Cultura • Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

"Antes, sólo podía comprar azucenas para llorarla"

Se presentó el libro “Biografía de Azucena Villaflor”, del escritor argentino Enrique Arrosagaray. La publicación recupera la historia de esta luchadora incansable, creadora del movimiento Madres de Plaza de Mayo, secuestrada en 1977, torturada y arrojada al mar en un vuelo de la muerte.

Myrna Cappiello @Myrna_Cappiello // Jueves 28 de agosto de 2014 | 20:10

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Enrique Arrosagaray, autor de la biografía de Azucena Villaflor, rodeado por Cecilia De Vincenti -hija de Azucena-, la periodista Lila Pastoriza y Martha Vázquez, de Madres de Plaza de mayo, Línea Fundadora.

"El sentido de la memoria es hacer que esta gente esté viva, y es imposible imaginar el presente actual sin esta historia”, reflexionó Pastoriza.

“La noche anterior, mi mamá tenía los ojos vidriosos, tristes, estaba rara, alerta. Se habían llevado a dos madres. Esa mañana se levantó, golpeó la puerta de mi cuarto y me saludó. Esa fue la última vez que la vi. Se fue a comprar el diario y no volvió nunca más, expresó, quebrada de emoción, Cecilia De Vincenti -hija de Azucena Villaflor De Vincenti-, el sábado por la tarde, en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

 

Allí, en el mismo predio donde su madre estuvo secuestrada, donde ahora funciona el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), se presentó el libro “Biografía de Azucena Villaflor, creadora del movimiento Madres de Plaza de Mayo”, del escritor argentino Enrique Arrosagaray.

 

La sala escuchó en silencio. Las fotos en las paredes ilustraban la historia viva: las primeras Madres en la Plaza, los pañuelos blancos. En la mesa se encontraban también Martha Vázquez (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Lila Pastoriza (periodista, ex detenida en la ESMA) y el autor del libro, que se reedita por cuarta vez. La primera versión, que vio la luz en 1997, en pleno neoliberalismo, fue una “edición de autor”, ya que las editoriales no tuvieron interés en publicarlo.

 

“Pude saber qué había pasado con mi mamá, cerrar ese agujero negro; ya no es una NN, vi sus huesos. Ahora cuando la necesito sé dónde está. Antes sólo podía comprar azucenas para recordarla cuando la quería llorar, confesó De Vincenti, antes de los aplausos de los oyentes emocionados. Las cenizas de Azucena Villaflor fueron enterradas a los pies de la Pirámide de Mayo, el 8 de diciembre de 2005, al término de la 25° Marcha de Resistencia de las Madres.

 

Gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fueron descubiertos en el cementerio de General Lavalle los cuerpos de Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco (las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo), las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, y los activistas de derechos humanos Ángela Auad, Remo Berardo, Horacio Elbert, José Julio Fondevilla, Eduardo Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo. Secuestrados en 1977, tras la infiltración de Alfredo Astiz en los grupos de familiares que se reunían en la Iglesia de Santa Cruz, en San Cristobal-, fueron torturados en la ESMA y arrojados al mar en un vuelo de la muerte.

 

Con el pañuelo blanco sobre su fino pelo cobrizo, Martha Vázquez preguntó: “¿Dónde están nuestros hijos? ¿Quién dio la orden? ¿Quién la ejecutó? ¿Cuál fue su destino final? “No lo sabemos aún. Hay un silencio enorme. Ellos se están muriendo, nosotras también. Hubiéramos querido irnos en paz, con la verdad, pero muchas no lo hemos conseguido, se lamentó. “Hoy pasaron 38 años y sigo sin saber nada de mi hija y su marido, sólo que están en el fondo del mar.”

 

En el encuentro, Vázquez también rememoró el momento en que conoció a Villaflor, en mayo de 1977, unos 20 días después de haber empezado a ir a la Plaza. Recordó que ella siempre les decía: “Si las quieren detener, se tiran al suelo y gritan su nombre completo. Si a mí me pasa algo, ustedes sigan. Ella siguió.

 

La periodista Lila Pastoriza reconstruyó el momento en el que pudo conversar con la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, sin saber aún quién era. “Yo estaba detenida en el altillo de la ESMA, cuando vi que habían traído a un grupo de gente. Muchos no eran jóvenes, cosa poco habitual. Pude hablar con algunos de ellos; después supe que conversé con la monja Leonie Douquet; también con Azucena. Ella me dijo: ’No me van a sacar nada, no tengo nada que perder, estoy buscando a mis hijos’. Al día siguiente se la llevaron y volvió con marcas de tortura en los brazos. Luego los trasladaron a todos”, recordó.

 

Para finalizar la presentación, el autor dirigió unas palabras al público y contó cómo fue la investigación que dio origen a esta publicación. “El destino está en nuestras manos. Nosotros somos lo que hacemos”, concluyó. Las palabras Pastoriza contribuyeron para poner en valor la obra de Arrosagaray: “El sentido de la memoria es hacer que esta gente esté viva, y es imposible imaginar el presente actual sin esta historia.

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