Cultura • EL IDOLATRADO HOMBRE MUERTO

Medio siglo de amistad

Según algunos biógrafos, Borges tuvo un solo amigo, el escritor Adolfo Bioy Casares. Juntos escribieron algunas obras con seudónimo y cultivaron un vínculo de más de cincuenta años. Inteligentes y divertidos, supieron reírse del mundo literario y sus personajes con ironía y complicidad.

C. Nievas, F. Pagano, C. Vázquez, Z. Polaco y M. Fernández // Jueves 26 de mayo de 2016 | 19:38

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La amistad entre Borges y Bioy terminó con la muerte del primero en 1986.

La amistad con Bioy Casares sólo me ha despertado una felicidad sin sobresaltos, persistente”, dijo una vez Jorge Luis Borges sobre su colega. Ambos mantuvieron una amistad de más de cincuenta años que comenzó en una cena en la casa de Victoria Ocampo en 1932, se nutrió con el nacimiento de Honorio Bustos Domecq y no terminó sino con la muerte de Borges en 1986.

 

Los dos escritores formaban parte de una élite literaria cuyo punto de referencia era la revista y editorial Sur, fundada por Victoria Ocampo, hermana de Silvina, también escritora y esposa de Bioy. Como bien se sabía en el círculo literario, Bioy era un seductor empedernido y tuvo muchas amantes.

 

Algunos intuyen que Borges, menos afortunado en ese aspecto, lo admiraba. Uno de los pilares más importantes de esa amistad era la burla. “Admiré siempre, sobre todo, su capacidad para burlarse con cortesía”, comentó Borges sobre Bioy. Esa complicidad casi infantil fue una constante en su relación.

 

En las cenas que compartían todas las noches en el departamento de Bioy y Silvina llamaban “idiota” a Thomas Mann, “vulgar” a Ernesto Sábato o “amateur” a Shakespeare. Pero cuando el autor de “Ficciones” afirmaba que con Bioy le gustaba jugar, no se refería sólo a cenar juntos y dar rienda suelta a sus críticas. Bustos Domecq, el más conocido de los seudónimos que utilizaban para escribir juntos, cuenta con una bibliografía bastante extensa para un autor ficticio, que incluye desde cuentos hasta una corta biografía del autor bajo el nombre de una autora también inventada, en la que le dieron una historia de vida a ese nombre.

 

La escena que dio comienzo a esa dupla literaria parece inventada en secreto como parte de una broma privada. Bioy le pidió ayuda a Borges con un folleto sobre la leche cuajada y el yogur, oferta que fue aceptada por los problemas económicos que Borges enfrentaba en ese momento. Este texto publicitario, muy lejos del prestigio literario con el que se asocia a estos dos autores, fue el germen de ese autor ficticio bajo cuyo nombre escribían juntos.

 

Sobre esa bizarra colaboración, Bioy Casares dijo: “Con la monografía del yogur nos sacamos de encima nuestra manera tan insufrible de escribir. Insufrible por lo pomposa”. Tanto él como Borges comentaron la experiencia de aprendizaje que fue escribir juntos, y cómo podían dejar de lado la seriedad e incluir bromas que, al mejor estilo borgeano, no todos captaban.

 

Esta amistad se mantuvo durante 56 años. Según el poeta y ensayista Roberto Alifano, Borges llamó a Bioy desde Ginebra dos días antes de morir para despedirse. Otros coinciden en que Bioy fue el único amigo del autor de “El Aleph”. Lo cierto es que esta relación ha nutrido buena parte de la obra de los dos escritores y es todavía un tema abordado en ensayos, artículos y libros biográficos de estos maestros de la literatura.

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