Cultura • ENTREVISTA

Kodama: "Hoy Borges es rock"

A 30 años de la muerte del escritor, Diario Publicable entrevistó a su viuda, quien a través de la fundación que dirige, intenta acercar la obra de Borges a los más jóvenes para incentivarlos a pensar.

V. Herraz, S. de Inza, E. Rodíguez y N. Antiporovich // Miércoles 11 de mayo de 2016 | 15:44

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María Kodama es escritora y traductora, y fue la última compañera de Borges, con quien contrajo matrimonio en abril de 1986, meses antes de que él falleciera.

"La obra de Borges ha despertado el interés de científicos, matemáticos y personas ligadas con la neurociencia, que la decodificaron desde la perspectiva de sus estudios", asegura Kodama.

¿Cómo no pensar, cuando esta mujer atiende el teléfono, que si hace 30 años que murió Borges, hace 30 años que ella lo extraña? ¿Cómo no pensar, tras el saludo suave, en todo lo que María Kodama ha hecho esos años?

 

La viuda de Borges ha organizado ciclos y exposiciones con el fin de mostrar las caras más sorprendentes del mayor escritor argentino. Su último trabajo es el libro "Borges 1986-2016”, que ya está terminado, aunque ella prefiere no mostrarlo hasta 2017 y no habla del contenido para que sea una sorpresa y se distinga de las celebraciones por los 30 años de la muerte del escritor.

 

Desde la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, que dirige, Kodama reflexiona sobre la actualidad de Borges y cómo se encuentra al autor en los escritos de los jóvenes estudiantes del nivel secundario.

 

-¿Dónde podemos encontrar a Jorge Luis Borges hoy?

-Los chicos de Cuentos Borgeanos son amorosos y vinieron a verme para contarme que querían usar ese nombre para su banda. ¡Y cómo decirles que no, si a Borges le encantaba el rock! Y hoy podés encontrar su obra en la juventud que lo rescata y lo difunde. Hoy Borges es rock.

 

-¿Cómo apuesta la Fundación a que los jóvenes interactúen con Borges?

-Desde hace veinte años tenemos el concurso de escritura de haikus y este año vamos a instaurar el premio Jorge Luis Borges para estudiantes secundarios, en homenaje a los 30 años de su partida.

Los haikus que mandaban chicos de 13 y 17 años eran realmente buenísimos y, cuando se cumplieron diez años del concurso, la Editorial Planeta los publicó. En mi opinión, esa es una manera de abrir una posibilidad distinta, en este momento especial de la vida en el que todo tiende a banalizarse. Una posibilidad de reflexión, de que los chicos trabajen la imaginación.

 

-¿Considera que, en la actualidad, hay una urgencia por reducir el conocimiento, aprender sólo lo práctico y perderse esa magia de los más chicos, para quienes cada cosa nueva es un universo?

-Sí, exactamente. Necesitamos descubrir universos. Pero además es necesario reconocer que cada escrito de literatura fantástica que un niño haya leído en su infancia puede transformarse en una realización. En su momento, ir a la luna era un cuento fantástico pero hace mucho ya que es una realidad. De modo similar, la obra de Borges ha despertado el interés de científicos, matemáticos y personas ligadas con la neurociencia, que la decodificaron desde la perspectiva de sus estudios.

 

-¿Es un objetivo de la Fundación difundir a Jorge Luis Borges entre las nuevas generaciones?

-Claro, diseminar la lectura y su conocimiento, así como las múltiples lecturas que él mismo propone de sus obras. Sobre todo, hacerlos pensar.

 

-¿Cómo es posible hacer crecer ese amor tanto tiempo después? ¿Usted estuvo tan enamorada del hombre como lo está de su obra?

-Ese es el “milagro secreto”; para amar se necesitan dos personas y en este caso soy yo, con todo el amor que tengo, quien sigue adelante. Hay cosas que no se pueden explicar racionalmente. Por ejemplo, yo tenía 10 años cuando llegó a mis manos un ejemplar de una revista que debía ser Sur. La abrí y leí: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Y dije "¿Qué es esto?". Lo leí sin entender una palabra porque era una criatura. Aún hoy, para mí el mejor texto de Borges es "Las ruinas circulares". Él escribió ese cuento en su casa de la calle Anchorena, ubicada en el lote vecino del que hoy alberga a la Fundación. Borges les contó a Victoria Ocampo que había escrito ese cuento en esa casa y le dijo: "Nunca antes o después pude volver a escribir un cuento con tal intensidad". Esa intensidad me llegó aun siendo pequeña, porque lo que sentí fue una intensidad que no entendía pero que me acompañó para siempre.

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