Cultura • Festivales

Había una vez un circo

El 24 y 27 de noviembre se llevó a cabo la segunda edición del Festival Internacional de Circo Independiente organizado por el pabellón de Guevara y la Cooperativa Cultural MIGRA. 

Catalina Roig // Jueves 01 de diciembre de 2016 | 15:11

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Acróbatas europeas y argentinas pusieron el cuerpo en el festival. 

Dirigido por la actriz y clown, Leticia Vetrano, el Festival Internacional de Circo Independiente reunió a compañías internacionales de Alemania, Bélgica, España y Argentina que brindaron seis espectáculos que combinaron humor, acción, performance física, imágenes audiovisuales, lenguaje corporal, acrobacias, plástica, texto, ritmo y silencio.

 

Llegadas desde Alemania, una acróbata alemana y otra argentina formaron el espectáculo Droop, de la Compagnie du Cordage, donde representaron a la relación entre dos mujeres, en un eterno ir y venir entre el odio y el amor. Altas en el techo, colgadas en medio de un atado de cuerdas, las dos mujeres miraban al público con expresión de miedo. Cuando la música empezó, comenzaron a subir y bajar de la tela, a través de distintos movimientos. Parecía que sus cuerpos era etéreos, livianos como plumas, por la forma en la que los levantaban en las sogas. Subían y bajaban, abrazadas o peleando por tres sogas dispuestas en el escenario. 

 

Después fue el turno de las protagonistas de Just a Ride, que pertenecen a La Bastarda Company, integrada por acróbatas alemanes y franceses. El escenario cambió, ya no había sogas colgando ni arneses, solo una mujer tirada en el piso con anteojos de sol, un micrófono y vestida de blanco y negro. Cuando todos estuvieron sentados, una mujer con un vestido blanco y medias rojas que había estado revoloteando alrededor del público comenzó un monólogo en tres idiomas: inglés, francés y español. Eran dos azafatas que intentaban calmar al público mientras ellas mismas enloquecían cada vez más. La obra finalizó con una de las azafatas en un “un vuelo burlesco y onírico”, como lo describen sus protagonistas, sobre una enorme hamaca mexicana azul, mientras la segunda se encargaba de todos los sonidos que daban vida al vuelo. 

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