarcar toda la cuenca Matanza-Riachuelo a través de 14 líneas de acción. Alfredo El Pelado Segatori, artista plástico y docente de Aerosol Urbano en la Universidad de Buenos Aires (UBA), se unió a este proyecto y creó “El regreso de Quinquela", que con sus dos mil metros cuadrados se convirtió en el mural más grande del mundo. Ubicado en las calles Pedro de Mendoza y San Antonio, en el barrio porteño de Barracas, está compuesto por cuatro obras completas de Quinquela Martín realizadas con aerosol a mano alzada durante dos años. “Siento mucha alegría por el barrio, la gente y el apoyo recibido, no por la extensión en sí del mural”, expresa Segatori.

 

"El regreso de Quinquela Martín", en Barracas

 

Ale Gioggia es artista visual, licenciado en Museología y creador del Movimiento Petrushaus. Afirma que este nombre se refiere a la definición de movimiento (acción de mover o moverse) en su máxima expresión. Esta iniciativa está abierta a múltiples pensadores y promueve la participación directa e indirecta de todo aquel que se encuentra frente a una frase. “Busca ser la voz de un gran compromiso social, hacer reflexionar a la sociedad sobre temas y problemáticas que nos involucran a todos”, afirma. 

 

En esta misma línea se mueve la artista y actriz Adry Balboa, quien se inició pintando stencils y murales callejeros a raíz de querer “dejar su huella”. Tiene un mensaje claro y definido: “Mi fin es reflejar la conexión con uno mismo, con la naturaleza, el poder mirar hacia adentro para descubrirnos. Pinté con nenes de la calle que no sabían cómo hacerlo pero estaban dispuestos a aprender. Eso para mí es todo”, expresa.

 

 

Adry Balboa, en acción en Río de Janeiro

 

Hoy ella se dedica principalmente a pintar en eventos privados y casas particulares porque se siente "más cómoda" y, además, logra ganar dinero para vivir del oficio, detalle no menor en este mundo. Por su parte, Wendy Morel es una joven de 27 años que incursionó en el ambiente por “curiosidad” hace menos de un año. Explica: “No es tan fácil vivir por completo del arte cuando sos emergente, cuesta que la gente considere pagar lo justo por una obra. Pero decidí no tener otro trabajo y dedicarme de lleno a esto que es lo que más me gusta”.

 

El más establecido y con mayor experiencia es Segatori, quien demuestra que con mucha dedicación se puede vivir de este sueño. “Durante años tuve otras actividades laborales paralelas, pero hoy por suerte puedo trabajar de la realización de murales y acciones relacionadas con esta actividad que me apasiona. Me llevó muchísimo esfuerzo llegar a este punto”.

 

 Mural en Dorrego y Figueroa Alcorta realizado por Toia Greham

 

Los artistas dirigen sus obras principalmente a jóvenes, que son quienes suelen dar mayor importancia a la disciplina. Como expresa Segatori, “las nuevas generaciones ven con buenos ojos lo que tiene que ver con el arte en la Ciudad”. Wendy Morel coincide, y aconseja que "sean ante todo humildes, constantes y no dejen de buscar el mensaje que quieren difundir; en las pinturas tiene que haber un poco de su espíritu, una sin alma no dice nada”. Adry Balboa concluye que lo importante es soñar y seguir adelante, ya que este es un mundo que permite crear sin parar.

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