Cultura • EL IDOLATRADO HOMBRE MUERTO

Borges recibe el Premio Cervantes

Contrariados por la postura ideológica del escritor, los suecos nunca lo galardonaron con el Premio Nobel. España, en cambio, decidió honrarlo con uno de los reconocimientos más importantes de la lengua castellana en 1979, en plena dictadura de la Argentina.

M. Flores, L. Gómez, L. Giglio, S. Testino y F. Flossdorf // Jueves 26 de mayo de 2016 | 19:41

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Jorge Luis Borges calificó la entrega del Cervantes como una “generosa equivocación”.

Jorge Luis Borges calificó de “generosa equivocación que acepto con impudicia”, a la concesión del Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes en 1979 por parte del Ministerio de Cultura de España. Pero como si le fuera esquivo, la entrega fue ex aequo (por igual) con el poeta español Gerardo Diego. En esa edición, la cuantía del premio pasó de cinco a diez millones de pesetas. “Es una espléndida noticia darme un premio tan importante a mí, a un argentino. Estoy emocionado y atónito”, dijo Borges al enterarse de que Dámaso Alonso, director de la Real Academia, había sido miembro del jurado y uno de los más acérrimos defensores de su candidatura.

 

El autor de “Ficciones” también se refirió a Gerardo Diego y opinó sobre la concesión del premio y su trayectoria. “El poeta español sí que merece ampliamente este premio porque es un gran poeta, pero en mi caso se trata de una injusticia, que de cualquier manera acepto”. Al recibir la noticia además comentó: “Quiero suponer que la política no ha tenido nada que ver con la concesión de este premio. Yo fui partidario de la República, antes y después de la Guerra Civil Española. Después pensé que (Francisco) Franco tenía razón, después de todo: la política, en fin”. Y con su habitual cuota de humor remató: “¿Seguro que no es una broma? ¿No estaremos hoy en el Día de Inocentes? Ahora que voy a ser rico gracias a estos millones de pesetas podré comprarme por fin el Espasa”.

 

EL DISCURSO EN LA CEREMONIA DE ENTREGA

 

Majestades, señoras y señores:

 

El destino del escritor es extraño, salvo que todos los destinos lo son; el destino del escritor es cursar el común de las virtudes humanas, las agonías, las luces; sentir intensamente cada instante de su vida y, como quería Wolser, ser no sólo actor, sino espectador de su vida. También tiene que recordar el pasado, tiene que leer a los clásicos, ya que lo que un hombre puede hacer no es nada, podemos simplemente modificar muy levemente la tradición; el lenguaje es nuestra tradición. 

 

El escritor tiene una desventaja: el hecho de tener que operar con palabras, y las palabras, según se sabe, son una materia deleznable. Las palabras, como Horacio no ignoraba, cambian de connotación emocional, de sentido; pero el escritor tiene que resignarse a este manejo, el escritor tiene que sentir, luego soñar, luego dejar que le lleguen las fábulas; conviene que el escritor no intervenga demasiado en su obra, debe ser pasivo, debe ser hospitalario con lo que le llega y debe trabajar esa materia de los sueños, debe escribir y publicar, como decía Alfonso Reyes, para no pasarse la vida corrigiendo los borradores, y así trabaja durante años y se siente solo, vivo en una suerte de sueñosismo; pero si los astros son favorables -uso deliberadamente las metáforas astrológicas, aunque detesto la astrología, llega un momento en el cual descubre que no está solo. 

 

En ese momento que le ha llegado, que le llega ahora, descubre que está en el centro de un vasto círculo de amigos, conocidos y desconocidos, de gente que ha leído su obra y que la ha enriquecido, y en ese momento él siente que su vida ha sido justificada. Yo ahora me siento más que justificado, me llega este premio, que lleva el nombre, el máximo nombre de Miguel de Cervantes, y recuerdo la primera vez que leí el Quijote, allá por los años 1908 ó 1907, y creo que sentí, aún entonces, el hecho de que, a pesar del título engañoso, el héroe no es don Quijote, el héroe es aquel hidalgo manchego, o señor provinciano que diríamos ahora, que a fuerza de leer la materia de Bretaña, la materia de Francia, la materia de Roma la Grande, quiere ser un paladín, quiere ser un Amadís de Gaula, por ejemplo, o Palmerín o quien fuera, ese hidalgo que se impone esa tarea que algunas veces consigue: ser don Quijote, y que al final comprueba que no lo es; al final vuelve a ser Alonso Quijano, es decir, que hay realmente ese protagonista que suele olvidarse, este Alonso Quijano.

 

Quiero decir también que me siento muy conmovido, tenía preparadas muchas frases que no puedo recordar ahora, pero hay algo que no quiero olvidar, y es esto: me conmueve mucho el hecho de recibir este honor en manos de un Rey, ya que un Rey, como un poeta, recibe un destino, acepta un destino y cumple un destino y no lo busca, es decir, se trata de algo fatal, hermosamente fatal, no sé cómo decir mi gratitud, solamente puedo decir mi innumerable agradecimiento a todos ustedes. Muchas gracias.

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