Cultura • Ciudad de Buenos Aires

Clubes de lectura: un encuentro para compartir impresiones

Todos los lunes, un grupo de personas se reúne en el club de lectura de la Biblioteca Baldomero Fernández Moreno, en Chacarita.

A. Sosa y N. Barrionuevo // Viernes 03 de marzo de 2017 | 18:36

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Muchas bibliotecas de la ciudad de Buenos Aires organizan sus propios clubes de lectura. 

Cada biblioteca tiene algo en particular, sus libros, desde el más viejo hasta el más nuevo, sus actividades, sus colores, sus muebles y hasta las personas habitués. En el barrio de Chacarita, en una esquina de ventanales grandes con toldos de color verde que permiten que la luz del sol no entre por completo, está la Biblioteca Baldomero Fernández Moreno y entre historias, recuerdos, carteles que indican que está prohibido el uso del celular, estantes llenos de libros viejos y nuevos divididos en secciones y paredes descascaradas de color azul que reflejan sus años, se encuentra un grupo de cinco señoras y un hombre reunido en el medio del salón. Son los miembros del club de lectura de la biblioteca.

 

Arriba de las mesas hay una botella de plástico con agua y vasos descartables, cuadernos con anotaciones y libros. “Hoy estamos debatiendo a William Shakespeare, El Mercader de Venecia”, dice Concepción desde la punta de la mesa. Cada lunes a las cuatro de la tarde se reúnen, eligen autores célebres como Shakespeare, Borges, Cervantes, Neruda y Cortázar, entre otros, y leen sus obras en conjunto. Al mismo tiempo, todas con sus libros se reparten los personajes de la escena cuatro del “Mercader de Venecia” y van leyendo juntas.

 

Aurelia, de pelo rubio, algunas canas y los anteojos rojos en la mitad de la nariz hace el papel de Shylock, un usurero judío, y con una gran expresión interpreta su parte, remarca las risas que aparecen en el texto, inclina su cabeza de un lado a otro cada vez que lee y, al terminar, aclara que hace teatro. En la otra punta está sentado Patricio, alto y con un corte de pelo más desprolijo de un lado que de otro, la camisa rota, un saco a cuadros pequeños, el único que no tiene el libro pero cada vez que puede acota algo. Tiene un diccionario en donde se va fijando cada palabra que desconoce, y encima del libro unos anteojos con el marco roto pegados con cinta.

 

“Les traje caramelos de Córdoba”, dice Concepción e inclina un recipiente redondo y chico con caramelos que parecen piedras, “¡Ay! de Córdoba que lindo”, manifiesta Gloria, con su pelo color rojo ciruela, y anteojos bordó. Siempre interpreta el papel de la mujer en las escenas que van leyendo y se ríe de todo, pero inmediatamente Aurelia las hace volver a la lectura y pide que sigan leyendo sin distraer. 

 

Alrededor de este club de lectura una chica prepara un parcial con libros de medicina tomados de la biblioteca, un hombre de cabello blanco en la nuca y pelada en la corona lee un texto de Borges -cada tanto se tira arriba de la mesa como durmiendo- y cuando Patricio observa eso, le dice de mesa a mesa “Borges, el mejor de los tiempos” y el hombre lo mira, asiente con la cabeza y continúa su lectura.

 

En la otra punta, un chico intenta estudiar con su computadora y varios libros, mientras que las señoras leen en voz alta y discuten sobre la obra de Shakespeare. El chico cada tanto las mira como pidiéndoles un poco de silencio, aunque en el horario del club es imposible la lectura silenciosa. 

 

El club sigue debatiendo las escenas, empiezan a comparar a los personajes y hablan de ellos como si fuesen personas reales que conocieran de toda la vida. Continúan y comienzan a relacionar la lectura con la realidad y con otros libros que leyeron anteriormente como “Hamlet”. Al finalizar cada lectura, si esa obra tiene película la ven todos juntos e invitan a todos los que se acercan, como lo hicieron con la otra obra de Shakespeare “Hamlet”.

 

Concepción, la que más participación tiene, analiza cada escena e indica cómo hacer las cosas a todos los integrantes. Está hace muy poco tiempo en el club, aunque al principio cualquiera piensa que es la fundadora. Como todos tienen diferentes versiones del texto, comparten lo que dice cada una y comparan traducciones y ediciones. Después de debatir, leer, analizar, se organizan para avanzar con la lectura en sus casas para retomar el lunes siguiente.

 

En todas las bibliotecas existen estos club de lectura, en diferentes días y horarios en el que cualquiera puede ir a participar. Esta lectura comunitaria los hace salir de su intimidad como lectores y los ayuda a entender quién está detrás de lo que uno lee. Disfrutan la presencia de alguien nuevo, que los vaya a escuchar, porque se pueden concentrar más y volver a interesar en el tema. Cada vez que comienzan a leer se genera un ambiente diferente, los oídos atentos y todos listos para anotar cada cosa que les llame la atención.

 

 

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